TOPO + CASABLANCA – Martes 22 de diciembre de 2009, sala Heineken (Madrid)

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De nuevo nos encontrábamos, cuatro años y tres días después, en el mismo recinto viendo a los mismos grupos. Aquel 19 de diciembre de 2005 la sala Heineken se llamaba aún sala Arena, y José Luis Jiménez y Lele Laina se empeñaban en no llamar Topo a aquel grupo, pero salvo estos detalles, todo era igual. Incluso muchos de los presentes entre el público éramos los mismos, 4 años más viejos.

En este intervalo, Casablanca ha cambiado media formación. Juanjo Temiño ha sustituido a Ingo y el histórico Pachi Escolano cedió su puesto a Nacho Ruiz y Marisa de la Plaza, y en este tiempo han puesto a la venta un bonito disco llamado “Apostando contra el avestruz”. Mientras tanto Topo, además de asumir que no puede huir de su propio nombre, sólo nos trajo la novedad con respecto a aquel concierto de tener al gran Luis Cruz de nuevo en sus filas, en lugar del guitarrista desconocido que tocó aquel día.

Así las cosas, en un día de perros (solo son cuatro gotas, como decía Noé…) nos plantamos en la sala dispuestos a repetir las buenas sensaciones que estos dos históricos grupos nos iban a ofrecer. Llegamos pronto y el panorama era desolador. A media hora del inicio del concierto apenas 10 personas ocupaban el espacio dedicado al público. Afortunadamente, según avanzó la noche la sala se fue poblando, y es que la normativa de la sala Heineken obliga a empezar muy temprano, ya que la última nota debe salir de los amplificadores antes de las 23:30, con lo que las 20:30 es una hora demasiado temprana para que la mayoría de los asistentes puedan llegar a una zona tan céntrica, donde entre la lluvia y las fiestas navideñas, los accesos se complican y causan retrasos inevitables. 

A pesar de que no es un grupo que toque en directo a menudo, Casablanca mantiene una periodicidad baja pero constante, y sus últimos conciertos en los que tuve oportunidad de asistir (Festival “Nos va la marcha” y concierto propio en la sala Cats) me causaron muy buena impresión, por lo que mis expectativas sobre este concierto eran altas.

Con puntualidad absoluta, dadas las condiciones de la sala, el grupo salió a escena para defender, sobre todo, su último disco “Apostando contra el avestruz”, que fue el trabajo sobre el que se apoyó la mayor parte de su actuación.

Para demostrarlo, empezaron con “Caras de cera” y “Da tú primero”, ambos temas pertenecientes al último disco, tocados de forma algo acelerada. Sin embargo, esta energía no escondía que el grupo no terminaba de estar suelto en el escenario. Mitad fríos, mitad atenazados por el principio del concierto, los músicos no terminaban de encontrarse a gusto. Afortunadamente, esta sensación se disipó a partir del tercer tema de la noche, “Cabeza y corazón”, en la que ya pudimos disfrutar de la soltura que se le supone a un grupo de esta trayectoria, sin perder ese ímpetu con el que habían comenzado el concierto.

Carlos “Nano” Hervás estaba disfrutando del momento, se le veía en la cara. Después de mucho luchar, el único miembro fundador que queda en el grupo ha conseguido reunir a unos músicos que no desmerecen el pasado de la banda. José Manuel Fernández está plenamente integrado en Casablanca desde hace varios años, hasta el punto de ser responsable de gran parte de los temas que estábamos escuchando esta noche. Y entre los “nuevos”, el fichaje de Juanjo Temiño ha demostrado ser todo un acierto, no sólo por el parecido de su timbre de voz con el del fallecido Terry Barrios, sino que tiene voz más que suficiente para acometer con soltura y con su propio estilo tanto temas antiguos como nuevos.

En cuanto a los dos guitarristas, disparidad de opiniones. Siempre hay quien echa en falta el estilo más clásico de Pachi Escolano, presente en la sala, pero yo me quedo con el soplo de aire fresco que han aportado Nacho Ruiz y Marisa de la Plaza, mucho más técnicos y de sonido más moderno. Con ellos, Casablanca puede mirar al futuro con posibilidades, y dejar de ser sólo una banda antigua que se ha juntado para tocar de nuevo.

