
Ver a UFO en una sala tan pequeña como Heineken me daba un poco de reparo, pero por otro lado tenía el aliciente de poder disfrutar un concierto en condiciones acústicas dignas. Además de esto, los teloneros eran poco conocidos más allá de YouTube, así es que entramos en la sala con las orejas bien abiertas por lo que pudiera sorprendernos.
THE BULLETMONKS
Con mínimo espacio en el escenario, que ya de por sí es una birria, la batería en un lateral y con las piezas justas, y el resto del grupo sin apenas moverse por si “aterrizaban” en el suelo del local, The Bulletmonks salieron puntuales a aprovechar la media hora de que disponían para presentar su disco “Weapons Of Mass Destruction”, del que tocaron, entre otras, “My World’s A Show”, una de las mejores del disco, la brutal “Canned Insanity”, “No Gain Just Pain” en la que el batería tuvo un problema con el pedal del bombo y tuvieron que parar para volver a empezar, con el aplauso y el cariño del respetable, y la que ha sido el single o como quieras llamarlo, “Hang On Lord” para finalizar.
El mini-concierto fue de menos a más, pero al final se metieron a público en el bolsillo, que les despidió con una cariñosa ovación, tanto por su música, sus ganas y su humildad en el escenario (ellos lo montaron y lo recogieron todo). Se lo pasaron bien, se les veía en las caras, y la gente también. Además sonó de lujo. Un buen grupo que merecen tener suerte, a ver si puede ser.

También puntuales (cosas de la sala y algo que se agradece), a eso de las 21:15 h. aparecen Phil Mogg, Andy Parker, Paul Raymond, Vinnie Moore y un bajista cuyo nombre desconozco (pensaba que era Barry Sparks, pero no, y eso que su cara me suena…) con un Gibson Thunderbird como el del añorado Pete Way. Vinne Moore se coloca a la izquierda y empieza a hacer sonar, en una acústica con un soporte, los primeros acordes de “Saving Me”. Mientras el sonido va tomando forma y los músicos van acoplándose en el escenario, observo la sala que ya tiene un “lleno sin apreturas”.
“Daylight Goes To Town” suena ya perfectamente, y esa sería la tónica de todo el concierto, el gran sonido que hizo que disfrutáramos de cada detalle, algo que es más complicado en salas de otro tipo, pero que en esta equilibra el hecho de que el escenario sea minúsculo o que la sala en sí sea bastante incómoda. Observo que a Andy Parker apenas se le ve, incrustado entre varios amplificadores y sin tarima que le eleve un poco sobre el suelo del escenario. También esbozo una sonrisa cuando recuerdo que Michael Schenker y Vinnie Moore son ahora endosers de la misma marca, “Dean”. Gibson y MusicMan pasaron a la historia, o eso parece.
“Mother Mary” fue el primero de los clásicos que tocaron esa noche, y a estas alturas de concierto Paul Raymond todavía no se ha descolgado su guitarra zurda para meterse de lleno en los teclados. Por cierto, la imagen de este hombre chirría un poco, y no me refiero sólo a la camisa de cuadros o al “Just for men” que debe consumir por litros, sino a la mala leche que se gasta cuando algún acople se interpone entre su figura y la del respetable. El micro (¡¡¡qué culpa tendrá!!!), situado frente a sus teclados (Korg Triton Le y Roland VK-8, dos clásicos) recibió una galleta del músico cuando osó acoplarse en mitad del tema, y terminó colgando del pie y a punto de estrellarse contra alguna cabeza de las primeras filas, algo que le sentó bastante mal al técnico de sonido, que estaba a mi espalda, y también al pipa, que tuvo que hacer malabares para no estorbar y a la vez arreglar el desaguisado.
“Let It Roll” fue la siguiente y, aparte de la reacción del público, Vinnie Moore demostró (no sólo en este tema, sino durante toda la noche) que es un gran guitarrista que pone su talento al servicio del grupo. No obstante, el grupo también le ofrece la posibilidad de lucirse, pero eso fue más adelante. Siguieron con “I’m A Loser”, con todo en su sitio. Creo que fue la que mejor sonó de toda la noche.
