
Desde hace unos meses estoy viviendo en Londres. Con el ajetreo del traslado y demás me he perdido demasiadas citas importantes, en cuanto a conciertos se refiere, pero la del 3 de noviembre, en el O2 Academy de Islington, era obligatoria. Paradise Lost presentaba su celebrado último trabajo, “Faith Divides Us – Death Unites Us” en el que vuelven a sonar como antaño, y como compañeros de ruta por tierras británicas tenían a los suecos Engel y Katatonia. Una cita bastante atractiva como podéis imaginar.

El inicio del concierto estaba anunciado primero a las 7, y posteriormente a las 7.30. Daba igual el horario, como aún no me conozco todo lo bien que pienso esta gran ciudad, yo llegaría a la sala cerca de las 7.45, cuando los noveles Engel ya estaban descargando su energía sobre el escenario. Es ésta una banda interesante, que practica un Death melódico que puede recordar a In Flames, y que hicieron una actuación más que entretenida.
Yo me declaro un absoluto desconocedor de esta banda y su discografía, así que no puedo daros un setlist detallado de su concierto, aunque sí puedo deciros algunas de las canciones que sonaron: “I Am The One”, “Propaganda”, “Sense The Fire”… Eso sí, a pesar de no saber el nombre de las canciones, puedo deciros que en la media hora que estuvieron tocando me agradaron muchísimo y empezaron a meter en calor al frío público londinense.

Aprovechando el descanso hasta Katatonia, cuando la gente se iba a la zona de avituallamiento, yo me fui acercando poco a poco al escenario para coger un buen lugar no tanto para el siguiente concierto sino para el cabeza de cartel que aún tardaría una hora
en llegar. Sobre las 8.30 saltarían al escenario al tiempo que sonaba “Ghost Of The Sun”. Tengo que confesar que ya desde la primera canción, el concierto no fue muy del agrado, personalmente me gusta más el estilo de Engel. Porque Katatonia, al igual que le ha pasado a Paradise Lost en su carrera, ha evolucionado mucho en sus sonidos y sus últimas tendencias no van mucho conmigo. Se han alejado del Doom que les caracterizó en sus inicios y ahora tienen un sonido más americanizado, por llamarlo de alguna forma, que no me mola nada. Dicen los entendidos que su último trabajo, “Night Is The New Day”, que presentaban esa noche, es una mezcla de sus estilos. De cualquier forma, a mí no me llenó. Con deciros que para mí la mejor canción fue la última, “Murder”, con ese sabor añejo de Metal bueno.
No obstante, sí he de reconocer que sonaron muy compactos y he de admitir que había gente en la sala que había acudido más por ver a éstos que a Paradise Lost… Entre sus canciones de apertura y cierre sonarían “Criminals”, “My Twin”, “Evidence” o “Forsaker”, entre otras. Sonarían dos o tres más, pero como no las conozco y no las presentaron, no puedo deciros sus nombres…

