JUDAS PRIEST + BLIND GUARDIAN + U.D.O. – Martes 15 de mayo de 2012, Palacio Vistalegre (Madrid)

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Decir que era una cita con el destino es algo pretencioso. No es para tanto, aunque algo hay, ya que Judas Priest es el máximo exponente del Heavy Metal, y sus discos soy materia obligada para todos los seguidores del estilo de varias generaciones.

Esta gira se ha anunciado como la última de Judas Priest, y aunque la experiencia nos dice que este tipo de avisos hay que creerlos sólo a medias, realmente no pueden quedar ya muchas oportunidades de ver en el escenario a uno de los grupos más influyentes de la historia del Metal. Ni siquiera la deserción de K.K. Downing, quien abandonó la banda por discrepancias con sus ya excompañeros, iba a mermar el interés por presenciar una gira que ya pasó por nuestro país el pasado julio, y del que os dimos cuenta cumplida en esta misma web. En aquella ocasión los grupos invitados fueron Saxon y Mötorhead, conformando un cartel más atractivo para mi que el actual. Yo no pude acudir a aquella cita, así que esta segunda oportunidad no podía dejarla escapar.

Era el día de San Isidro, patrón de la ciudad, y por lo tanto festivo. Un calor infernal nos acompañó hasta el Palacio Vistalegre, con un recorrido en el que pasamos cerca de la Pradera de San Isidro, donde muchos miles de madrileños y adoptados festejaban el día entre barquillos y litronas. Era muy pronto, que el concierto estaba programado a la hora de la merienda.

Nada más acceder al recinto vimos dos grandes paneles laterales que impedían el acceso a los laterales del recinto, dejando únicamente libres las gradas frontales y toda la parte inferior. Estaba claro que no se esperaban un lleno, precisamente, aunque a medida que avanzaba la noche llegamos (fuentes de la organización) a los 4.000 espectadores. No está mal teniendo en cuenta la crisis y que en su última visita, hace un año, Judas Priest traía exactamente el mismo show. 

El simpático vocalista germano y su banda salieron a tocar a las 6 y media de la tarde, hora prevista, pero que a muchos pilló refrescándose en los bares cercanos. Lo temprano de la hora hizo que Vistalegre estuviera un poco desangelado durante este primer concierto. Un sonido regular, unas luces mínimas y medio escenario es lo que dispuso UDO, que a sus 60 años cada vez se mueve menos y que está más ancho que alto. Aún así, rebosa carisma a raudales, acompañado por Stefan Kaufmann, el que fuera batería de Accept, ahora reconvertido a guitarrista por su lesión en la espalda. Kaufmann, además, cada vez se parece más físicamente a Udo, parecían dos abuelos haciendo Heavy Metal con sus hijos, tal es la diferencia de edad con el otro guitarrista, Igor Gianola, y el batería Francesco Jovino, con el bajista Fitty Wienhold de puente entre ambas generaciones.

Comenzaron los 45 minutos que dispusieron con el tema que da título a su último disco,“Rev-Raptor”, del que también tocaron “Leatherhead”. También dieron un repaso a algunos temas de su pasado como U.D.O. intercalando “Animal House”, “Vendetta” y“Man And Machine” en el repertorio.

Pero la verdadera fuerza de su show, al menos en un concierto en el que la mayoría de público no ha ido a verles a ellos, siguen siendo los enormes clásicos de la época Accept. El primero de ellos fue “Princess Of The Dawn”, con enorme aceptación del público que poco a poco iba accediendo al recinto, y que coreaban con ganas los himnos que les proponían. El tramo final del concierto fue tan intenso como emotivo, con “Metal Heart”y el público coreando al unísono la melodía de “Para Elisa” de Beethoven sobre la que gira el solo de guitarra, tras el cual sonaron los inefables “Balls To The Wall” y “Fast As A Shark”, las canciones que han convertido a Accept en leyenda y que nos sirvieron para dejarnos las cuerdas vocales por primera vez en la tarde.

Segundo telonero y segundo grupo alemán, Blind Guardian tenían mejor consideración en el cartel que sus paisanos U.D.O., tanto por el tiempo del que dispusieron (hora y cuarto), como una mayor cantidad de luces, amén de permitirles colocar su logo flanqueando esta mitad del escenario reservado a los teloneros.

Yo nunca había visto en directo a Blind Guardian, y tampoco es un grupo que me apasione, aunque les reconozco el mérito. En su carrera han facturado buenos discos con algunas excelentes canciones, aunque siempre me parecieron demasiado repetitivos, una sensación que seguro que no comparte la legión de seguidores de la que siempre han disfrutado, muchos de los cuales ya se habían apostado frente al escenario y en las gradas, ofreciendo una imagen del recinto más poblada que con U.D.O.

