SANTELMO + SIBILA – Viernes 9 de abril de 2010, sala Penélope (Madrid)

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De vez en cuando un grupo irrumpe en la escena rockera con fuerza, dejando en la mínima expresión el tiempo transcurrido entre su estreno y el asentamiento en la élite. Santelmo es uno de esos casos, pero lo suyo tiene truco. Es un grupo nuevo, pero con componentes sobradamente conocidos por sus anteriores andanzas. La cabeza visible es Jerónimo Ramiro, guitarrista cuya larga trayectoria camina de la mano con su amplio prestigio. No voy ahora a repasar de nuevo su curriculum, ni el del resto de componentes de la banda, ya que puedes recordarlo (si te apetece) en la reseña del disco que publicamos hace unas semanas en esta santa casa.

La puesta de largo del grupo tuvo lugar hace un par de meses en la madrileña sala Ritmo & Compás, donde además de mostrarnos en vídeo algunas de las interioridades del grupo, pudimos ver por primera vez a la banda sobre un escenario, ya que hicieron un pequeño set en directo que nos mostró bien a las claras la competencia de Santelmo en directo.

Ese adelanto, más la buena aceptación de su disco debut, nos hizo animarnos a presenciar la presentación oficial del grupo en Madrid. La presencia de Sibila como grupo telonero era un aliciente más, pues nunca había tenido oportunidad de verlos sobre las tablas.

Hacía muchos años que no me acercaba a la sala Penélope. De hecho, ni recuerdo la última vez que puse mis pies allí, así que mis recuerdos sobre ella estaban cercanos al cero absoluto. José Martos, batería de Atlas, al que me encontré nada más entrar, me recordó que allí era donde se grababa el programa de TV “Tocata”, allá por los ’80. No me dio tiempo a más, puesto que en enseguida apareció en escena la primera banda de la noche.

Apenas me dio tiempo a colocarme en una posición donde hacer unas fotos decentes y escuchar con atención el concierto, el grupo ya estaba atacando con“Iré a por ti”. El grupo salió con ganas, pero la deficiente calidad de sonido que llegaba al público nos dejó un poco descolocados. La batería de Pepe Peral se comía casi todo, en especial la caja, y tanto la guitarra de José Carlos Martín “El Rubio” como el bajo de Carlos Llorena se oían poco y mal. La consecuencia era que la voz de Begoña Sánchez se oía desnuda y un poco fuera de lugar, a pesar de sus esfuerzos por no salirse del tono correcto. “Tu cruel realidad”, primer tema de su último disco “Fe, acero y corazón” siguió el mismo camino, y no fue hasta “Pagarás”, con un buen solo de guitarra de José Carlos en el inicio, que el sonido comenzó a mejorar, sin llegar a ser nunca bueno.

La banda lo estaba dando todo, de eso no hay duda. Excepto José Carlos Martín, más estático, el resto del grupo vive los temas tanto como el público, buena parte del cual desconocía las canciones de la banda. Tanto por imagen como por el estilo, Sibila suena a grupo ochentero de forma inequívoca, algo que nos agrada a los que vivimos aquella época. Sobre elescenario, además de la siempre llamativa figura de la front-woman que es Begoña, sorprende la presencia muy heavy de Carlos, que con su Rickenbaker llena todos los huecos tanto musicales como escénicos. Y tras todos ellos, la batería de Pepe Peral arrasando con todo. Pepe tiene una técnica mejorable, pero una pegada demoledora, lo que imprime mucha fuerza al grupo en directo.

“Sangre envenenada”, otro tema del nuevo disco, sonó fuerte y contundente, y sirvió para que el grupo se encontrara a sí mismo y empezara a mostrar de lo que son capaces. A pesar de que la mayoría de sus temas sonaban similares, producto también del deficiente sonido, Sibila lograba algunos momentos de lucimiento personal, que mejoraban la impresión de los temas. Es el caso de “En las blusas”, donde Begoña y José Carlos brillaron a buen nivel.

El único respiro que nos ofreció su concierto fue la balada “¿Dónde está Dios?”, perteneciente también a su último disco, y donde Begoña se luce especialmente, con el resto del grupo simplemente acompañándola.

De ahí al final, caña y más caña: “Sin alma” y “Crisantemos” fueron tocadas con rabia, fuerza y pundonor, llegando al final del concierto con el tema que da nombre al grupo,“Sibila”, tan trepidante como las anteriores y que sirvió para dar punto final a su aportación a esta noche.

Era la primera vez que veía a Sibila en directo, y su posición de teloneros, más el deficiente sonido que sufrieron, me han abierto el apetito para verles en otra ocasión. 

Han pasado apenas dos meses desde que el disco se puso a la venta, y apenas han dado cuatro conciertos, incluido el mini-set que pudimos disfrutar en Ritmo & Compás. Pero la sala Penélope, de un aforo de 300 personas, estaba llena. Y, como pudimos comprobar durante el concierto, la mayoría de la gente se llevaba el disco bien “empollado”. La media de edad del personal no era tan avanzada como podría suponerse de unos músicos con este pedigrí, sino que había mucha gente joven, sin duda compartiendo afición con el público que habitualmente sigue a Saratoga.

