GARY MOORE – Miércoles 20 de mayo de 2009, Palacio de Deportes de la Comunidad (Madrid)

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Durante los meses de mayo y junio tenemos la oportunidad de disfrutar en Madrid de una gran iniciativa para los amantes de la guitarra. Este “Guitarra Madrid” ha logrado reunir, en días diferentes, a algunos grandes guitarristas de diversos estilos. Gracias a la eficiente labor de promoción de Ana Laballo, The Sentinel fue invitado al show que el irlandés Gary Moore ofrecería en el Palacio de Deportes de la Comunidad, actualmente el mejor recinto cubierto que la capital de España puede ofrecer.

Hace tiempo que Gary Moore dio un giro a su carrera. Brusco, aunque menos de lo que él mismo se ha esforzado siempre en declarar. Tras un inicio muy influenciado por el blues, su paso por Thin Lizzy y su posterior carrera en solitario le hicieron tocar el cielo en términos de éxito, ventas y prestigio. Se hartó de todo aquello, y decidió volver a sus orígenes, tocando blues, facturando magníficos discos y rodeándose de las más míticas estrellas del blues, desde Robert Johnson a B.B. King, de las cuales absolver en primera persona todo el sentimiento que le pudieran proporcionar.

Estoy convencido que el espectador de un concierto debe hacer un esfuerzo por preparar su mente ante el grupo que va a ver en directo, o al menos librarse de complejos, prejuicios y comparaciones con otros tiempos, grupos o lugares. De otra forma, estos condicionantes pueden limitar el uso y disfrute del espectáculo que se va a presenciar. Aplicándome mi propia teoría, intenté abstraerme de las anteriores ocasiones que he tenido en mi vida de disfrutar de su directo, un par de veces en los ’80, con Shy (es un decir…) y Barón Rojo en una ocasión y con Mama’s Boys en otra. Ya en los ’90, y después de su cambio de estilo, pude verle en aquel intento de rememorar a Cream con el proyecto B.B.M., junto a Jack Bruce y Ginger Baker.

Después de ser amablemente atendidos por la organización y acompañados a nuestra butaca reservada (todas las localidades eran numeradas excepto la zona de pista), y saludar a algunos amigos, me estuve fijando en la disposición del recinto. Para esta ocasión, y dada la actual capacidad de convocatoria de Gary Moore, el Palacio de los Deportes se configuró para no aprovechar todo su aforo y, sin embargo, no dar sensación de ambiente desangelado. Para ello, los pisos superiores se clausuraron, tapándolos con unos enormes telones negros, la zona móvil de butacas se desplegó hasta mitad de pista, y el escenario no se situó pegado a uno de los fondos, como es habitual, sino que se dejó un espacio libre en la parte trasera, para limitar con ello la zona de pista.

Sobre el escenario, muy espartano, se disponía la batería, el teclado y los amplis imprescindibles para cada músico. El concierto estaba anunciado para las 20:30, sin telonero, hora muy temprana para una ciudad como Madrid, por lo que cuando Gary Moore y su banda aparecieron en el escenario, con apenas 10 minutos de retraso sobre el horario previsto, la sala presentaba una pobre entrada.

El concierto empezó con la vieja conocida “Pretty Woman”, y nos mostró bien a las claras que el concierto iba a estar encaminado únicamente en el lucimiento de la estrella. En el escenario, casi a oscuras por el escaso número de focos, se situaban los músicos, cada uno en su sitio. Pete Rees (bajo), Steve Dixon (batería) y Vic Martin (teclados) cumplían bien su labor como acompañamiento, sin reclamar para sí un ápice de protagonismo, algo reservado para el Sr. Moore. Continuaron con “Bad For You Baby”, el tema que da nombre a su último disco. El sonido, bastante irregular en el comienzo, fue mejorando hasta lograr un nivel más que aceptable. La guitarra de Gary Moore en todo momento era lo más destacable, alargando los solos en cada tema. A nivel vocal, tras el primer par de temas de calentamiento, también estuvo notable, y es que el blues que practica ahora es menos exigente que el Hard Rock de antaño para nuestro amigo irlandés.

Un cambio de guitarra, algo que se produjo cada par de temas, dio un momento de respiro antes de arrancar con la acelerada “Down The Line”, que tocó incluso más rápida que en el disco. Tanto es así que Gary Moore se movió por el escenario por primera vez, y descubrimos que no tenía los pies atados al suelo. Nada exagerado, ya sabéis.

La hora había avanzado lo suficiente para que todo aquel que tuvo intención de acercarse a ver el concierto le diera tiempo a llegar, y el resultado fue que el Palacio de Deportes casi se llenó, en esta configuración más limitada.

