Hay ocasiones en las que uno se siente parte de algo especial. Días en los que uno debe cambiar el chip, y valorar la oportunidad de presenciar y, lo que es mejor, formar parte, de algunos momentos inolvidables. Ser integrante de The Sentinel me ha permitido acercarme a personajes históricos del Rock de este país. Músicos que adornaban con sus fotos mis carpetas del instituto ahora me invitan a compartir con ellos una noche de Rock en un pase casi privado.
Porque eso fue lo que pudimos disfrutar en la sala El Lago. Un concierto montado entre amigos, para amigos. Pocos, eso sí, pero bien avenidos. Entre el público, muchos músicos de grupos afines, algunos de los cuales terminaron pasando por el escenario en un momento u otro. El ambiente era proclive a las bromas, ajenos a la tensión de un concierto de mayor responsabilidad. Este buen rollo existente compensó otras carencias, como el mal sonido o el descontrol que se fue adueñando del concierto según iba avanzando la noche. No hacía falta más que ver al Lili, dueño del garito, compaginando las funciones de técnico de sonido y de luces, al tiempo que surtía de cerveza a los músicos y se subía al escenario a cantar alguna canción, todo a la vez.
La banda que salió al escenario fue la habitual, es decir, Juan Márquez (bajo y voz), Miguel Ángel López “Cachorro” y Antonio García Tejada “Napi” a las guitarras, y Enrique Ballesteros a la batería. La única novedad consistió en la ausencia de Marina, una de sus coristas habituales, que dejó sola a la guapa Irene Pérez en esa función.
El concierto comenzó con intención de repetir la buena sensación dejada en el reciente festival “Nos va la marcha”, dejando atrás el mal sonido que les acompañó aquel día. Pronto vimos que ni una cosa ni la otra. El sonido fue irregular tirando a malo durante todo el concierto, con problemas sobre todo en los micros (sólo se oyó en condiciones el de Juan Márquez), y tras enlazar los primeros temas (“Te persigue un cow-boy” y “Llévame contigo”), la banda se dejó llevar por la sensación de fiesta privada que teníamos los que allí nos congregamos.
Daba igual, para otro día quedaba la tensión de demostrar a la audiencia cómo pueden sonar Coz a pleno rendimiento, este era un día para divertirse. Irene Pérez y Esther Lago hacían bueno “Más sexy”, ya que con sus movimientos llamaban la atención, a falta de su voz, que no terminaba de llegar bien hasta a nosotros por la huelga de su micro. Juan Márquez, consciente ya de las circunstancias del concierto, no paró de bromear, casi en una conversación con los asistentes, todos conocidos, que estábamos frente al escenario. Entre ellos, Eduardo Pinilla, a quien mandó un saludo especial antes de presentar al resto de la banda. Un extremadamente heavy solo de Miguel Ángel “Cachorro” antes de “Bate de Béisbol” y un siempre atractivo “De mal en peor”, con buen solo de “Napi”, fueron los últimos coletazos de intentar dar un concierto “en serio”. A partir de ahí, el buen rollo y el colegueo sustituyeron por un día a la profesionalidad de un grupo tan legendario, y el escenario se convirtió en un ir y venir de músicos deseosos de participar en aquella fiesta.
Como sorpresa, el grupo nos ofreció una versión del mítico “Rock Me Baby” del no menos mítico B.B. King. Esta versión saldrá publicada en “Revuelta”, el inminente nuevo disco de Coz.
El desfile de invitados comenzó con Juan Olmos, productor de este “Revuelta” que verá la luz en las próximas semanas, quien como es habitual cantó dos de las canciones nuevas: “Adiós delgadita” y “Capitán Araña”. El Lili y Esther Lago dejaron un momento sus quehaceres con la mesa de mezclas y la barra de mezclas (whisky y Coca-Cola, principalmente…) para subir al escenario a cantar “Romper la red”.
Tras el siempre emotivo “Imagínate por qué” y una versión un tanto atropellada de “Abran fuego, hagan juego”, Juan Márquez invitó al escenario al gran Eduardo Pinilla, quien cogió prestada la guitarra de “Napi” para hacer junto al resto de la banda “Las chicas son guerreras”. Siempre es un lujo poder contar con un músico con la categoría de Eduardo Pinilla, al que nos gustaría ver en más ocasiones sobre un escenario junto a Coz, ya que su intervención fue sin duda lo mejor de la noche.
Este fue el final improvisado del concierto de Coz, ya que aprovechando que estaban presentes todos los miembros de Harakiri, improvisaron 3 temas que este proyecto suele interpretar en directo. Para ello, Juan Márquez y Enrique Ballesteros bajaron del escenario, Antonio García Tejada “Napi” cambió la guitarra por el bajo y se subieron a cantar Juan Olmos, Lili y Esther Lago. A la batería, otro viejo conocido del Heavy nacional ochentero, Rafael Ramos, miembro original de los recordados Pánzer. El descontrol mencionado, unida la mente nublada por los “octanos” en sangre de algunos de sus componentes, me inclinan a posponer mi opinión sobre este proyecto en directo a otro día en el que pueda contemplarlos en mejores condiciones, ya que mi valoración a la banda en este día sería un tanto injusta.
En fin, probablemente asistí al concierto más caótico que nunca he contemplado de Coz, pero aún así salí muy contento. Esta contradicción es posible porque la sensación de estar en un lugar y momento privilegiado, ser testigo de una reunión de amigos alrededor de un grupo de Rock, compensó todo lo demás.
Texto y fotos: Shan Tee
