Editorial Febrero 2012: “Un par de reflexiones sobre el futuro inmediato”

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Todavía no tengo la opinión formada sobre si el cierre de páginas como Megaupload y similares es beneficioso o no para el futuro de la música. Digamos que me debato entre la alegría de encontrar un clavo ardiendo al que agarrarse en materia de derechos de autor y lo que ello conlleva de sostenimiento económico de artistas, y la pena de no poder acceder a la música de forma menos costosa para el bolsillo, ahora que los tiempos obligan a invertir el dinero en asuntos de mayor necesidad.

La fina línea que separa la libertad de uno y los derechos de otros está más difusa que nunca, pero creo que la gran mayoría coincide en que si no actuamos ya mismo, la música tal y como la hemos conocido tiene los días contados.

No quiero decir con esto que esté de acuerdo o deje de estarlo con esa medida, ya he dicho que estoy formando la opinión, pero lo cierto es que, con la excusa de proteger a unos se han llevado por delante bocados de libertad de otros, por ejemplo de aquellos que utilizábamos ese tipo de almacenes virtuales para intercambiar, guardar o compartir determinadas cosas de ámbito personal que no estaban sujetas a derechos de autor y eso es, como mínimo, ilegal, pero ya sabemos que en el “país de las libertades”, Paraíso Terrenal, se toman decisiones “ad hoc” en función de lo que a unos pocos les pide el cuerpo.

Mientras tanto seguimos con más de lo mismo, cada vez se venden menos discos, los músicos ya no pueden vivir de ello (excepto una pequeña élite), el “negocio” ya no es tal, al menos como se le ha conocido tradicionalmente, las tiendas van desapareciendo, los espacios dedicados a la venta de soporte físico en las grandes superficies son cada vez más pequeños… en fin, la decadencia del sistema en todo su esplendor, con el agravante de la situación económica que está retrayendo el consumo en general y de música en particular.

Ante este panorama, lejos de tomar medidas de ajuste de precios y de limitación de beneficios empresariales por parte de las compañías de discos o los promotores de conciertos, nos encontramos con que se sigue intentando exprimir los maltrechos bolsillos de los aficionados en forma de, por ejemplo, 75 euros por una entrada para ver a Dream Theater en la gira que los traerá a España a finales de febrero. 75 euros son 12.500 pelas de las de antes, el salario de dos largos días de trabajo de muchos mileuristas potencialmente asistentes a dicho concierto y, por supuesto, todo un mundo para cinco millones de trabajadores desempleados de este país.

Se habla mucho de adaptarse a los nuevos tiempos con el cambio de formato, la desaparición del soporte físico etc… etc… algo discutible desde mi punto de vista, pero lo que no tiene mucha discusión es que, si no se adaptan los precios a la situación real, difícilmente van a sobrevivir unos y mantener viva la llama otros. Quizá gran parte de la culpa sea nuestra, de los aficionados, quiero decir, porque habrá muchos que hagan el esfuerzo sobrehumano de ir, aunque luego se lo ahorren en comer, pero creo que deberíamos reflexionar todos sobre esto. No están los tiempos como para mantener determinadas prácticas.

Alvar de Flack