ACCEPT – Viernes 28 de mayo de 2010, Sala Heineken (Madrid)

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Escribo esta reseña cuando todavía me pitan los oídos y resuena en mi cabeza el estruendo final de “Balls To The Wall” con el público rendido a los pies del grupo alemán. Hacía muchos años que no los veía en directo y me esperaba una actuación correcta de un grupo veterano, pero ni mucho menos un concierto tan intenso ni tan emocionante. Suponía que la ausencia de Udo Dirkschneider y Stefan Kauffmann convertiría a los actuales Accept en una banda de versiones de sí mismos, pero nada de todo eso. Lo de anoche en la Heineken fue una actuación de auténticos maestros del Heavy Metal.

Algo que a mucha gente no le resultó, a priori, demasiado atractivo para acercarse hasta la sala Heineken fue el hecho de que no estuviera Udo en la formación actual de Accept. Su lugar lo ocupa el norteamericano Mark Tornillo, quien fuera cantante de un desconocido grupo de New Jersey llamado TT Quick, y hay que decir sobre él que cumple sobradamente su papel, aunque existan notables diferencias entre su voz y su presencia con las de Udo. Aunque tienen timbre parecido, Mark es una especie de mezcla entre los estilos, en voz y movimientos, de Bon Scott, Brian Johnson y el propio Udo, con bastante ayuda de los coros que le arropan hasta ahogar su voz cuando es necesario.

Pero centrándonos en el concierto, la cosa empezó con los latidos de un corazón que inequívocamente era el inicio de “Metal Heart”. La abarrotada sala Heineken empezó a botar y a entregarse al grupo y ya no lo dejó hasta el último resoplo del propio Tornillo dos horas después, allá sobre las 11 de la noche. La disposición de los músicos fue la tradicional en la banda, Herman Frank (guitarra) a la izquierda, a su lado y un paso por delante el bajista Peter Baltes (este tío está igual que siempre), Mark Tornillo en el centro y Wolf Hoffmann (guitarra) a la derecha. En la parte posterior y sobre un pedestal estaba la batería de Stefan Schwartzmann, quien sustituyó a su tocayo Kaufmann allá por 1994, y ahí sigue.

Inmediatamente y al más puro estilo Ramones, algo que fue la característica principal del concierto, empezó a sonar “Midnight Mover” con muy buen sonido, como durante toda la noche. Tras ella y sin respiro “Living For Tonight”, y cuando le tocó el turno a “Restless & Wild” la sala estaba que se caía. Era difícil el subidón porque la intensidad era enorme desde el principio, pero con este tema se notó una especial entrega del personal. Los músicos reflejaban felicidad en su cara con una sonrisa permanente, interactuando con el público, dando la mano, con miradas cómplices, incluso con respuestas y comentarios. Y el respetable correspondía con una entrega que hacía tiempo yo no veía en un concierto.

“Son Of A Bitch”, “Losers And Winners” y “London Leatherboys” fueron las siguientes en sonar, con la ejecución perfecta de un grupo que lleva años tocando juntos y con una sensación de bloque y buen hacer envidiable. Ni un fallo técnico, ni un acople, ni un fallo de ejecución, sonido impecable, entrega… No quiero pasarme dando la sensación de que exagero pero este que escribe, que lleva ya unos cuantos conciertos a las costillas, y que entró a la sala algo desmotivado por circunstancias que no vienen al caso, por momentos le pareció estar participando del concierto ideal. Hacía tiempo que no tenía esa sensación.

Suena “Run If You Can” e inmediatamente después se toman un respiro. Mark presenta un tema de su próximo disco titulado “Teutonic Terror” que no desmerece del resto del repertorio basado, fundamentalmente y como se puede ver en el set-list, en su etapa hasta 1985. Buen tema que obtuvo una magnífica respuesta del público, cosas de Internet, YouTube y demás en su faceta más positiva.