Con un intervalo razonable tras la actuación de Sibila, teniendo en cuenta que tenían que montar los teclados de José Manuel Paz, el grupo tomó posición en el escenario. Antes de que nos diéramos cuenta, “se abrieron los toriles” y el grupo nos atropelló con dos temas enlazados, “Los Creyentes” y “Pídeselo a Dios”, muy enérgicos y contundentes, con la banda desmelenada desde un principio.

En mi fuero interno yo tenía la esperanza de que Santelmo hubiera tenido más tiempo para probar sonido, y que la calidad de éste mejorara en gran medida con respecto a Sibila, pero lo cierto es que Santelmo tampoco sonó bien en toda la noche. Es una verdadera lástima que el talento y el esfuerzo de unos músicos notables se vea ahogado por la falta de calidad sonora, pero es algo que nos ha tocado soportar demasiadas veces.

A pesar de ello, estos primeros minutos asentaron lo que iba a ser todo el concierto. Y excepto el hándicap del sonido, lo demás fue positivo. Primero por parte de los componentes del grupo, grandes músicos a los que se les veía, además, con muy buen rollo entre ellos. A Jero no le vamos a descubrir a estas alturas, es uno de los grandes guitarristas de este país, pero a quien sí va a descubrir mucha gente es a Manuel Escudero, un grandísimo cantante que es el otro pilar sobre el que se sostiene el grupo. De voz poderosa y versátil, afronta con solvencia canciones de todo tipo, desde las más melódicas a las más cañeras. Esto yo ya lo sabía, pero lo que descubrí esa noche fue la gran aportación de la base rítmica: Jaime Olivares (batería) destaca por su fuerza y fiereza, y Luisma Hernández es un bajista muy brillante, que sabe cuando sacar el virtuosismo y cuando debe ponerse machacón para darle ritmo a los temas. Quien pasó más desapercibido fue el teclista José Manuel Paz, muy afectado por los problemas de sonido, hasta el punto de que en la mayor parte del concierto sus teclados no se oían en absoluto.

Precisamente Jaime Olivares nos dejó anonadados en el siguiente tema, “Ángel y Demonio”, tremendamente potente a los tambores. Otro de los puntos a favor del concierto fue la actitud del público. Entregado desde el principio, y conociendo las letras de las canciones al dedillo, fue parte muy importante de que el concierto fuera un éxito, sorprendiendo incluso al propio grupo en este sentido, según se les veía en las caras.

Y claro, si con canciones que tienen meses de antigüedad la gente estaba encantada… recuperar aquel “Reencarnación” que abría el primer disco de Santa fue el acabose. Cuantos recuerdos y cuanta energía desprende esta canción. ¡Y qué bien da el tipo Manuel Escudero! El tema, de tesitura vocal muy exigente, es acometido por Manuel con mucha solvencia, no desmereciendo la exuberante interpretación original de la tristemente fallecida Azuzena.

Y la exhibición vocal de Manuel Escudero no terminó aquí. “Si tú quisieras” fue otra demostración de facultades. No sólo suya, sino que todo el grupo, ya perfectamente acoplado y consciente del éxito del concierto, se gustó interpretando el tema con brillantez.

Pero el público estaba empeñado en hacerse protagonista, y a fe que lo consiguió. “Años de plomo y fuego” fue cantada de principio a fin como si fuera un clásico con años de antigüedad. La cara de satisfacción de Manuel y de Jero era impagable. Decir que Jero estuvo brillante a la guitarra es casi de Perogrullo, pero excepto en algunos momentos en el que tuvo problemas técnicos, el resto del show estuvo inconmensurable.

Llegábamos al ecuador del concierto, y el grupo decidió dar un repaso al pasado reciente de Jero. El recuerdo a Saratoga estuvo presente con “Tras las rejas”, y por el entusiasta recibimiento del público, estaba claro que muchos de los fans presentes eran “heredados” de esa época. Y también hubo hueco para su proyecto en solitario, que nos dejó un disco llamado “Tenebrarium” y del que rescataron “El Escarapión”, un tema instrumental que permitió el lucimiento tanto de Jero como del resto de la banda (excepción evidente de Manuel Escudero, descansando entre bambalinas), y con especial protagonismo de Luisma Hernández en el que puso de manifiesto su depurada técnica al bajo.

