Debo reconocer que tenía especial ilusión por este concierto. Aunque muchos aún no se han dado cuenta, la calidad que atesora Atlas merece cualquier esfuerzo por acercarse a la banda, ya sea en estudio o en directo, porque siempre será recompensado. Acaban de editar un excelente nuevo disco, “Contra viento y marea”, cogiendo el testigo de su ya brillante debut, y llevándolo aún más allá, a unas cotas de calidad que les deberían abrir un hueco definitivo en la historia del Rock en España. Pero la situación del Rock está como está, es decir, bastante mal, y los grandes grupos apenas sobreviven a base de cambiar el chip, olvidando la quimera de vivir de esto y manteniéndose a base de tesón y de derivar parte de los ingresos generados por los empleos externos a la música. Por eso, es aún más meritorio ver que en estas circunstancias, estos músicos curtidos en mil batallas siguen en la brecha con esta ilusión y este ímpetu.
El concierto estaba inicialmente programado para el jueves anterior, pero una semana antes de su celebración se decidió trasladarlo al sábado, algo que es un arma de doble filo, ya que ahora tendría que competir con el homenaje a Marcel Jacob en Ritmo & Compás, que contaba con la siempre atrayente presencia de Jeff Scott Soto, además de grandes músicos del Rock nacional.
Llegué muy pronto a la sala, a tiempo de estar presente en la prueba de sonido y ver cómo el grupo se preocupaba de agradar a los hijos de nuestro compañero Dioforever, presentes en la sala para conocer al grupo, ya que las actuales restricciones sobre la edad mínima para acceder a estos recintos les impedirían ver el concierto. La banda puso todo de su parte para agradar a los críos, que seguro no olvidarán nunca este detalle.
También tuve ocasión de hablar con los miembros del grupo antes del concierto, y a los nervios propios de la responsabilidad de la presentación en Madrid se unían ciertos problemas físicos que se antojaban preocupantes. Mientras Manolo Arias me contaba que había agravado su tendinitis en la mano izquierda con un golpe contra una pared, José Martos apareció a saludarme. “Estoy fatal del cuello, tengo una contractura que me va a obligar a tocar con collarín”. Joder, vaya panorama. En estas apareció Ignacio Prieto, y yo ya me temía lo peor “¿Tú no estarás afónico o algo, no?” “Pues no, ¿por qué?”. Menos mal…
Se acercaba la hora de apertura de puertas, y la expectación en el exterior era mínima, muy poca gente estaba esperando para entrar. Los horarios de la sala son muy rígidos, así que la apertura de puertas se hizo a la hora prevista, y a las 8 en punto el grupo telonero salió a escena.

El Mismísimo Diablo había sido el grupo elegido para abrir la noche. Cuando la banda salió a escena, el panorama era desolador, siendo recibidos por no más de 15 personas. Durante su set, el goteo pequeño pero incesante de gente fue aumentando la audiencia poco a poco, terminando su concierto con un aforo algo más decente.
Yo no había tenido nunca la oportunidad de ver al grupo, y apenas los conocía por referencias. El músico más conocido de la banda es Vale Rodríguez por su paso por Barón Rojo, y tampoco era la primera vez que veía en directo a su cantante Mariano Bustos, ya que tuve oportunidad de escucharle hace pocos meses con su otro grupo, Quijotes Eléctricos, haciendo versiones de Rock español en una pequeña sala madrileña. La banda la completa su hermano Javier, buen guitarrista, y en esta ocasión había un joven bajista sustituyendo al titular del instrumento en este grupo, Miguel Sempere. Además, disponían de otra persona haciendo los coros y que incluso se animó a cantar una estrofa de “Escúpeme en la cara”, segundo tema de la noche tras el inicial “Tíkon”.
La verdad es que el grupo pasó bastante desapercibido. No se les pueden negar las ganas con las que afrontaron la tarea, pero lo cierto es que no lograron contactar con el poco público que presenció su actuación.
La rocanrolera “Loco” levantó algo en ambiente, sobre todo entre sus incondicionales, que intentaban contagiar al resto del personal, sin éxito. Le siguieron “Leña al mono”, con inicio blusero, “El tío paliza” y “Chalana”, que incluyó un buen solo de guitarra de Javier Bustos, el músico más destacado de la banda junto a Vale Rodríguez, quien demostró su buena técnica y experiencia.
Mariano Bustos intentó en todo momento levantar el ánimo de la gente que poco a poco iba llegando a la sala, con buena actitud y energía, aunque apenas consiguió lo que pretendía.“La copla” y la trepidante “Miedo del ayer” condujeron al grupo hacia el término de su show, que finalizaron con “Me voy”, que combina Rock y Rap con la intención de compartir con el público un estribillo rápido y pegadizo.
