LETZ ZEP – Miércoles 19 de enero de 2011, sala Heineken (Madrid)

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Según el propio Robert Plant, ver en directo a Letz Zep es lo más cerca que se puede estar hoy en día de un concierto de Led Zeppelin, así es que quise comprobar si me impresionaban tanto como lo hicieron en su día Zolo Zeppelin, o lo que es lo mismo, La Vacazul de Jairo Zabala disfrazados de Page, Plant, Bonham y Jones. El concierto tenía, además, el aliciente de ser el primero que veía en un recinto cerrado sin temor a salir con el pestazo a humo de siempre, ni a que me quemaran la camiseta con la colilla de alguien de alrededor. Así es que, más feliz que un regaliz, tomé posiciones para ver cómodamente (tres horas y media de pie) a Letz Zep, eso sí, previa puñalada en la barra por calmar la sed con una cerveza, pero esa es otra historia de la que algún día hablaremos.

De entrada, el concierto empezaba a las 21:00 h, y pasaban 20 minutos de la hora cuando empezó a sonar “Rock And Roll”, así es que eso de la puntualidad británica nada de nada. Con un lleno sin apreturas, sirvió para ir calentando, especialmente la voz de Billly Kulke, que fue de menos a más excepto alguna pájara en mitad del concierto, como el destrozo de “Over The Hills…” por ejemplo. Benjy Reid, el batería, es el que menos se parece a su doble original, pero es muy buen músico que reproduce fielmente los golpes de John Bonham, aunque añade algunos redobles de caja de su propia cosecha que no terminan de sonar como deben.

“Heartbreaker” suena mucho más compacta que la anterior. La imagen y los movimientos están milimétricamente calculados. Andy Gray, el guitarrista, es alto y desgarbado como Jimmy Page, se cuelga la guitarra a la misma altura y se mueve exactamente igual. El sonido del instrumento es idéntico y en ocasiones toca con su mismo estilo trastabillado sin ningún pudor.

“What Is And What Should Never Be” suena impecable y bordan “Misty Mountain Hop”. El sonido es muy bueno, aunque las luces no le dan el ambiente adecuado a cada canción. La escenografía es austera a más no poder, solamente el amplificador de guitarra, los monitores, la batería y el teclado de Steve Turner (¡¡¡que es igualito que John Paul Jones!!!), aunque mantienen brillando el logo de la banda en el panel led del fondo durante toda la actuación. El problema de las luces se hace especialmente patente por ejemplo en “Since I’ve Been Loving You” y el siguiente “No Quarter” aunque, a pesar de la escasez de focos, ésta última les quedó realmente bien, uno de los mejores momentos de la actuación.

Pero cuando pensaba que Kulke ya estaba en plena forma y podía con lo que le echaran, vino el destrozo de “Over The Hills And Far Away”, con una melodía que no se parecía ni por el forro, evitando los agudos para no cascarse demasiado, sin coger bien el tono y creando un batiburrillo difícil de digerir. Afortunadamente lo volvió a arreglar bordando la versión de “Dazed And Confused”, aunque el bajista no estuvo especialmente concentrado y se le escapó algún gazapo. Andy Gray tuvo su momento importante también copiando el mítico solo de guitarra en el que Page frota las cuerdas con el arco bajo la luz de un foco de luz azulada tal y como aparece en la película “The Song Remains The Same”. De hecho, las referencias que toman para hacer las versiones son las versiones en directo de las originales.

“Black Mountain Side” suena antes de terminar la anterior y empalman con otra magistral interpretación de “Kashmir”, sencillamente genial. “Trampled Underfoot” es uno de los temas que menos me gustan de Led Zeppelin, pero consiguieron darle un punto de velocidad que quedó realmente bien.

Andy Gray se cuelga la Gibson SG de doble mástil y suena “Stairway To Heaven” con el público ya totalmente entregado a la banda. “Moby Dick” es el momento de lucimiento de Benjy Reid, con algunos golpes que son copia del tema original (incluso separa los bordones de la caja para imitar el sonido al golpear con la mano, sin baqueta), pero con la mayor parte del solo de factura propia. Buen solo, más rítmico que técnico, que sirve de preámbulo al final con “Whole Lotta Love”, aunque realmente es un medley similar al que aparece en el disco en directo que les grabó la BBC publicado en 1997 con el título “BBC Sessions”, pero incluyendo algún reprise de otros temas como el clásico “Hello Mary Lou” de Ricky Nelson y algunas otras que no pude identificar por motivos que no vienen al caso (cosas mías… xD). Como anécdota contar que, aunque el grupo es muy profesional, a cualquiera se le desafina la cuerda de Mi, así es que la entrada del tema que cerró la primera parte del concierto tuvo que ser repetida porque aquello sonaba a rayos.

No tardaron mucho en volver a aparecer a ritmo del manido, sobado y repelente “oéeee-oé-oé-oé…” que tanto gusta a los guiris, pero esta vez con la diferencia de ser el propio guitarrista tocando tan bonita melodía quien arengaba a la masa para llamar al resto de la banda, que se arrancó rápidamente por “Black Dog”, con el guitarrista chapaleteando en las cuerdas al estilo original, y puso punto final a la actuación con una apoteósica versión de “Immigrant Song”.

Gran concierto, de verdad, muy bueno. Puede que haya quien diga que con ese repertorio es fácil ganarse al público, pero tocar bien esos temas no solamente es difícil, sino que constituye todo un reto. Los fallos o las modificaciones de los temas se notan más porque el público ya tiene interiorizado el sonido de la canción original, pero no consiste sólo en tocar los temas, sino en darles también el “alma” que necesitan, y Letz Zep son capaces de hacerlo.

Al final quedé tan impresionado como con Zolo Zeppelin, así es que no sabría con cual de los dos grupos-tributo quedarme. En todo caso os recomiendo que no os lo perdáis si pasan cerca de vuestra casa.

Texto y fotos: Alvar de Flack