Estoy soso, sin ganas, apático, desconectado, cansado y sin inspiración. Quiero escribir la editorial de este mes pero me resulta imposible. No sé de qué hablar, y no será por temas… pero están todos bastante sobados ya.
Me gustaría hablar de la madera del diapasón de los bajos de seis cuerdas, soy músico y me apasiona el tema, pero no creo que me siguiera mucha gente en el segundo párrafo, y seguro que saldría alguien que me tacharía de friki, así es que tengo que buscar un tema más “de masas”, algo como lo mal que está el negocio, o de las descargas por internet y ya, de paso, pongo pingando a la SGAE, a Don Ramón, Don Eduardo y los demás “Dones”. Aunque, pensándolo bien, a lo mejor si no hablo de ellos algún día me regalen un silloncito en la sede de la calle Fernando VI Nº 4 (esperad, que vomito y vuelvo).
¿Qué tal de lo auténticos que somos todos?… No sé, no termina de convencerme, creo que sólo hemos hablado de eso en trescientasochentaycinco editoriales y media, quizá esté verde todavía el tema. A ver si lo maduro y digo algo, pero hoy no… ¡mañana!
¿Y qué tal sobre Barón Rojo? Podría hablar de si deben retirarse ya o seguir en este mundo, de si no se hablan los hermanos con los otros dos, de lo mal de voz que está Carlos, de que Sherpa no se mueve, del solo de batería de Hermes… Estaría bien, pero probablemente nos saldrían 20 páginas en el foro, así es que mejor vamos dejando espacio para hablar de otras cosas más interesantes, como la cerveza o la actualidad futbolística, que son temas mucho más gratificantes.
El caso es que no me resisto a que Foscor, Gothmog, Nadsokor, Rozenhill, Niobeth o Crosswind pasen desapercibidos, así es que podría hablar de estos interesantísimos grupos en una editorial en la que resalte su futuro prometedor gracias a webs que se aprovechan de su capacidad de atracción de lectores, como de moscas a la mie… l, a la miel. Pero no, creo que todavía no les ha llegado su turno, aunque tengan espacio merecido en otro sitio de este mismo sitio.
Pues eso, que no sé de qué hablar, así es que me temo que este mes os quedáis sin sesuda editorial que os haga trabajar las neuronas en introspectiva disertación sobre el sentido que de la vida se obtiene al comparar nuestra existencia con el anacronismo que supone mantener el status quo musical mientras las cosas evolucionan a nuestro alrededor y, además, en sentido totalmente opuesto en ocasiones.
Anda, fíjate, podría haber hablado de eso… Lástima, en la próxima.
Alvar de Flack