Quizás no fuera su momento. Y quizás una sala grande como Heineken con poca afluencia de público tampoco fuera su sitio. Por eso me gustaría ver a El Mismísimo Diablo en otras circunstancias para hacerme una opinión más justa sobre la banda, ya que lo visto esa noche no me entusiasmó demasiado.

Poco a poco la afluencia de público fue mayor, hasta conseguir un aforo suficiente para dar el calor necesario a un concierto de este calibre. Soy muy malo calculando asistencia, pero mi impresión fue que llenamos el 50 % de la sala. En sábado y con el mejor grupo del Rock nacional, la situación se tornaba algo frustrante. Quizás fuera la coincidencia con el concierto de Ritmo y Compás o quizás fuera que los hábitos de los seguidores hayan cambiado, y que el sábado no sea ya el día ideal para hacer un concierto, sobre todo en los seguidores maduros, aquellos quienes hace tiempo dejamos atrás la libertad juvenil y ahora tenemos compromisos familiares que nos permiten tener más oportunidades de “escaparnos” a un concierto cualquier otro día de la semana. O quizás es que la situación del Rock español ha llegado a un punto en el que se vislumbra el final del camino.
El caso es que quizás no estábamos todos los que éramos, pero sí éramos todos los que estábamos. Se respiraba el ambiente de las grandes ocasiones, y se respiraba mejor por la falta de aglomeraciones. Y en esas estábamos cuando, a las 9 en punto, Atlas salió a escena, con una intro que sirvió para que los músicos tomaran posiciones y comenzaran con “Odisea”, el tema que cierra su segundo disco y que en directo recuerda aún más a Led Zeppelin. Como nos había advertido, José Martos llevaba un vistoso collarín con el que intentaba apaciguar el dolor cervical que traía consigo. Delante de él, los hermanos Arias flanqueaban a Ignacio Prieto, quien desde el principio demostró ser tan buen cantante como front-man.
“Abriendo los ojos” fue la segunda en caer, rocanrolera al más puro estilo AC/DC y con la banda ya disparada. El sonido, sin ser perfecto, era lo suficientemente bueno para disfrutar del show y de cada uno de los músicos. Hubiera sido bueno disfrutar de mayor nitidez en general, y mayor presencia en los solos de Manolo Arias en particular, pero en líneas generales no fue algo que lastrara en demasía el concierto.
Ya sabemos cómo se las gasta la sala con los horarios, y Atlas tenía mucho que ofrecernos esta noche, así que el concierto no ofrecía apenas respiro. “Condenado loco” fue el primer recuerdo a su primer disco, que irían combinando con los temas de “Contra viento y marea”.
Me gustaría decir que los cuatro músicos mostraban que estaban disfrutando del momento, pero no sería cierto, porque la cara de José Martos era un poema. Su rostro reflejaba el sufrimiento que llevaba a cuestas, con claros gestos de dolor. Sólo su profesionalidad le permitió hacer un concierto tan soberbio en las condiciones físicas en las que estaba. Porque, a pesar del dolor, no disminuyó ni un ápice la energía con la que siempre aporrea los tambores, y como muestra, la brutal introducción a la batería que inicia la contundente“Nosotros somos la revolución”. Durante todo el tema José Martos fue el huracán que nos tiene acostumbrados, haciendo tándem perfecto con Ángel Arias, con quien se entiende a las mil maravillas. Ambos lideraron un tema en el que también tuvimos a un Ignacio Prieto pletórico, demostrando que anda sobrado de facultades.
Uno de los temas que más ha gustado del último disco es “Oveja negra”, y en directo suena aún mejor. La banda, perfectamente ensamblada, dio toda una lección de cómo 4 músicos de esta calidad pueden aunar sus fuerzas para sonar como banda. Además fue uno de los temas en los que lució Ángel Arias, ya que contiene un pasaje en el que el bajo es protagonista. Fue de los temas más celebrados de la noche, sin duda, como lo fue “De una vez por todas”, con previa explicación por parte de Ignacio sobre la temática que aborda: un alegato contra cualquier tipo de violencia, no solamente la violencia de género.
En el ecuador del concierto, el grupo bajó un poco el pistón para obsequiarnos con la parte más melódica del set, consistente en una dulce versión de la balada “Viviré” y el precioso medio tiempo “Demasiado bueno para durar”, con un comienzo acústico nuevo que enlaza perfectamente con el tema anterior.