“Breaker” sonó impresionante, la más potente de la noche, a la que siguió “Bulletproof” única concesión a algún disco posterior al ’86 (es del “Objection Overruled” de 1993). A continuación uno de los momentos de descanso para algunos miembros del grupo mientras bajo, batería y guitarra hacían una especie de jam. Wolf Hoffmann se erigió en el guitarra protagonista porque en él recayó la mayor parte del peso de las mismas. Suyos fueron casi todos los solos, intros y además tuvo su momento de gloria después, mientras que Herman Frank se mantenía en un discreto segundo plano con su Flying V y sus coros. Wolf alarga la introducción de “Neon Nights”, que sonó de escándalo, y al finalizar el resto del grupo se mete al backstage, pero el calvo guitarrista se mantiene en el escenario.

En 1997, Wolf publicó un LP titulado “Classical” en el que adaptaba a su guitarra y su estilo, fragmentos de obras de compositores clásicos. De este disco, con la ayuda de Stefan y después de Peter, tocó un medley en el que incluyó retazos del “Bolero” de Ravel,“Solveig’s Song” (pelos de punta), “Hall Of The Mountain King” de Edvard Grieg y“Pomp & Circumstance” de Edward Elgar. Ese rato sirvió, aparte de para el lucimiento del guitarrista, para descanso de Mark Tornillo. No debe ser fácil mantener la garganta a pleno rendimiento con ese nivel de exigencia.

Tras el momento de relax y exquisiteces, volvió la caña con “Up To The Limit” en el que me acordé de mi compañero, y sin embargo amigo, Fernando Starbreaker (él sabe por qué) y de ahí directos a otro momento de descanso para guitarristas y cantante, con Peter haciendo una demostración de su manejo del Fender Precission que le acompaña desde siempre, también con Stefan en la batería, dejando patente que, aunque las guitarras tienen un papel fundamental en el sonido de Accept, la base rítmica es una máquina que funciona perfectamente, en el estricto sentido del término.

En “Demon’s Night”, que vino a continuación, las poses del grupo con movimientos acompasados que tanto les caracterizaron en los ochenta (con permiso de Judas Priest) hicieron que el tema subiera enteros. Aunque el escenario de la Heineken no da para muchas alegrías en este sentido, no podía faltar la escenografía heavy por excelencia. Lo hicieron a lo largo de todo el concierto, pero en esta canción quedó especialmente bien.

En “Turn Me On” encontré uno de los pocos fallos en la ejecución, en este caso de Mark, que casi se ahoga en una de las subidas del estribillo. Y una sorpresa, al menos para mí, fue la inclusión de “Monsterman” del “Russian Roulette”, disco que creía que tenían olvidado del todo, pero no. Con “Burning” terminan la primera parte del concierto, saludan al respetable y se meten al backstage.

El primer bis empieza con “Princess Of The Dawn” y una pantalla led tras la batería, focos apagados, que mantiene una llama ardiendo durante todo el tema, lo que le da un ambiente perfecto. En “I’m A Rebel” se apaga la llama y se enciende el logotipo del grupo en luces blancas, y al finalizar vuelven a meterse al backstage, pero no tardan en salir tras los oé-oé-oé-oé… correspondientes. Suena la inconfundible intro de “Fast As A Shark” y se lanzan al ataque con toda la sala en ebullición. Impresionante. Pero el delirio absoluto llega con el último tema de la noche, “Balls To The Wall”, que deja un sabor de boca inmejorable y la sensación de que han sido las dos horas de concierto más cortas de los últimos tiempos.

Set-List abrumador, puesta en escena que hizo retroceder 25 años en el tiempo, sonido, ejecución… ya digo, un conciertazo en toda regla con todo lo que tiene que tener un concierto de Heavy Metal. No importó que el escenario se quedara pequeño, que faltaran algunos de los miembros originales o que hubieran pasado tantos años desde la última vez, Accept siguen vivos, a punto de publicar nuevo disco y con una energía que ya quisieran muchos.

La sonrisa de oreja a oreja de los músicos y del público hizo que aquella fuera una noche para recordar.

Texto: Alvar de Flack

Fotos: Raúl “Akira”