Tras los 3 primeros temas, sorprendentemente duros y contundentes, el grupo dio una vuelta de tuerca con “El blues de la tensión”, también algo acelerado pero que terminó de acoplar al grupo, que mejoró definitivamente según avanzó el concierto. La cálida voz de Juanjo Temiño y el experto liderazgo de Nano Hervás hizo que este blues terminara de conectar al grupo con el público.

La banda nos había adelantado la presencia de algunos invitados, y la verdad es que tuvimos muchos y buenos. El primero de ellos fue Raúl Santana, co-guitarrista y co-cantante de los actuales Asfalto, quien subió al escenario para poner su voz junto a Juanjo en el tema “Suena Chicago”. Disculpándose por no saberse la letra y ayudándose de una chuleta, Raúl dio toda una lección de poderío vocal, compaginándose a la perfección con Juanjo Temiño, y regalándonos uno de los momentos de la noche.

A partir de este momento, el desfile de invitados fue constante. El relevo de Raúl lo tomaron José Luis Jiménez y Lele Laina, quienes como anticipo de lo que vendría después con Topo, se subieron a las tablas para cantar con Casablanca el clásico “Vallecas 1996”. Fue realmente emotivo, aunque algo caótico, ya que dio la impresión de que no lo habían preparado demasiado, con muchas dudas de cuándo debían entrar cada uno. Además, en uno de los movimientos de José Luis por el escenario, se enredó con los cables y a punto estuvo de darse de bruces en el suelo. Aún así, el tema quedó muy bien por el momento de ver a ambos históricos músicos participando en su propio homenaje.

Destacar también el gran solo de Marisa de la Plaza, quien estuvo realmente brillante toda la noche, destacando en cada una de sus intervenciones. Mi impresión fue que Nacho no tuvo su día, se le veía frío y distante en comparación a otras ocasiones en las que he tenido el placer de verle, aunque su depurada técnica siempre garantiza que sus intervenciones sean bien aceptadas.

Los invitados seguían apareciendo. Tras despedirse José Luis Jiménez y Lele Laina, otro músico histórico apareció en el escenario: Miguel Oñate, cuya presencia en escena siempre es enorme, captando para sí toda la atención. El tema elegido para su aportación fue “Andrés en el Marquee”, canción en la cual también colabora en el disco, y que fue el inicio de la trepidante recta final del concierto, ya que de ahí al final Casablanca estuvieron lanzados.

El histórico y festivo “Me liaste niña” arrancó a todo el mundo a bailar, en especial las primeras filas, con cachondeo generalizado. El tema fue extendido para hacer las pertinentes presentaciones de los músicos de la banda, y este buen ambiente fue mantenido hasta el final. Nano comentó la estrechez del horario de la sala, por lo que los temas iban muy seguidos, y se despidió de nosotros con “Lecciones de felicidad”, a pleno rendimiento, y cuando creíamos que terminaba, enlazaron con “Corta la sesión”, con la cual la fiesta de Casablanca llegó a su fin.

Gran concierto de los madrileños, que fueron de menos a más y remontaron un comienzo frío para meterse al público en el bolsillo. Ojalá no tarden mucho en volver a subirse a un escenario. 

Quienes se suben aún más de tarde en tarde a un escenario son los históricos Topo. Esa circunstancia hace que cada aparición suya sea seguida por muchos nostálgicos que echan de menos su presencia en la escena del Rock nacional. Llevan casi 10 años sin editar ningún disco nuevo, y manteniendo el recuerdo vivo con un disco acústico con canciones antiguas editado en 2004 como “Lele Laina y José Luis Jiménez”, y algunos conciertos muy esporádicos repartidos a lo largo de estos años, pero ahora parece que hay voluntad de volver a buscar su sitio en el mundo del Rock.

La banda se presentaba comandada por los dos miembros históricos del grupo, José Luis Jiménez y Lele Laina, a quienes les acompañaban el batería Bulli, como es habitual, y la presencia de nuevo en el seno del grupo de Luis Cruz, quien después de un largo periplo en el que se puede destacar su pertenencia a la banda de Sherpa o en el musical “We Well Rock You”, vuelve al grupo que le dio notoriedad pública, y en el que grabó el brillante “Ciudad de músicos” allá por 1986.

