Editorial Julio 2012: “Los Talfis”

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A todos nos gustan los grandes conciertos en escenarios grandiosos. Esos grandes montajes escénicos que tienen cabida en Plazas de Toros, Campos de Fútbol o Pabellones Deportivos de grandes dimensiones. Y hemos alucinado con las grandes infraestructuras utilizadas, la mayor parafernalia visual puesta al servicio de la música, para engrandecer el show y hacerlo inolvidable.

Seguro que muchos de vosotros habréis valorado ese esfuerzo tanto técnico como económico que los grandes grupos, normalmente extranjeros, se pueden permitir, y que hacen que sus conciertos vayan mucho más allá de lo musical para ofrecer un show completo con un componente visual espectacular. Diseñadores, ingenieros, técnicos… más una cantidad considerable de trailers para transportar tal cantidad de material de una ciudad a otra, atravesando el mundo.

Lo que quizás mucho no sepáis en que en cada ciudad hay una empresa que se encarga de ofrecer mano de obra local para, conjuntamente con los técnicos desplazados con el grupo en cuestión, hacer posible que estos escenarios y todo lo que sobre ellos se construye puedan montarse y desmontarse el poco tiempo disponible. Esta mano de obra, llamada por los guiris “Local Crew”, es de la que os voy a hablar.

Hace algo más de 20 años, en mi época de estudiante, tuve la ocasión de trabajar con ellos durante un tiempo, participando en el montaje de varios de estos macro-conciertos, introducido por mi amigo “Cuaresmático”. Nunca pasé de ser uno de los nuevos, ya que pertenecía al grupo de los que se tomaban este trabajo como algo eventual, al lado de los que habían hecho de ello su profesión. Tomando el nombre de la empresa que gestionaba esta actividad, se llamaban “Los Talfis”.

Mi experiencia con ellos se limitó a una decena de conciertos, repartidos en varios años. Pero fue más que suficiente para descubrir la parte interna de estos grandes shows, tener una valiosa fuente de anécdotas y conseguir una experiencia personal que me ha ayudado a enriquecerme personalmente.

Pero, sobre todo, me hizo descubrir a un grupo humano increíble. Un puñado de personas que afrontaban este duro trabajo con la máxima profesionalidad y garantías de éxito. Y lo hacían con el mejor humor, llenando de risas y buen ambiente un trabajo muy duro que ponía a prueba el físico y el talante de todos ellos. Jornadas maratonianas sin límite de horas, mal pagados y sin tener nunca la certeza plena de poder cobrar su trabajo, los “Talfis” afrontaban su tarea con la mejor disposición. Cargando toneladas de vigas de hierro, encaramándose a decenas de metros de altura, montando y desmontando el escenario como si fuera un puzzle… sin su labor no podríamos disfrutar de este gran espectáculo.

Hace pocos días cayó en mis manos una vieja foto de aquellos tiempos. En ella, el gran Domingo J. Casas inmortalizó a algunos de aquellos “Talfis”. No recuerdo ninguno de sus nombres reales, ni sé si los supe alguna vez, pero aunque estoy seguro de que ni el “Rubio”, ni el “Cata”, ni el “Pifo”, ni el “Trucha”, ni el “Berger” se acuerdan de mi, yo me siento en deuda con ellos porque me enseñaron cómo el más duro de los trabajos puede afrontarse con la mejor actitud, y que la camaradería y el espíritu de equipo hace posible disfrutar de esta dureza. Y creedme que me ha servido de mucho en mi vida.

Hoy, más de 20 años después, cada vez que voy a un gran concierto me fijo en ellos. Unos han cambiado, algunos se mantienen… pero siempre valoraré su inestimable labor y su manera de afrontarla.

Ellos no sólo son también son parte del Rock. Ellos son el Rock.

Santi Fernández «Shan Tee»