Dicen que hay una subespecie dentro del género de los Homo Rockerus con un gen diferenciador. Se le conoce como Homo Festivalensis, y esa mutación les permite asistir y, más aún, disfrutar de estas maratones de conciertos que durante dos o más días concentran en pocas horas una oferta de grupos que cubrirían varios meses de una programación más adecuada a su disfrute racional.
Hace mucho tiempo que sé que yo carezco de ese gen, con lo cual tengo plena consciencia de que estos macro-festivales no son para mi. Pero como la ilusión a veces es más poderosa que la experiencia, de vez en cuando me dejo seducir por algún festival cuyo cartel es lo suficientemente atractivo como para dejar a un lado experiencias anteriores y embarcarme en una nueva experiencia de este tipo.
La organización de este evento no tuvo a bien conceder una acreditación a The Sentinel, desconozco los motivos, y esto nos generó alguna incomodidad (no sólo pagarnos la entrada o disfrutar de las facilidades que siempre se le dan a la prensa, sino desistir de incluir nuestra cámara de fotos para adornar esta crónica). Pero por otro lado, esta decisión nos liberaba de la obligación de hacer un seguimiento exhaustivo del festival, para alivio de este cuerpo cuarentón que ya acusa los esfuerzos demasiado prolongados.
La primera decisión, por lo tanto, era qué NO VER. El primer día del festival se quedaba fuera del concierto, así que ya habrá (o no) otra ocasión para ver a The Darkness, Arch Enemy, Söber, Valient Thorr, Gojira y Ángelus Apátrida. Centrándome en el sábado, día fuerte del festival, tampoco estaba dispuesto a acometer la maratón completa, así que fueron desechados los dos primeros grupos (Hammerfall y Mastodon) y el último (Lacuna Coil), lo que me evitaba el calor extremo de las primeras horas y el agotamiento final.

Así las cosas, cuando accedí al recinto Apocalyptica estaban a punto de comenzar su actuación. Tenía bastante curiosidad por ver en directo su propuesta, y la verdad es que el grupo se lo trabaja de verdad, con mucha energía y vitalidad. La originalidad de escuchar Heavy Metal tocado con chelos es impactante, sobre todo por la caña que son capaces de desplegar sobre el escenario. Luego cada cual saca más o menos partido de esta propuesta, y la verdad es que yo saco bastante poco. El grupo incluye un batería y un cantante para las nuevas canciones, pero personalmente no me enganchó demasiado, una vez pasado el impacto de la originalidad intrínseca a este grupo. Me gustaron las versiones de Metallica (“Seek And Destroy”, “Master Of Puppets” y “Nothing Else Matters”) por aquello de que todo el mundo las conocía y las coreaba, pero poco más.
Tras este primer concierto (para mi) me di una vuelta por el recinto y me empecé a encontrar con amigos que estaban por allí. Alguno de ellos se extrañaba de verme en un sarao de estas dimensiones, incluso. Así que a partir de ese momento iba a compartir el resto de la noche con buenos amigos que harían todas estas horas aún más interesantes.
![]()
Poco tiempo después, y soportando aún un sol de justicia, nos dispusimos a ver el siguiente concierto: Dream Theater. No es la primera vez que veía en directo a los reyes del Metal Progesivo, aunque dudaba de la conveniencia de incluirlos en un cartel en el que la mayoría de público no había venido a verles a ellos. Uno de los elementos más interesantes iba a ser, además, comprobar la calidad del nuevo batería, Mike Mangini, encargado de la difícil tarea de suplir a Mike Portnoy. Mangini, que viene de poner sus baquetas al servicio de bandas tan diversas como Extreme, Steve Vai o Annihilator, cumplió sobradamente con todas las expectativas. Y es que para tocar en un grupo como Dream Theater hay que demostrar una excelencia sobresaliente, no hay duda.
El grupo demostró, como siempre, estar formado por unos músicos excepcionales. Es todo un placer contemplar el virtuosismo extremo de John Myung, John Petrucci y Jordan Rudess, de lo mejorcito que se puede encontrar en sus instrumentos. E incluso la voz de James LaBrie estuvo muy bien, plena de fuerza y sin el menor síntoma de desfallecimiento. Pero, a pesar de todo, no terminaron de enganchar con el público. Con un repertorio demasiado complicado para una audiencia que en su mayoría no había ido a escucharles a ellos, no consiguieron conectar con la mayoría de los asistentes, quedando como un concierto frío a pesar de los chorrocientos grados de temperatura que estábamos aguantando a esas horas de la tarde.