En fin, que tras un intervalo razonablemente corto para preparar los cachivaches, los músicos hicieron aparición en el escenario. Una introducción algo caótica se convirtió pronto en el inicio de “Cantante urbano”, para el que el público se volcó desde el primer momento, seguida por “Ciudad de músicos”. La actitud del público fue intachable durante todo el show, pero pronto vimos que la banda no correspondía como todos esperábamos. En mi opinión, la falta de actividad como grupo les pesaba como un lastre, y no terminaban de estar sueltos en el escenario. Únicamente Luis Cruz, quizás el que pisa más habitualmente los escenarios, mantenía el tipo con soltura.

“El blues del dandy” mejoró notablemente la situación. Con José Luis Jiménez más entonado, el grupo ofreció su mejor cara. “Ser urbano” fue el primer tema rescatado de su “primera etapa”, como dijo Lele Laina, refiriéndose al primer disco que grabaron con Asfalto. Continuaron con «Quijotes eléctricos”, otro disco grabado con Asfalto, en concreto de aquel “El planeta de los locos” que supuso en su día la reunión de la formación original.

Tras el par de temas de su etapa “asfaltera”, Lele presentó “El bosque” como un tema nuevo… y no pudo reprimir una sonrisa irónica, ya que esta canción lleva presentándose como nueva ya unos cuantos años, a la espera de ver la luz en un próximo disco que lleva posponiéndose más de un lustro.

A su término, José Luis Jiménez comentó un molesto ruido que le estaba desconcertando. Desde el público no se escuchaba en absoluto, pero en el escenario debía ser bastante fastidioso, tanto que se afanó en encontrar su origen mientras que el resto de la banda empezaba con “Rocinante”. Y esto fue fatal. Más pendiente del ruido que de la canción, José Luis entró mal y a destiempo, y no pudo rehacerse en todo el tema. Con el tono perdido y totalmente desconcentrado, el destrozo que sufrió este histórico tema fue de proporciones memorables. Yo me miraba con mis compañeros de baldosa y no nos lo podíamos creer. Una verdadera lástima.

Afortunadamente, el grupo se repuso, y “Todos a bordo” recuperó un mejor tono para el concierto. Este tema, recuperado también de “Ciudad de músicos”, sonó ya al nivel que se le supone a una banda del prestigio de Topo.

“Empezar” fue, ahora sí, un tema nuevo que nos presentaron, y que irá incluido en el nuevo disco que todos esperamos vea la luz en un futuro próximo. La canción, en la habitual línea de fuerza y melodía que nos tienen acostumbrados, nos causó muy buena impresión.

José Luis Jiménez se resarció del desastre de “Rocinante” en “El palacio del terror”, donde su aportación instrumental es decisiva. Su voz, sin embargo, estaba al límite, aunque su experiencia consiguió evitar el desastre en forma de gallos, que no se produjeron en ningún momento. Sin embargo, era evidente que estaba caminando sobre el alambre. Sea como fuere, el tema sonó muy bien, reivindicando una vez más un “El planeta de los locos” que mereció mucha mejor suerte.

En este momento, vino muy bien el respiro que supuso la preciosa “Colores”, en la cual Lele Laina se lució cantando este tranquilo tema, en el que el público se apuntó a corearlo con todas sus fuerzas.

Quizás fue el respiro, o que el grupo terminó de asentarse en el escenario, pero el final del concierto fue mucho mejor. La histórica “Los chicos están mal”, enlazada con “Marea negra”, mostró al grupo en su mejor versión. Luis Cruz estuvo brillante, y el resto de la banda no se quedó atrás, olvidando sus problemas anteriores.

La recta final estuvo dedicada a la siempre emocionante “Días de escuela”, un himno de toda una generación, que fue aprovechada para hacer las presentaciones de los músicos. Y para cerrar, José Luis Jiménez solicitó la presencia en el escenario de todos los músicos que en un momento u otro habían intervenido esta noche, para todos juntos regalarnos un emocionante “Mis amigos donde estarán”. Allí estaban Casablanca al completo, más Miguel Oñate y Raúl Santana, en un fin de fiesta memorable con el que, exigencias de la sala, terminaron por completo su actuación.

La falta de oportunidades de ver a Topo en vivo hizo que mucha gente saliera satisfecha, a pesar de que más de la mitad del concierto estuvo bastante desentonado. El buen final, unido a un buen puñado de temas míticos, hicieron que saliéramos deseando ver en otra ocasión, lo antes posible, a unos músicos que, estoy seguro, aún pueden ofrecernos muchas noches de gloria.

Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»