Acabo de llegar de ver a Saxon, Motorhead y Judas Priest de un sitio en el que no cabía un alfiler. Más de 60 euros la entrada, pero los más de 10.000 que estábamos en La Cubierta (100% del aforo y quizá algo más) los pagamos con cierta alegría, al fin y al cabo el cartel era más que tentador y habíamos hecho previamente un ejercicio de selección que permitía gastarse semejante pasta en los tiempos que corren.
Exactamente una semana antes, un festival en la misma localidad del que acabo de comentar, con Atlas, Mr. Rock, Recover, Scarface y Phase II Phase y 8 euros por entrada reunía a poco más de 150 personas en un auditorio en las que caben unas 1.200. Pinchazo importante.
La razón, supongo, tiene que ver con lo atractivo del cartel, pero por ese precio, un sábado de julio, con cinco grupos en un sitio digno con acústica decente… en fin, que los 8 euros (10 en taquilla) tampoco parece que sea la razón, aunque todo suma. Entonces ¿cuál es?, el desplazamiento, algún tipo de animadversión a los grupos de aquí, indiferencia… Porque, aún siendo cierto que la escasez de líquido en los bolsillos rockeros es más que evidente, no parece que lo que el personal se ahorra en discos a cambio de descargarse archivos vaya a parar a invertir en conciertos en vivo.
Ya hemos hablado en muchas ocasiones de lo que ha cambiado todo esto, de la desaparición de las discográficas, de que los grupos paguen por tocar etc. pero es muy difícil mantener la actividad si sigue cundiendo la apatía. Como todo el mundo sabe, sólo unos cuantos elegidos viven de la venta de discos. Los grupos modestos (y no tanto) viven de los directos, y si se programan actuaciones y la gente no va, llegará un día en el que los conciertos serán parte de la historia, como lo va a ser dentro de poco el soporte físico de los discos o la música en general tal y como la conocemos. Es imposible mantener una actividad más o menos regular si no hay ingresos que cubran los gastos por desplazamiento o por adquisición de material, grabaciones, etc. Ojo, que no se me ocurre hablar de beneficios que permitan vivir de ello, sino de sufragar gastos o perder lo menos posible.
No se trata de obligar a nadie a ir a conciertos que no le interesen (hace años interesaba todo, otra cosa que ha cambiado) ni de pedir limosna para que esto no se muera, creo más bien que hay que ofrecer calidad en forma de buenos grupos en sitios dignos, con sonido decente y trato respetuoso y así educar a la gente en las buenas prácticas, entre las que está ser exigentes. Si acostumbramos al público a esto, como ocurre en otros sitios (y este es un buen momento porque los promotores están con el agua al cuello) seguro que no volveremos a encontrarnos con todo lo contrario, que fue lo que ocurrió el pasado día 30 en La Cubierta porque, aunque los grupos son enormes y cumplieron más que bien, ni el sonido, ni el sitio, ni el trato, ni nada de nada estuvo acorde con la excelente calidad de los 60 euros que pagué por ello.
Si estamos permitiendo que, en aras de no se qué razón relacionada con la crisis, nos den mierda a cambio de la misma cantidad de dinero que podríamos pagar por recibir respeto, entonces estamos enterrando la música en directo. No podemos permitir pagar un dineral por ver a Blackfoot en condiciones penosas, mientras grupazos nacionales se comen los mocos y no llenan salas ni tirando las entradas por el suelo y sonando como es debido. No creo que tengan que ser las organizaciones de eventos quienes saquen tajada de la situación económica, es mucho más fácil lo contrario, porque somos más y porque es el momento de exigir si quieren hacer negocio, obligarles a hacer las cosas bien ya de una vez y así colocar el listón del respeto en el sitio en el que debía estar desde hace ya muchos años.
Se está demostrando que se pueden organizar conciertos dignos a un precio asequible. También se está demostrando que se puede robar y además tratar a las personas como ganado. Y, por supuesto, también se está demostrando que a muchos no les importa recibir desprecio a cambio de sumas importantes de dinero, pero despreciar calidad asequible. Mientras no nos pongamos de acuerdo y sigamos siendo así de permisivos, nos estaremos cargando la música, y además a pasos agigantados. Tiempo al tiempo y un poco más de dignidad, joder.
Alvar de Flack