Tras este impass algo más lento, Atlas volvió a su velocidad de crucero habitual con “Generación sin miedo a vivir”. La cara de José Martos seguía reflejando el dolor que estaba sufriendo en su dañado cuello, e incluso recibió ánimos desde el público, porque era notorio que lo estaba pasando mal. Pero cuando empieza el tema el comentario común era “¡cuanto más le duele más fuerte le pega, el tío!”
Al término, Ignacio quiso destacar al road manager, Nacho “bgsol”, quien está siempre al quite de los problemas técnicos que puede haber en el concierto. Un aplauso general le obligó a salir a saludar. Como si fuera una premonición, en el siguiente tema “Parte de ti, parte de mi”, la correa de la guitarra de Ignacio Prieto se soltó por completo. Nacho intentó solucionarlo, sin conseguirlo, por lo que Ignacio tocó todo el tema sujetando la guitarra, aprovechando para tocar con ella tras la cabeza, al más puro estilo Hendrix. Eso sí, el peso guitarrero lo llevaba Manolo Arias, inconmensurable todo el concierto, finalizando el tema con los acordes de “Highway To Hell”, uno de los guiños (no fue el único) que nos ofrecieron durante el concierto.
En uno de los momentos de la noche, la banda comienza a tocar un blues, que para sorpresa de todos resultó ser “Lovin’, Touchin’, Squeezin’” de Journey, impecable por parte de todos los miembros del grupo. Hacia la mitad del tema, y manteniendo la misma base blusera, enlazaron con “Si me faltas tú”, que aprovecharon para hacer cantar al público (que ya nos habíamos quedado con las ganas de cantar el “na, na, na…” del tema de Journey).
Con otro guiño (y ya iban tres) a los grandes del Rock, comenzaron la archiconocida intro del “Highway Star” de Deep Purple que desembocó en “Unidos”, el tema que abría el primer disco de la Atlas, con la guitarra de Manolo Arias en primer plano. Muy coreado por el público, el tema terminó enlazado de nuevo con el final de “Highway Star” que Deep Purple grabó en el histórico “Made in Japan”.
“El imperio de la ley”, uno de los temas estrellas del primer disco, fue de nuevo utilizado para hacer cantar al público, una práctica que está cayendo en desuso, y que fue alargándose hasta convertirse en otra exhibición de poderío vocal de Ignacio Prieto, pletórico toda la noche.
Llegado el momento de las presentaciones, se nota a la legua que estos cuatro músicos se llevan de maravilla, el buen humor reinante en la banda es algo que se contagia al espectador, y al final siempre redunda en beneficio del buen ambiente reinante en la sala.
Tras los merecidos aplausos a los héroes de la noche, la trepidante “Matar o morir” fue una apisonadora que nos llevó hasta el final ficticio habitual del concierto. Unos tímidos aplausos, consecuencia de que eso de que se ha terminado el concierto ya no cuela, hicieron volver a los músicos. Según toman posición en las tablas, Manolo Arias nos mira y comienza el riff rabioso de “Stand Up & Shout”, señalando al cielo en clara alusión a Ronnie James Dio, cuya muerte iba a tener su homenaje en el concierto, como no podría ser de otra forma. Este riff se enlazó con el de “Heaven & Hell” y“Holy Diver”… momento en el cual Ignacio Prieto entró en el escenario nombrando al gran Dio al tiempo que la banda comenzaba “Long Live Rock & Roll”, que tocaron hasta la mitad, dando por concluido el bonito homenaje a Dio, empalmándolo con “Contra viento y Marea”, tema que da título al último disco.
De ahí al final, la banda terminó pletórica el concierto con la aclamada “Da igual”, “No necesito a nadie”, con Ignacio Prieto y Manolo Arias a un altísimo nivel, y cerrando el concierto con “2040”, volviendo a demostrar que la base rítmica de Ángel Arias y José Martos es la mejor que podemos disfrutar en el Rock ibérico.
Es una lástima que la sala sólo hubiera completado medio aforo. Los que prefirieron otra opción para esa noche de sábado nunca sabrán lo que se perdieron, y es una lástima que un grupo como Atlas no esté saboreando las mieles de la gloria. Lo tienen todo, y sólo falta que su prestigio se vaya transmitiendo de boca a boca, de rockero a rockero, para que el Rock de este país les coloque en el puesto que se están ganando por méritos propios.
Mientras tanto, a los cerca de 500 afortunados que disfrutamos este concierto, ¡que nos quiten lo bailao!
Texto y fotos: Shan Tee