Abrieron con “Under A Glass Moon” y la expectación con que fueron recibidos se fue desinflando a medida que avanzaba el set. Técnicamente no se les puede reprochar ningún fallo, pero no era su sitio ni su lugar. Únicamente “Caught In A Web”, casi terminando su concierto, levantó algunas pasiones, quizás por ser el tema más asequible de los que nos ofrecieron.
Tras el concierto de Dream Theater hice una pequeña visita a una de las barras, atestadas de gente, para conseguir una botella de agua con que evitar la deshidratación, dado el calor reinante. “¿Cómo que ya no queda agua?” Miles de personas sin posibilidad de salir al exterior (las entradas de un día no incluían pulsera para poder salir), con un calor sofocante ¿cómo es posible que se acabe el agua? Inconcebible.

Maldiciendo tan flagrante falta de precisión, me coloqué todo lo cerca que pude del escenario para ver a Iron Maiden, las estrellas de la noche. Apretujado a bastantes metros del escenario, me dispuse a ver de nuevo, después de varios años, a la Doncella de Hierro en directo.
Eran las 21:15 cuando comenzó la doble intro de su concierto. Aún totalmente de día, sonó enlatado el “Doctor, Doctor” de UFO y la intro de su último disco, tras la cual la banda irrumpió en el escenario. Y dio una lección de lo que es un concierto de Heavy Metal. El grupo está en una forma increíble, y aunque la edad hace que las carreras de Bruce Dickinson y Steve Harris (con una rodillera bajo sus bermudas) estén más controladas que antaño, la entrega, empuje y contundencia que nos ofrecieron dejaron a todo el mundo entusiasmado.
El set-list estaba estudiado para dar cabida a sus grandes clásicos, intercalando los temas más nuevos. Esta circunstancia fue criticada por algunos asistentes, empeñados en escuchar sólo temas ochenteros, pero en mi opinión es una virtud del grupo no dejar en el olvido temas de todas sus épocas. Así, “El Dorado”, “The Talisman” o “Dance Of Death” convivían perfectamente con “2 Minutes To Midnight”, “The Evil That Men Do”o “Fear Of The Dark”, con mención especial para un “Blood Brothers” que sonó como un cañón.
Los tres guitarristas se combinan a la perfección. Janick Gers sigue siendo el más extrovertido, pero Dave Murray y Adrian Smith no le andaban a la zaga, explotando cada momento de protagonismo. Steve Harris sigue liderando firmemente su banda, y tanto Nicko McBrain como Bruce Dickinson (muy bien de voz en todo el concierto) demostraron estar a un nivel excelente.
No faltaron los numeritos habituales: Cambio de telón en cada tema, el disfraz de soldado inglés con la bandera hecha trizas de Bruce Dickinson en “The Trooper”, la salida a escena del Eddie gigante, al que incluso colgaron una guitarra hecha a medida, y la aparición trasera de una cabeza de Eddie enorme en “Iron Maiden”.
El final de fiesta con los bises fue para enmarcar: “The Number Of The Beast”, “Hallowed Be Thy Name” y “Running Free” nos dejaron con la boca abierta, y una sensación inmensa de haber presenciado a una de las mejores bandas de la historia del Heavy Metal.
Afortunadamente, media hora después del inicio del concierto ya había anochecido, lo cual nos permitió disfrutar del buen juego de luces móvil que adornó aún más su concierto, y de paso aliviarnos del calor que llevábamos soportando toda la tarde.
Tras el concierto de Iron Maiden fui a dar una vuelta por el recinto, aprovechando para estirar un poco las piernas después de las 2 horas en medio metro cuadrado en el que había visto a Maiden. Parte del público asistente abandonó el festival o, al menos, no se acercó tan delante para ver el siguiente concierto, lo que me permitió ver a Twisted Sister más cómodamente.

