QUEEN & PAUL ROGERS – Sábado 25 de octubre de 2008, Palacio de Deportes de la Comunidad (Madrid)

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Reconozco que fui al concierto con sentimientos contradictorios. Dos leyendas con tanto peso como Brian May y Paul Rodgers, con tanto talento como historia, deberían ser una garantía de calidad. Pero por otro lado, este mismo proyecto visitó Madrid hace tres años, dejándonos una sensación agridulce.

La idoneidad de mantener el nombre de Queen en este nuevo proyecto es motivo de amplio debate, pero permitidme que lo obvie. Los foros de Internet (incluido el nuestro) es el lugar para dar opiniones antagónicas sobre el tema. Lo que es inamovible es que el tirón de Queen es lo suficientemente grande para agotar las más de 15.000 localidades del Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid meses antes de la fecha.

A diferencia de aquella primera visita en abril de 2005, en esta ocasión sí presentaban un disco nuevo, ya con la voz de Paul Rodgers, llamado “The Cosmos Rocks”, en el que la presencia del ex vocalista de Free y Bad Company cobra una relevancia esencial.

Sin telonero de ningún tipo, y con una puntualidad exquisita, a las 22:00 h. comenzó el concierto. Un extraordinario juego de luces, basado en un fondo con combinación luces y vídeo y columnas móviles sobre el escenario, levantó los primeros comentarios de admiración mientras sonaba la intro de “The Cosmos Rocks”. Unas imágenes del espacio en el telón de fondo nos llevaron, entre asteroides, al planeta Tierra, mientras los músicos tomaron posesión del escenario. Las dos figuras relevantes de esta formación, Brian May y Paul Rodgers, se llevaban todas las miradas. El otro miembro histórico de Queen, Roger Taylor, reclamaba su cuota de atención, con más dificultad tras su puesto en la batería. El grupo se completaba con un segundo guitarrista, Jamie Moses, el bajista Danny Miranda y el eterno Spike Edney al teclado, habitual colaborador de Queen desde los tiempos de Freddy Mercury.

Tras los saludos de rigor, el grupo se reivindicó como una banda de ROCK, recurriendo a algunas de las piezas más cañeras del repertorio de Queen, como “Hammer To Fall” y “Tie Your Mother Down”, con pólvora más que suficiente como para disipar las dudas sobre su estado de forma, con el grupo mucho más rodado que en su anterior visita. Estos minutos sirvieron también para ajustar el sonido, que tardó 10 minutos en alcanzar el buen nivel que, afortunadamente, mantendría hasta el final del concierto.

La discografía de Queen tiene hits para estar tocando un día entero, y no parecía que la banda tuviera intención de dejarse ninguno en el tintero: “Fat Bottomed Girls” dio paso al popular “Another One Bites The Dust”, que en directo pierde parte de su aire boogie para sonar más rockero, apoyado en la cálida voz de Paul Rodgers.

Y hablando de Paul Rodgers, cantó de manera soberbia. Y muy inteligente. Sabe dónde es muy bueno y dónde no se debe meter, rehuyendo los tonos que le puedan causar problemas, y adaptando cada canción a su privilegiada voz blusera, dotándoles de personalidad propia sin perder la esencia de los temas. Sólo un maestro como él puede lograrlo.

“I Want It All” sonó como un cañón, sobre todo su trepidante parte intermedia, con lucimiento de Brian May, verdadero artífice del éxito de este proyecto. Sin embargo, creo que fue un error incluir “I Want To Break Free” en el set, ya que la personalidad de Freddy Mercury hace su ausencia insustituible. Aun así fue de las más coreadas del concierto, por su popularidad innegable entre el “gran público”, el mismo que aún ignoraba quien es este sustituto de Freddy Mercury…

Justo en el momento que empezaba a extrañarme de la ausencia de canciones del nuevo disco, el grupo decidió acordarse de este “The Cosmos Rocks” que estaban presentando. Y por partida doble, ya que enlazaron “C-lebrity”“Surf’s Up… School’s Out!”, dos buenos temas que, sin embargo, pasaron bastante desapercibidos. Y es que la mayoría de los asistentes sólo conocía los grandes clásicos de Queen.

Llegado este momento, el concierto pegó un frenazo para dar paso a un set acústico bastante extenso. Primero fue Paul Rodgers quien se quedó sólo, en una pasarela que salía del escenario y se adentraba casi hasta mitad del Palacio de Deportes. Armado con una guitarra acústica, nos regaló una tierna versión de “Seagull”, el precioso tema perteneciente a su etapa en Bad Company, y que aquellos que la conocíamos la disfrutamos plenamente. Los demás se miraban extrañados. Peor para ellos. A su término, Paul Rodgers desapareció del escenario, y tardaría más de media hora en volver.