En “Hell Driver” Paul Raymond volvió a colgarse la guitarra, y en “Cherry” sigo observando a Andy Parker, a quien vengo viendo que en cualquier momento se va a quedar sin pilas. Pensé que no llegaba al final, aunque su pegada y su estilo siguen intactos, sus fuerzas no son las que eran, o eso aparentaba, pero al final aguantó como un campeón.
El octavo tema de la noche fue “Only You Can Rock Me”. Me lo estuve estudiando nota por nota (algunos sabéis por qué) y, la verdad, la parte del bajo me decepcionó un poco, no sólo en este tema, en todos. Se limitó a marcar tónicas y los dibujos eran simplemente correctos. No sé si es porque se trata de un bajista de circunstancias que está en el grupo de forma coyuntural y no ha tenido tiempo de prepararse como es debido el repertorio, o es porque sigue instrucciones de su jefe Mogg. En cualquier caso me pareció que quedaba correcto y punto. Eso sí, el tema sonó espectacular, como siempre, aunque Phil Mogg modificó algunas partes de la melodía de la voz por cuestiones obvias. No es que haya sido un cantante con un amplio abanico de registros, precisamente, pero los mantiene en un porcentaje muy elevado, y aunque anda bien de voz, se le arropa con efectos y con los apoyos del bajista y de Paul Raymond, que se suben encima (vocalmente, se entiende) en varios momentos de algunos temas.
“Ain’t No Baby” fue la siguiente. Evidentemente, la respuesta del público era más intensa en los clásicos, pero ninguna de las canciones que tocaron desmereció en cuanto a la interacción grupo-público. Sin embargo, si algún tema hay que destacar en este sentido ese fue “Love To Love”. El crescendo de la canción, las diferentes partes y sus ambientes y el primer momento de lucimiento de Vinnie Moore, que modificó la parte central y alargó el solo del final, en el que dio una lección magistral de cómo se toca la guitarra con criterio, fueron ingredientes que hicieron de este tema uno de los momentos álgidos de la noche, a pesar de que se pasaron con la reverb de Mogg. También estuve observando este tema de forma especial por la misma razón que “Only You Can Rock Me” y llegué a la misma conclusión. Muy buenos arreglos en directo y un autorretrato de Phil Mogg desde su propia cámara con el público de fondo.
En “Mystery Train” la armónica fue sustituida a la perfección por el sintetizador, o es que quizá la grabaran con éste y no con el pequeño instrumento de viento. En cualquier caso, Phil Mogg la disfrutó con una cerveza (otra) a la que iba rematando a base de tragos largos. Al inicio de “Too Hot To Handle” le siguió una atronadora respuesta del público y una no menos espectacular reacción del grupo, con Vinnie Moore haciendo un solo con la guitarra a la espalda, algo que imitó el bajista con su instrumento en la suya, y la contrarrespuesta posterior de Moore tocando con la boca. El solo alargado de este tema sirvió como “segundo momento de lucimiento de Vinnie Moore”.
Eran ya las 22:30 h. cuando empezaron a sonar los primeros acordes de “Lights Out”, que fue el tema elegido para poner fin a la primera parte de la actuación. No hizo falta silbar mucho, lo justo para que el cantante trincara por el pescuezo otra cerveza y empezara a sonar “Doctor Doctor”, cantado de forma apoteósica por toda la sala. Para el final dejaron una gran “Rock Bottom”, con el tercer momento de lucimiento de Vinnie Moore, que dejó patente su clase como músico en un final más largo de lo normal.
Caras de satisfacción y comentarios sobre el buen sonido fue la tónica general mientras abandonábamos la sala. Gran concierto de un gran grupo que está atravesando un momento importante de su carrera.
Texto: Alvar de Flack
Fotos: Dioforever