Vuelta al pasado con “Since I Met You Baby”, en el que Gary Moore se quitó un poco el corsé de los primeros temas y nos regaló un solo antológico, el primero de gran factura de lo que pudimos disfrutar esa noche. Luego vendrían más, como el ofrecido en la lenta“Have You Heard”, perteneciente a su anterior disco “Close As You Get”. Este tema se alargó mucho, con un extensísimo solo de guitarra, y es que el blues lento y melancólico es el acompañamiento ideal que utiliza Gary Moore para explayarse todo lo que quiere a la guitarra.

Un nuevo cambio de guitarra, con comentario incluido sobre la dificultad de encontrar la afinación correcta a “this fucking guitar”, dio paso a “All Your Love”, rescatada del mítico “Still Got The Blues”, uno de los temas que más cañeros sonaron de la noche, junto a “Mojo Boogie”, del nuevo disco. Estos dos temas, más rítmicos que la media del repertorio, hicieron que Gary Moore se moviera con un poco más de alegría por el escenario, aunque sin pasarse. Incluso él mismo comentó “I’m shy, you know…” Tímido no, más bien soso, pero cada cual es como es… El caso es que sus escasos movimientos eran los únicos en escena, ya que los músicos de la banda estuvieron ausentes de todo protagonismo, aunque mostraron una gran valía en todos los temas. Gary Moore aprovechó lo pegadizo del tema para solicitar al público que le acompañáramos con las palmas, algo que hicimos al completo.

Tras estos temas más movidos, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche, con la interpretación de “I Love You More Than You’ll Ever Know”, la versión de Al Kooper incluida en el último disco. Un lentísimo blues de más de 10 minutos en el que Gary Moore se deja llevar, creando un ambiente de viejo local, con el escenario a media luz y con Moore jugando con la intensidad del tema a su antojo. Algunos de mis compañeros de butaca se aburrieron un tanto, pero yo le cogí bien el punto, disfrutando el tema por completo.

Para devolvernos las pilas “Too Tired” nos iba encaminando hacia el final del concierto. En este tema, que vio la luz como un duelo entre las guitarras de Gary Moore y Albert Collins, vimos sustituida esta segunda guitarra por los teclados de Vic Martin, que no es lo mismo, pero quedó bien. En mitad del tema, los demás músicos silenciaron sus instrumentos para dejar paso al solo de Gary Moore, tan duro, rápido y contundente como en sus tiempos más heavies. Para que luego reniegue de aquella época. Un largo solo que se retomó con la parte final de “Too Tired”.

Este despliegue de adrenalina se vio súbitamente cortado con “I Had A Dream”, otro tema rescatado del “Close As You Get”, otro blues lentísimo y sentimental, que supuso un corte en la intensidad del concierto, tan al gusto de Gary Moore.

A su término, el inconfundible riff de “Walking By MySelf” nos puso a todos de pie, siendo el tema más aclamado de la noche, cantado por todos los presentes, y con el que Gary Moore se despidió junto a su banda, para sentir el gusto de sentirse reclamado. Tras unos minutos pidiendo su vuelta, la banda retornó al escenario para darse un baño de multitudes con “The Blues Is Alright”, tema con el que pidió que todos los que estábamos en las butacas nos levantáramos a bailar, y que coreáramos el sencillo estribillo, “hey, hey, the blues is alright..”, algo que consiguió sólo a medias. Aún así, consiguió que esta parte del concierto fuera una fiesta, abandonando por segunda vez el escenario.

Y por segunda vez, los aplausos del público le hicieron volver al escenario. Como detalle al público español, nos obsequió con una pieza clásica de guitarra española, en concreto el tema “Sevilla” de la Suite Española, op. 47 de Isaac Albeniz, que quedó un poco rara tocada con guitarra eléctrica, pero que fue un detalle digno de agradecer. Al término, la mítica “Parisienne Walkways”, la balada que le lleva acompañando toda la vida, dio fin a dos horas de concierto que los amantes del blues y de la guitarra de Gary Moore disfrutamos.

A la salida, comentarios diversos. Los que esperaban ver algo del Gary Moore de los ’80 echaron en falta algo más de garra, ya que sólo unos cuantos solos puntuales nos recordaron a aquella estrella que hizo discos como “Victims Of The Future” o “Corridors Of Power”. Los amantes del blues clásico seguían sin entender cómo puede meter tanta agresividad en el solo de un blues puro.

Yo, para ser sincero, no me acuerdo de mucho más, porque a la salida del local me crucé con Pilar Rubio, y aún no me he repuesto de la impresión. También me crucé con Ramiro Penas, el que fuera batería de Leño, pero la sensación no fue la misma, me vais a perdonar… Eso sí, camino de vuelta a casa fui rememorando partes del concierto, y me sentí suficientemente satisfecho de lo que Gary Moore nos ofreció esa noche.

Texto: Shan Tee