PRIEST FEAST: JUDAS PRIEST + MEGADETH + TESTAMENT – Domingo 15 de marzo de 2009, La Cubierta (Leganés, Madrid)

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Para cuando leí el e-mail del amigo Starbreaker pidiéndome escribir una crónica del festival, era lunes 16. Eso de no tener tan fácil el acceso a Internet tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Había visto el concierto de un modo tranquilo, libretilla en ristra, apuntando el setlist y algunos detalles, pero poco más. Ahora que le había dicho que sí, necesitaba echar mano de la memoria, y rápidamente me dispuse a ordenar mis recuerdos recientes para relatar de una manera coherente la buena noche de Heavy que vivimos al sur de Madrid. Si faltan detalles sobre el festival en el apartado técnico o de ejecución de los temas, ruego se me excuse.

Un concierto comienza realmente cuando decides adquirir tu entrada, algo que parece casi imposible para algunos eventos hoy en día. Las entradas se pusieron a la venta en octubre, al mismo tiempo que las de AC/DC y Metallica (¡Al rico apilaje, oiga!), las cuales se vendieron rápidamente, mientras que las del festín Judas salían poco a poco. Si no tenía más tirón tal vez fuese porque había 4 fechas en nuestro país, porque Judas ya nos había visitado en verano en Bilbao y Megadeth son asiduos de los escenarios patrios, o por la ya nombrada saturación de entradas a la venta. El caso es que desde que pillé la entrada decidí no saber nada más del festival hasta el día del mismo.

Retomo lo dicho el principio: el acceso a Internet tiene sus ventajas y sus inconvenientes: Hoy en día podemos saber todo sobre un festival antes de presentarnos en la puerta del recinto: las canciones que van a tocar y las variaciones sobre sets anteriores, cómo se presenta el espectáculo, vestuario de los músicos, etc., hasta llegar a saturar, pero me niego a acceder a esa información de antemano. Es como si me contaran la película antes de sentarme en la butaca. Eso hizo que llegara el domingo 15 y subiera a Madrid con la ilusión del que todo lo espera sin saber qué, y que cada canción y cada giro del festival fuese una sorpresa grata.

Como buen acto social que es un concierto, a las puertas del recinto coincido con amigos que nos vamos viendo de festival en festival, compartiendo unas cervezas y repasando la agenda musical para ver dónde coincidiremos de nuevo. Ya en la fila de entrada, la cosa va rápida y entramos para ver en el escenario un gran telón con la portada del último disco de Testament, “The Formation of Damnation”, un gran trabajo a mi parecer que los devuelve a la fuerza de los 80 pero con una producción muy actual. Para las 19.55 se apagan las luces y comienza a invadirnos una bola sónica que hace que los peores presagios se cumplan: Se oye un horror, no se escucha nada. Todos los que hemos ido a un concierto a La Cubierta, y esto es vox populi, sabemos que tiene una acústica inexistente. Los promotores también y aún así se empeñan en meter conciertos allí. Me gustaría saber la opinión de los técnicos de sonido.

En fin, tras un rato consigo distinguir que es “Over the Wall” la primera que tocan. Como buena maquinaria de hacer Metal, Chuck Billy y los suyos se entregan a tocar y sacar del cajón temas antiguos junto con alguno del nuevo, levantando Chuck al público con su manera tan peculiar de estar sobre el escenario, con su vara de mando que es la parte superior del pie de micro que maneja como director de orquesta o para simular unaguitarra; Skolnick se dedica a demostrar su virtuosismo en los solos tomando el centro del escenario; Peterson en el lateral derecho no para de cabecear con cada tema, como alma mater del grupo; Christian, con serio gesto, sube y baja las escalinatas de la batería sin parar y Bostaph demuestra su habilidad con el doble bombo dándole una carga extra de pesadez a los temas.

Poco a poco el sonido mejora, pero lejos de ser algo a lo que se le pueda calificar como ‘regular’. La parte final del set es la que más me gusta, con “Practice What You Preach” “Testament siempre practica lo que predica” nos dice Chuck en inglés, y la que da título al último álbum, “The Formation of Damnation”, como cierre, algo que me pareció arriesgado y acertado, como dando un golpe de favor a su último retoño. 45 minutos que fueron infernales por el sonido pero celestiales por la entrega y la música de los de San Francisco.

Cuando creíamos que íbamos a morir asfixiados debido al calor reinante y al terregal que era la plaza, decidieron abrir la cubierta hasta la mitad. ¡Albricias! ¿Por qué no lo hicieron antes?, pero la vuelven a cerrar con lo que la pitada de los presentes se tuvo que oír en toda la ciudad. Finalmente la dejaron abierta un cuarto, lo que hizo que el ambiente no fuese tan sofocante, y que Megadeth se escucharan de manera decente, con una gran ovación cuando los técnicos sacaron la enorme batería de Shawn Drover y cuando se desplegó el telón, el logo en plateado sobre fondo negro. Directo, sin más.

