Editorial Mayo 2010: “…Y el Rock no nos unió por Haití”

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Todos nos quedamos impactados por el desastre ocurrido en Haití. La Madre Naturaleza se ensañó con uno de los países más pobres del planeta, y las imágenes de desolación inundaban los telediarios día tras día. El sentimiento de tristeza e impotencia a este lado del mundo apenas se mitigaba con los donativos que, quien hemos considerado conveniente, hemos entregado a alguna de las ONGs encargadas de llevar ayuda humanitaria a aquel país.

¿Podríamos hacer algo más? En la memoria colectiva estarán siempre las iniciativas que desde el mundo de la música se han tomado para ayudar a las personas desfavorecidas. El mundo del Rock no ha sido ajeno a ello, y todos recordamos aquel hermoso proyecto “Hear’n Aid” liderado por Ronnie James Dio, que reunió a algunos de los mejores cantantes y guitarristas del mundo para recaudar fondos contra el hambre en África, la versión rockera del “We Are The World” que Michael Jackson organizó junto a estrellas del Pop en las cuales apenas aparecía algún rockero (Bruce Springsteen y Steve Perry eran las excepciones).

La tragedia de Haití sacudió las conciencias de todos los habitantes del llamado Primer Mundo. Por todas partes surgían iniciativas para recaudar fondos para un pueblo que antes del terremoto ya pasaba hambre, y que tras el seísmo su situación se tornaba insostenible. En España, desde todos los ámbitos de la cultura se generaban iniciativas para ayudar al pueblo haitiano.

Me llevé una gran alegría cuando vi que el Rock no iba a ser menos. Recibí una llamada de José Martos, uno de los baterías de más prestigio en este país, contándome que pensaba organizar un concierto benéfico para ayudar a Haití. Y que necesitaba ayuda, preguntándome si podía contar conmigo. Por supuesto, acepté de inmediato.

No íbamos a estar solos. Este mismo ofrecimiento lo habían aceptado también un puñado de músicos de la élite del Rock español: Ignacio Prieto, Javier Mira, Óscar Sancho, José de Benito, Nico del Hierro, Tony Hernando, José Luis Campuzano “Sherpa”, Luis Cruz, Lele Laína, José Luis Jiménez, Juanjo Melero, Fortu, Miguel Oñate, Alos, Tony Ferrer, Jerónimo Ramiro y Juan Olmos, más el manager Marcos Sánchez, se habían comprometido a ayudar a llevar esta iniciativa a buen puerto.

Pronto empezaron las primeras reuniones para dar forma al concierto. Se trataría de un festival benéfico en el más amplio sentido de la palabra. Nadie iba a sacar ningún tipo de beneficio económico con ello, y no hablo sólo de los músicos. Ni grupos, ni técnicos de sonido o luces, ni personal de seguridad… nadie cobraría un duro por su trabajo. La sala cedería sus instalaciones sin contraprestación alguna y, en definitiva, todo el trabajo sería voluntario y no compensado. Y, por supuesto, no habría acreditaciones de ningún tipo, todo el mundo pasaría por taquilla para recaudar la mayor cantidad posible y que los ingresos fueran íntegros para Haití.

Se contactó con la sala Caracol, quien se mostró de acuerdo con la idea, y cinco grupos, todos ellos de primer nivel, fueron los elegidos para hacer un festival coherente, en un recinto que pudiéramos llenar, dado el poder de convocatoria actual del Rock nacional. Se contactó con una ONG que pudiera canalizar la ayuda recaudada hasta Haití y se empezaron los primeros contactos con los medios de comunicación (incluidas algunas televisiones) para organizar una campaña de promoción que llegara a todo el mundo. Incluso teníamos elegido el lema: EL ROCK NOS UNE… POR HAITÍ, idea de Ignacio Prieto.

Y en esas estábamos cuando nos llegó la noticia de que otro evento similar se estaba organizando a la vez. Y, por lo visto, mucho más ambicioso. Un macrofestival enorme con cerca de 40 grupos, entre los cuales estaban los mismos que iban a tocar en nuestro concierto. Liderando el proyecto, Pepe Mari San Segundo, ex-bajista de Bella Bestia y Beethoven R., se había liado la manta a la cabeza para organizar este monstruoso festival que iba a organizarse, según supimos, en la sala La Riviera. A decir verdad, la idea nos pareció descabellada, por lo desproporcionado. Sería un festival de más de 12 horas en el que los numerosos grupos anunciados apenas tocarían media hora cada uno, y en el cual casi la mayor parte del Rock nacional estaría implicada.

Sinceramente, el proyecto nos pareció utópico e irrealizable, y unas llamadas telefónicas nos confirmaron que no estaba tan avanzado como parecía. Pero pasados unos días vimos que Pepe Mari mandaba correos confirmando el festival y daba la impresión de que tenía todo más atado de lo que creíamos. Así que le dimos el beneficio de la duda.

Decidimos que no tenía sentido celebrar dos festivales similares, con los mismos grupos (nuestros 5 grupos elegidos también aparecían en la publicidad del otro festival). Era un sinsentido que ambas organizaciones compitiéramos absurdamente, así que José Martos decidió cancelar nuestro proyecto, con el consentimiento natural de todos los que estábamos incluidos en él, dejando que el festival liderado por Pepe Mari pudiera crecer sin competencia. Y, por supuesto, nos ofrecimos a ayudarle en lo que considerara necesario.

Desgraciadamente, no tardamos en darnos cuenta de que nuestra desconfianza inicial se iba a confirmar. Unos cambios de fecha y sala (se llegó a anunciar una semana más tarde en la Plaza de Toros de Vistalegre) dieron paso a una creciente sequía de noticias que desembocaron en lo que nos temíamos: todo se quedaba en agua de borrajas.

Una pena. Con nuestra plataforma desecha y la moral resquebrajada, vimos que entre unos y otros, la casa sin barrer. Habían pasado ya algunos meses, y el ímpetu inicial de la sociedad hacia Haití se había calmado, algo definitivo en el éxito del proyecto.

Como siempre, al Rock español le sobra ilusión y le falta organización. Muchas buenas ideas y demasiada improvisación. Y así nos va. El gran público llevando a los altares a los grupos pop, muchos de ellos con talento escaso (siempre hay excepciones) pero con mejor organización y marketing. Y nosotros, a verlas venir. Aún así, me siento orgulloso de pertenecer a esta familia que es el Rock. Con sus tiranteces, sus envidias y sus equivocaciones. Como en todas las familias. Pero con la mayor de las ilusiones. Espero y deseo que algún día aprendamos de nuestros errores y consigamos dejar atrás la imagen de anarquía que siempre nos ha acompañado.

Sé que algunos de vosotros habíais oído algunas informaciones sesgadas, rumores o noticias confusas. Alguno había confundido ambas iniciativas (no me extraña, la verdad), y me habíais preguntado lo que yo sabía del tema. Así que aprovecho la oportunidad que me da este editorial para exponeros mi conocimiento sobre este asunto. Sólo me queda dar las gracias a José Martos y al resto de componentes de este intento por haber contado con The Sentinel en general, y conmigo en particular, en esta aventura frustrada.

Shan Tee