Porque para mí lo importante estaba por llegar. Mi nick, Hallowed Land, me delata. Ya había visto a Paradise Lost tres veces en España, dos en Murcia presentando su “Symbol Of Life” y una en Madrid hace dos años presentando su anterior trabajo “In Requiem”. Pero esta vez era un concierto muy especial. Era la primera vez que los vería en su país, con lo que imaginaba que su comportamiento sobre el escenario sería distinto, y encima presentaban un disco que, conforme más lo escucho, más me gusta. Mi colega Nicko ya me había dicho que sonaba a la época más añorada de estos góticos ingleses y el concierto prometía, vaya que si lo hacía.
Tras los pertinentes minutos de espera, comienza a sonar una intro mientras que el escenario, con una imagen al fondo de la portada del último disco, juega con luces de colores azul y púrpura. Así, poco a poco, empiezan a salir al escenario los componentes del grupo, empezando por el nuevo batería, Adrian Erlandsson (ex Cradle Of Filth), que fue el primero en llevarse la ovación del respetable. Tras tomar asiento aparecen el resto: Aaron Aedy, Steve Edmonsson, Nick Holmes y un Greg Mackintosh que se encarga de arrancar el concierto con los primeros riffs de la potente “The Rise Of Denial”, sexto corte del disco que daba nombre a la gira.
En estos primeros compases del concierto la avalancha y la ida y venida de gente es constante, con lo que apenas es posible mantener la verticalidad e incluso una referencia visual del grupo. A pesar de las dificultades, si puedo darme cuenta de unos fallos de sonido que hacen que incluso un técnico salte a la escena a trastear los cables de Greg mientras el grupo seguía tocando. Éstos, por cierto, persistirían, aunque en menor medida, en las dos o tres canciones siguientes. Eso sí, con problemas y todo, el primero de los solos con los que nos deleitaría el genial guitarrista ya nos dejaba boquiabiertos.
Si ya el primer tema de su concierto era potente, no se bajaría el listón con el siguiente, “Pity The Sadness”, de su tercer álbum “Shades Of God”. Tras estos dos subidones de adrenalina, el grupo parece concedernos una tregua con su más moderna “Erased”, del “Symbol Of Life”, aunque el público también celebra este tema y lo corea como el que más. Entonces llega el turno de una de las mejores canciones de su último disco, “I Remain”, a la que sigue la legendaria “As I Die”, también del “Shades Of God”. Por cierto, en esta canción el sonido ya era perfecto.
A estas alturas ya me había dado cuenta de que el hecho de que estuvieran tocando en casa no suponía ningún aliciente más para ellos y su puesta en escena me resultaba más que familiar. Aedy como loco meneando su cabeza y su cuerpo junto a un Edmonsson inmóvil con su bajo, con un Mackintosh más a su bola, alejado del grupo, mientras que Holmes seguía como siempre con su típico humor y simpatía… Del batería, Erlandsson, decir que estuvo genial, no se notaba que apenas llevaba unos meses formando parte del grupo, al contrario, parecía estar desde el principio.
Sigue el concierto con “The Enemy”, de su anterior trabajo, y “First Light”, del último, hasta que Nick Holmes introduce el siguiente tema para “los más viejos del lugar”. Se trataba de “Eternal”, de su segundo disco “Gothic”, que sonó impecable y en el que la voz del cantante, sin ser como se grabó en su día en el estudio, sí que suena bastante fuerte y sólida. A ésta le siguen “Enchantment”, de su celebrado “Draconian Times”, y otra nueva, “Frailty”, que nos mantenían en una nube al millar de personas que nos habíamos dado cita allí esa gélida tarde de martes.
Llegado este punto empiezan a sonar los primeros acordes de uno de los himnos de la banda, “One Second”, que da nombre a ese mismo disco, para continuar con “Forever Failure”, también del “Draconian Times” e “In Requiem”, momento en el que con un escueto “Good bye!” abandonan todos los componentes de la banda el escenario.
Evidentemente no podía ser el final del concierto, pero ya había llegado el temido momento del bis, temido porque eso anuncia que el final del concierto está llegando. El público londinense, frío como la noche de esta ciudad, tampoco es que se afanara mucho en aclamar a sus ídolos, aunque sí agradecí escuchar gritos de“Paradise Lost!” y no el típico “oé, oé, oé” que se ha puesto tan de moda en España y que se escucha más en las salas de conciertos que en los campos de fútbol.
Tras el par de minutos de rigor en el backstage, los cinco componentes de la banda regresan al escenario para la traca final, que comienza con la canción que da nombre a su último disco, “Faith Divides Us – Death Unites Us”, muy cantada por el público y por los propios miembros de la banda. Tiene pinta de convertirse en otro de sus himnos, a la que le sucede la inesperada “The Last Time” con la que el público vuelve a encenderse, y de que manera. El problema es que casi sin tiempo para asimilarla empieza a sonar “Say Just Words”, la que viene siendo la última canción de sus conciertos y, en efecto, nada más acabar, y con otro simple “Good bye!”, toda la banda desaparece del escenario y nos deja a los espectadores con la sensación de estar satisfechos por la calidad de lo que habíamos visto y vivido, pero insatisfechos porque teníamos ganas de más.
Porque sé que puedo pecar de poco objetivo con esta banda, pero podéis hacerme caso, su concierto fue muy bueno y a todos aquellos que dejaron de escucharlos conforme evolucionaban en su música les recomendaría que se pasaran por alguna de las citas españolas y vieran como Paradise Lost ha recuperado ese sonido que les caracterizó a finales de los 80 y principios de los 90. Yo, desde luego, volvería a verlos si tuviera la oportunidad…
Texto y fotos: Hallowed Land