El relevo lo tomó Brian May, quien también con guitarra acústica se situó al final de la pasarela, en medio de Palacio de Deportes, y nos pidió cantar con él. “Para Freddy”, en evidente dedicatoria para tocar “Love Of My Life”, mientras la mayoría de la canción era cantada por el público, como es habitual. Y como siempre, nos puso a todos la carne de gallina. Al terminar, Brian May llamó a Roger Taylor, quien apareció andando por la pasarela, y se colocó sentado junto a Brian May, con un bombo de batería con el que llevar el ritmo de “’39”. Al poco de empezar el tema, cantado también por todo el público, ambos músicos dejan de tocar y paran la canción, en actitud estudiada. Brian May nos dice que el público es maravilloso, pero que ellos son “pretty mierda”, y que la solución está en llamar a más músicos. Así que el resto de la banda se acerca por la pasarela y, todos juntos, siguen el tema hasta el final. Una acción original. El bajista Danny Miranda tocaba con un contrabajo eléctrico, y al final del tema se quedó en el escenario junto a Roger Taylor. Ambos empezaron un solo curioso, con Taylor golpeando con las baquetas las cuerdas del contrabajo eléctrico, mientras Miranda pisaba el mástil para, entre algo de ruido, hacer sonar los riffs de “Under Pressure” y “Another One Bite The Dust”.

Pronto se quedó sólo Roger Taylor, al que le habían colocado un charles para acompañar al bombo. Y sólo con eso empezó un solo de batería. Mientras tocaba, un roadie le iba colocando uno a uno los demás elementos de la batería: caja, timbales y platos, sin que Taylor dejara de tocar. Yo creía que nunca más iba a ver un solo de batería original, pero esto no lo había visto nunca.

Ya con toda la banda de nuevo en escena, excepto Paul Rodgers, retomaron el concierto con “I’m In Love With My Car”, cantada por el propio Roger Taylor mientras tocaba la nueva batería montada al final de la pasarela. Tras ella, Brian May nos contó, bromeando, que había venido muchas veces a tocar a España y que sólo había aprendido a decir “buenas noches”, algo que no es cierto, ya que May siempre se ha caracterizado por intentar decir frases en español. Pero esta charla le sirvió para presentar un tema que nunca creí que fueran a tocar: “Las palabras de amor”, uno de los temas menos conocidos de Queen y que, evidentemente, contiene algunas frases en castellano.

Roger Taylor volvió a la batería original, y el concierto se reanudó con una excelente versión de “A Kind Of Magic”, en medio de la cual Paul Rodgers reapareció en escena, cambiado de ropa. Con todo el tiempo que estuvo fuera de escena le hubiera dado tiempo hasta a ducharse…

Un nuevo tema del último disco, “Say It’s Not True”, dio paso al momento de lucimiento de Paul Rodgers, quien cantó de manera soberbia el tema “Bad Company”, mientras en la pantalla de vídeo se mostraban imágenes del vocalista en todas sus épocas, en especial de los años ’70. A mí me pareció uno de los momentos álgidos del concierto, aunque más de la mitad del público asistente no había oído la canción en su vida.

Al término, otra canción del último disco, “We Believe”, un precioso tema lleno de sentimiento, tras el cual toda la banda dejó el escenario para dejaron con uno de los momentos más temidos por mi parte: el soporífero solo de Brian May. Con lo que me gusta este hombre y lo poco que aguanto su solo de guitarra. Afortunadamente, esta vez no fue tan largo como en otras ocasiones, y lo empalmó con otro de los momentos impactantes de la noche: la preciosa “Bijou” incluyó la sorpresa de que la dulce parte cantada corrió a cargo del difunto Freddy Mercury, desde la pantalla de vídeo, lo que le dio el punto más emotivo de la noche, enlazándola con la instrumental “Last Horizon”, rescatada del primer disco en solitario de Brian May, “Back To The Light”.

De ahí al final, ya con todo el grupo de vuelta al escenario, una sucesión de clásicos de Queen, comenzando con la comercial “Radio Ga-Ga” y la habitual coreografía de palmas del público, el homenaje a Elvis que siempre supone “Crazy Little Thing Called Love”, y una intensa “Show Must Go On”, con un gran trabajo de Paul Rodgers, cuya voz no desfalleció en todo el concierto. Como punto final a dos horas ininterrumpidas, la pantalla de vídeo volvió a “resucitar” para la ocasión a Freddy Mercury, quien al piano tocó y cantó toda la primera parte de “Bohemian Rhapsody”. Tras la opereta, las imágenes de Mercury desaparecieron y fue Paul Rodgers quien cantó el resto del tema, tras el cual se despidieron.

Por poco tiempo, pues todos sabíamos que volverían a darnos más. Y fueron 20 minutos de bises que comenzaron con “Cosmos Rockin’”, el tema que abre el nuevo disco, al que siguió el clásico de Free “All Right Now”, muy cantado por todo el público (¡menos mal!). Hay que destacar que, si bien Paul Rodgers se adapta bastante bien a los temas de Queen, llevándolos a su terreno, se le ve disfrutar mucho más con sus propias canciones. Algo lógico, por otra parte.

De aquí al final, las celebérrimas “We Will Rock You” y “We Are The Champions”, con las que se despidieron de nosotros, saludando con satisfacción en sus rostros mientras sonaban las notas enlatadas de “God Save The Queen”.

La sensación general tras el concierto era muy positiva. Personalmente me alegré mucho de haberme quitado el amargo sabor de boca de su concierto anterior en este mismo recinto. Después de haber tenido el privilegio de ver a los Queen originales en el campo del Rayo hace más de 20 años, sabía que esto era otra cosa. Diferente, quizás peor, pero con una dosis de calidad y emotividad lo suficientemente amplia para satisfacer a todo el público que en tal cantidad está yendo a sus conciertos.

Texto: Shan Tee