Llegado este momento, tendríamos el único respiro del concierto en cuanto a caña. Los pipas (roadies, que dicen los guiris…) montaron una guitarra electroacústica sobre un atril en el sitio de Jero. El instrumento era precioso, el momento prometía mucho pero… la guitarra no sonaba. Tras varios intentos y algunas conversaciones con el encargado de la mesa, se consiguió que la guitarra sonara mínimamente, sin el volumen y la calidad deseada pero suficiente para regalarnos una preciosa versión de la dulce “Si amaneciera”, rescatada del repertorio de Saratoga, y recortada porque tras el solo se enlazó con “Daría lo que fuera”, la preciosa balada incluida en el disco de Santelmo. La voz de Manuel Escudero, poderosa en los temas más heavies, se adapta de maravilla a los temas melódicos, aunque esta noche no importaba demasiado, ya que el público la cantó por completo, sorprendiendo al propio grupo, que inteligentemente alargó el tema, empezando de nuevo la parte melódica tras la más enérgica, jugando con la intensidad y la entrega que había encontrado en el público. Realmente un momento para recordar.

Tras esta sobredosis de emotividad, Manuel Escudero fue presentando uno a uno a los miembros de la banda, que saludaron cada uno haciendo un microsolo con su instrumento. Tras presentarse ellos, Manuel empezó a hablar de la historia de Jero, y de los tiempos de Santa, en concreto del disco “Templario”, que a pesar de que en su momento fue un fracaso de ventas, el tiempo le ha concedido la importancia que se le negó en su momento. Aquel disco fue el de la sustitución de Azuzena por la bella cantante argentina Leonor Marchesi, que se encontraba en la sala dispuesta a hacerse un tema con el grupo, en concreto “Fuego en el alma”. Todo un lujo tener la oportunidad de disfrutar de Leonor Marchesi sobre un escenario, quien demostró que los años no han pasado por ella, ni en el apartado físico (sigue siendo muy atractiva) como en el apartado vocal. A pesar de que yo siempre pensé que su voz está más orientada al blues (opinión personal), la verdad es que su interpretación fue perfecta, junto con Manuel Escudero, quien se adapta a la perfección a lo que le echen.

Leonor Marchesi fue despedida con una gran ovación, y Manuel presentó al siguiente invitado, el “lujurio” Óscar Sancho, todo un vendaval allá por donde pasa. Inmenso frontman, su presencia siempre es un torbellino y encarna mejor que nadie en nuestro país el espíritu heavy metal. El tema elegido para su colaboración, “Fuego negro”, fue todo un torrente de fuerza, con los dos cantantes, Óscar y Manuel, relevándose para cantar y animar al público.

Óscar Sancho se despidió con el público metido en el bolsillo, y Santelmo retomó el show. Para ello, Manuel bromeó sobre los últimos temas que habían tocado: “Fuego en el alma”, “Fuego negro”… y para completar el trío, rescataron “Rojo fuego” de la etapa Saratoga, lastrada por los problemas con la guitarra de Jero, quien no dejó de pelearse con ella en toda la canción.

La recta final del concierto fue apoteósica. Una pequeña introducción a los teclados, sobre los que Jero empezó a tocar unas notas prestadas del sempiterno “Concierto de Aranjuez” del maestro Rodrigo, y una exhibición vocal de Manuel Escudero desembocaron de repente en el “Bosque de hojas muertas”, recibida por el público con entusiasmo y cantándola como si fuera un viejo clásico. Tanto fue así que el grupo calló para que los cantos del personal se convirtieran en protagonistas. Y las ganas de cantar no quedaron ahí, porque lo mismo se podría decir de “Hijos de la madre Tierra”, cantada por el público de forma notoria. De hecho, el grupo terminó la canción, pero el público no estaba conforme, y siguió cantando el estribillo para satisfacción del propio grupo.

La bomba final, antes de los bises, estaba reservada al tema elegido como single del disco recién editado. Vale, ya sé que los singles hace tiempo que pasaron a la historia, pero “Junio del 44” es el tema de presentación de Santelmo, vídeo-clip incluido. Tras disculpar a Leo Jiménez, que deseaba estar presente para cantar el tema, tal y como hace en el disco, pero al que un compromiso en otro lugar de España con su nueva banda impidió acompañar a Santelmo en esta ocasión. Tampoco se le echó demasiado en falta, porque el mayor aliado de Manuel Escudero para cantar el tema fue, cómo no, el público, quien acompañó a la banda a finalizar de forma pletórica el concierto.

Solo quedaban los bises, bien solicitados por el público, y para los que habían reservado un par de temas. El primero, actual, “Rey Gitano”, trepidante y de clara inspiración Deep Purple. En el disco, los teclados tienen gran protagonismo, pero en directo esta circunstancia se quedó a medias, y no por culpa de José Manuel Paz, que le puso toda su intención, sino porque el sonido de sus teclados apenas podía escucharse entre el demoledor ímpetu del resto de la banda. Y como colofón, el último de la noche: “Perro traidor”, de la época Saratoga, que convirtió el final del concierto en un terremoto en el que público y el grupo descargaron toda la adrenalina que les quedaba después de dos intensas horas de concierto.

Santelmo es un grupazo. Esta noche demostraron que, a pesar de los problemas de sonido, consiguieron un éxito memorable. Estoy seguro que este buen inicio de su andadura no será más que el principio, y se convertirá en uno de los grupos referentes de Metal en España, si no lo es ya.

Y yo estuve allí para dar fe.

Texto y fotos: Shan Tee