Y directos como pocos son la banda del Mustaine, contundentes, levantando al personal desde los primeros acordes del “Sleepwalker”. Ya los había visto el año pasado en Macumba y allí me dejaron un tanto fríos. Esta noche no. Están en un festival a la medida de los Judas, pero ellos saben que no son unos teloneros más, y con su entrega y actitud sobre el escenario así lo demuestran. Un detalle que me llamó la atención es que en la parte derecha del escenario, junto a los técnicos llevaban un reloj marcándoles la cuenta atrás del tiempo de actuación que les quedaba. Curioso.

De su set, resaltar dos temas que hacía tiempo tenían algo olvidados, “She-Wolf”, dedicada a sus fans del género femenino, y la recitada “Sweating Bullets”, donde Dave demuestra su rabia en cada uno de los párrafos que suelta; y también la eterna “In My Darkest Hour”, una gozada para el cuello.

Una hora exacta de actuación y, para la mayoría, el concierto de la noche. Preparan disco nuevo. Que vuelvan así de categóricos.

En el cambio de grupo, me fijo en las gradas: Tan sólo unos pequeños huecos en las esquinas, pero la plaza a reventar. Si no colgaron el cartel de no hay billetes, poco faltó; así también reconozco caras de amigos que no se han querido perder el evento: Pepe de Vera (Angus68, para ti cada concierto de Rock and Roll), gente de Almería y de Hellín.

Con puntualidad británica se apagan las luces y a las 22:30 comienza a sonar Dawn of Creation, la intro del “Nostradamus” y poco a poco van apareciendo Scott en la batería, situada bien alto en el centro del escenario, Ian a la derecha, dos de los hachas más reconocibles del Heavy Metal, Glenn y KK, para dar paso a The Prophecy, bajo la atenta mirada del profeta, en un amplio telón que despliega la portada del álbum. La voz de Rob se oye y la gente grita pero no se le ve por ningún lado, hasta que aparece elevándose en una plataforma por la derecha, envuelto en una túnica/hábito plateado, concentrado en el tema y sin mirar al público. Su voz suena con muchos efectos pero bien colocada, como sucederá durante todo el concierto. Cierto es que ya no sube siempre como antaño – los años no pasan en balde – pero sus registros se mantienen muy bien, además de que las nuevas tecnologías hacen que los defectos puedan quedar disimulados.

Pero no quiero que esto sea un juicio a la voz de Halford, como parece por crónicas que he leído después, sino que con cada tema que van desgranando voy disfrutando cada vez más. No haberlos visto en Bilbao hace que todo sea fresco, nuevo y que las sorpresas vayan sucediéndose: Cambian el telón y bajo el signo tipo tridente caen joyas como Eat Me Alive o Between the Hammer and the Anvil, donde Rob despliega un par de banderas con el símbolo. También va demostrando todo un verdadero fondo de armario, con una gran variedad de chupas, guardapolvos, chupas o lo que sea. El sonido es bueno en general, habiendo superado decentemente los problemas del recinto. Scott machaca desde lo alto su kit, lanzando constantemente las baquetas al aire; Ian, con sus pies clavados al suelo, aporrea su bajo sin piedad y Glenn y KK se intercambian por el escenario, demostrando que tienen muchas notas aún en sus dedos y que los temas suenen igual de bien ahora como entonces. Rob canta la mayoría de los temas ‘enchepado’, muy concentrado en lo que hace, sin apenas dirigirse al público durante los temas, y soltando alguna que otra cosa en español entre medias Me encanta España”.

El otro tema del “Nostradamus” que se marcaron esta noche fue “Messenger of Death” donde sale Halford sale sentado en un trono y que fue recibido con bastante frialdad. Me parece un buen disco, pero lento en demasía para lo que es la música del sacerdote. Mejor acogida tuvo, sin duda, el “Painkiller”, que cerraba el set principal, y tras la demoledora intro de Scott, todos se suben a las plataformas superiores para levantar de sus asientos hasta el último de la plaza. Para los bises, Rob aparece sobre el escenario en su sempiterna Harley Davidson para dar paso al “Hell Bent for Leather”, y The Green Manalishi, antes de bacilar al personal con sus coros “ye yes”, que me parecieron algo excesivos en el tiempo que duraron, y terminar con el “You’ve Got Another Thing Comin. ¿Terminar? No, pues nos soltaron una joyica de esa que gusta a los fans, una canción más fuera del set habitual, “Living After Midnight” sorpresa incluso para los técnicos, pues Glenn e Ian tuvieron algunos problemas con sus instrumentos al principio de la canción, pero la plaza se convirtió en un auténtico clamor al corear el estribillo.

Satisfacción general entre los asistentes, que disfrutamos de una gran noche de Heavy Metal. Ahora se anuncia que piensan hacer una gira de celebración del 30 aniversario del “British Steel”, y otra con el “Nostradamus”. A sus fans y a sus detractores, así como a ellos, no les va a afectar la crisis. El sacerdote de Judas tiene trabajo para rato.

Texto: Deuce

Fotos: Testament y Megadeth – Metalkas; Judas Priest – Metalkas y Gtakreyz