El show de los neoyorkinos se puede colocar exactamente en el lado opuesto del concierto de Dream Theater, algunas horas antes. Comparados con ellos, incluso con Iron Maiden, lo cierto es que Twisted Sister son un grupo de juguete, con unos músicos torpes con su instrumento (sólo el batería A.J. Pero tiene un cierto dominio del mismo) y que basan su show en el carisma de Dee Snider y de unos temas conocidos por todo el mundo. Estas son sus armas y las explotan al máximo, hasta el punto de que para muchos asistentes el suyo fue el mejor concierto de la noche. La conexión con el público, el buen rollo y la complicidad con la audiencia es máxima, y su concierto fue muy divertido. Lo que empezó siendo una pequeña gira de reunión lleva varios años alargándose, y visto lo sucedido aún les quedan algunos cartuchos más. La más joven de sus canciones tiene más de 25 años y no pretenden vivir una segunda juventud, sino trasladarnos a la primera, como si el tiempo no hubiera pasado.
Su set estuvo plagado, por tanto, de clásicos de su época dorada: “The Kids Are Back”, “Stay Hungry”, “You Can’t Stop Rock ‘n Roll”… fueron cantados, bailados y disfrutados por todos los asistentes con una alegría y diversión que ya quisieran muchos.
Daba igual que los guitarristas Eddie “Fingers” Ojeda y Jay Jay French no sean capaces de reproducir fielmente los ya de por sí simples solos de estos temas, o que el enorme Mark “The Animal” Mendoza (tiene que dar miedo encontrárselo tras una esquina…) toque el bajo a puñetazos (¡literalmente!), todo ello construye su propia personalidad como grupo. Me gustaron especialmente “The Price” y “Burn In Hell”, temas quizás menos aclamados pero que a mi me encantaron.
El reprise de uno de sus mejores temas como es el siempre aclamado “We’re Not Gonna Take It” como “Huevos con aceite” es el colmo del cachondeo, esperado por el público y disfrutado por la banda entre risas. El concierto se terminó con “I Wanna Rock”, rebautizado como “I Wanna Fuck” tras un vacile de Dee Snider con las primeras filas.
Los bises estuvieron compuestos de “Come Out And Play” y “S.M.F.”, dejándonos a todos con una gran sonrisa en la boca.

Tras Twisted Sister estuve tentado de abandonar, ya que el cansancio ya estaba haciendo mella en mis doloridas piernas y espalda, pero no quise perderme a Uriah Heep. Y acerté de pleno, porque su concierto fue increíble.
Ya no son unos niños, pero la energía y vitalidad que desplegaron parecía demostrar lo contrario. En especial 3 de sus miembros: Mick Box estuvo pletórico, simpático y enorme con la guitarra. Bernie Shaw cantó y lideró al grupo con muy buena voz, solvencia y elegancia, ganándose al público que quedaba en el recinto. Pero quien más me impresionó fue el batería Russell Gilbrook, un verdadero huracán que nos dejó a todos con la boca abierta.
Con un set deliberadamente cañero, se llevaron de calle a todos los que aún aguantábamos a aquellas horas. Comenzaron con “I’m Ready” y desde luego que estaban listos, sorprendiendo gratamente incluso a los más jóvenes, muchos de los cuales no les conocían. “Return To Fantasy”, “Stealin” (¡inmensa!), “Rainbow Demon” o “Gipsy” hacían un hueco también a temas de su último disco como “Nail On The Head” o “Into The Wild”, siempre con el denominador común del buen hacer de estos míticos músicos. El toque retro lo daba el Hammond de Phil Lanzon, pero el sonido y estilo de Uriah Heep no es antiguo en absoluto, con una caña que ya quisieran muchos grupos más jóvenes.
El concierto acabó, como no podía ser de otra forma, con un pletórico “Easy Livin’” que convirtió el final de su set en una fiesta con todo el mundo cantando y bailando, a pesar de ser ya madrugada y las horas de festival que todos llevábamos ya encima.
Los que se fueron antes de tiempo no saben lo que se perdieron, porque realmente mereció la pena quedarse para ver a Uriah Heep.
El último grupo de la noche era Lacuna Coil, pero tal y como había imaginado, no me quedaban fuerzas para ellos, así que con los Heep di por finalizada mi asistencia al Sonisphere de este año, así que me encaminé hacia el coche con una mezcla de satisfacción y agotamiento que aún me dura.
Así fue y así os lo hemos contado.
Texto: Shan Tee
Fotos: Avihai Levy (Dream Theater), Eduard Tuset (Iron Maiden), Absurda.cl (Twisted Sister) y Fraze.com (Uriah Heep)
