Editorial Noviembre 2009: “Apoyemos a nuestros grupos”

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Llevamos tiempo quejándonos de la situación en la que se encuentra el Rock nacional, las causas de su declive y lamentándonos de la poca atención que se les presta a nuestros grupos. En estos últimos días he podido ver, con satisfacción, que se empiezan a alzar voces para intentar ponerle remedio a este problema. Por fin parece que hay iniciativas para no sólo lamentarse, sino intentar darle la vuelta a la tortilla.

Nuestros lectores habituales saben que nos gusta apoyar el Rock nacional todo lo posible, y por ello nos queremos sumar a este intento de evitar la muerte por inanición de tantos grupos españoles que se dejan la piel por agradar a un público cada vez menos numeroso. Esta llamada de atención va, primordialmente, dirigida a dos sectores:

En primer lugar, como no podría ser de otra forma, a todo el “rockero de a pie”. Si queremos que el Rock sobreviva, debemos de empezar a valorar a nuestros grupos en lo que se merecen. Hay cientos de conciertos en toda España cada semana, la mayoría a precios irrisorios, que tienen una asistencia deprimente. Si los grupos ya no pueden vivir de los discos, y los conciertos les causan un descalabro económico, es cuestión de poco tiempo que vayan desapareciendo paulatinamente. Muévete de vez en cuando, si no lo haces ya. Acude a ver a los grupos nacionales, te llevarás auténticas sorpresas. Te darás cuenta que, aparte de los grandes grupos internacionales que juegan en otra liga, los grupos hispanos no tienen nada que envidiar a la mayoría de los grupos foráneos que incluyen a España en sus giras. Hace pocos días tuvimos la oportunidad de comprobar cómo Atlas se comía vivos a Gotthard en sus conciertos españoles, y así tantos y tantos ejemplos de bandas cuyo estigma para no triunfar parece ser su nacionalidad española. Sería bueno acostumbrarnos a, en nuestros momentos de ocio, echar un vistazo a una agenda de conciertos y asomarnos a ver a uno de nuestros grupos. Os aseguro que muchas veces os alegraréis de la elección.

En segundo lugar, los músicos. En unos tiempos donde la compra de instrumentos y la grabación de discos es cada vez más asequible, los grupos proliferan cada vez más aunque, por los motivos antes comentados, no tengan futuro antes de empezar. El problema es que muchos “músicos” ya no se consideran “público”. Es deprimente ver la poca cantidad de músicos que se ven en los conciertos de grupos ajenos. Y la mayoría de los que van no se mueven del fondo de la sala, apoyados en la barra, con actitud de jueces impasibles. Hay honrosas excepciones, todos las conocemos, pero si entre los grupos no hay apoyo, camaradería y complicidad, mal vamos.

En el Rock español somos pocos y, algunas veces, mal avenidos. Hay demasiadas rencillas, envidias y enfrentamientos. Músicos que llevan sin hablarse una eternidad por un enfrentamiento que tuvo lugar hace más de 20 años, o por unos roces casi infantiles de los cuales no son capaces de pasar página. Por eso, me produce gran alegría cada demostración de que, algunas veces, los músicos son capaces de dar una imagen de cohesión y camaradería, saber que la unión hace la fuerza y sólo entre todos podemos evitar que el Rock español muera definitivamente. El enorme elenco de invitados en la grabación del DVD en directo de Asfalto o la iniciativa de Antigua con “Que empiece el show” deben mostrar que ese es el camino, y que los egos de los músicos, siempre tan desarrollados, deben quedarse a un lado para empujar todos en la misma dirección.

El futuro, si lo sabemos aprovechar, puede ser muy halagüeño. La tan manida crisis económica no es excusa. El Rock español siempre ha estado en crisis, así que no vamos a hacernos de nuevas. Nuestros conciertos suelen ser baratos, en comparación con las grandes giras internacionales que llenan recintos enormes. Hay bandas en España sobradas de calidad para satisfacer a los que amamos esta música, y que dan sopas con onda a muchas medianías internacionales que nos visitan día sí y día también.

Demuestra que estamos vivos. Acude a conciertos para recuperar (o descubrir, según el caso), la sensación familiar de un concierto en una sala pequeña, la calidad de un grupo antes desconocido para ti, o el asombro de ver cómo esos músicos son capaces de ofrecerte un show digno de recordar.

Te esperamos en el próximo concierto. Y si nos ves, salúdanos. Estamos todos en el mismo barco.

Shan Tee