El grupo está indiscutiblemente liderado por el vocalista Hansi Kürsch, quien a pesar de mostrar una puesta en escena manifiestamente mejorable, me sorprendió por la calidad y potencia de su voz. Le flanquean los dos guitarristas, André Olbrich y Marcus Siepen, quien demostraron buenas maneras aunque les faltó algo de brillo debido a que el sonido no terminaba de darles la nitidez que hubieran necesitado. Y tras ellos, el batería Frederik Ehmke, que desde luego se gana bien el sueldo, con un titánico esfuerzo que necesita para el trepidante estilo con el doble bombo casi permanente que exigen estas canciones. Para complementar el grupo, un bajista al que tenían medio escondido y un teclista al que apenas se escuchaba, eran los convidados de piedra del show de Blind Guardian.

Comenzaron con “Sacred Worlds” y “Welcome To Dying”, y pese a que buena parte del público disfrutaba entusiasmada con estos temas, yo no terminaba de cogerles el punto. Buenas canciones, melodías que llegan pero una instrumentación demasiado lineal, con la batería cabalgando sin cesar. “Nightfall”, “Turn The Page”, “Time Stands Still (At The Iron Hill)”… iban pasando y yo disfrutaba más viendo la entrega del público que atendiendo a lo que sucedía sobre el escenario.

Decidí prestarles más atención y no malgastar la primera oportunidad que tenía de verles en directo, y la verdad es que es un buen grupo. Me gustó “A Voice In The Dark”, muy rápido y contundente, y a pesar de que “Somewhere Far Beyond” me pareció más de lo mismo, lo cierto es que la segunda mitad de su concierto la disfruté bastante más, quizás porque la afronté con otra actitud o quizás porque para el rush final el grupo había reservado sus mejores golpes.

De hecho, la banda me enganchó con la pegadiza “Valhalla” y una gran interpretación de“Imaginations From The Other Side”. Pero sin duda, lo mejor de su concierto fue “The Bard’s Song – In The Forest”, tanto por la calidad del tema como por las guitarras acústicas con las que André y Marcus abrieron el tema, bonitas y que mostraban un lado diferente (al fin) de lo que da de sí la banda. Para terminar, cómo no, “Mirror Mirror”, su tema estrella que hizo las delicias de todos los presentes.

Hacía un año que nos habían visitado prometiendo que se despedían, y aquí estaban de nuevo prometiendo que ahora sí, que es la definitiva. Misma gira, mismo set-list, mismo concepto de show, mismo vestuario… parecía un concierto diseñado para los que se perdieron aquella cita, como era mi caso, pero la verdad es que la mayoría de los presentes repetían.

Un gran telón con el logo “Epitaph” cubría el escenario para evitar miradas indiscretas y preservar la sorpresa en show, que evidentemente ahora sí utilizaría todo el escenario disponible. El grupo estrella de la noche tenía su presencia anunciada a las 21:30 y tras hacernos esperar 10 minutos de más, comenzamos a escuchar “War Pigs” de Black Sabbath, anunciando que llegaba la hora. Las luces se apagan y “Battle Hymn” nos prepara para la batalla.

Suena “Rapid Fire” y cae el telón. Y aparecen los dioses. A Glenn Tipton y a Ian Hill se les notan los años, apenas se mueven con la sensación de ir sobrados que dan tantos años de experiencia. En la batería ese portento físico y técnico que es Scott Travis, y muy cerca de nuestra posición Richie Faulkner, alias “el nuevo”, el encargado de sustituir a K.K. Downing tras su negativa a hacer esta gira de ¿despedida?

Con el tema ya comenzado entra en el escenario Rob Halford. Ataviado como la reina del carnaval de Tenerife, pero en heavy, con movimientos lentos y parsimoniosos y gafas oscuras. Estuve dudando de si era él o los avances en la robótica han sido muy grandes en estos años. Apenas inexpresivo, su figura llena el escenario sin esfuerzo.

Lamentablemente, el sonido no acompañaba demasiado. Ni en esta ni en “Metal Gods”, siguiente en caer. Ya me estaba temiendo lo peor, cuando en “Heading Out To The Highway” la cosa empezó a mejorar, llegando a una calidad de sonido aceptablemente buena que se mantuvo hasta el final del concierto.

Yo me esperaba un Halford medio afónico y sin embargo me sorprendió muy gratamente. Se le notan los años, y se mueve siempre lentamente y casi siempre apoyado en un bastón, lo que acrecienta su imagen de anciano metalero, pero su garganta respondía. Vale, desde la mesa le aplicaban más efectos que en la Guerra de las Galaxias, pero lo mismo sucedía las anteriores veces que yo le había visto y la sensación ahora era muy buena. Además, en cada tema salía del escenario y volvía con ropa nueva, siempre con dos o tres prendas encima (abrigos de cuero, chalecos, camisas, capas…) y siempre con los guantes puestos. Y con un calor de mil demonios. Heavy hasta la muerte, evitó la lipotimia no sé ni cómo.

El concierto continuó con “Judas Is Rising”, y aquello ya sonaba casi bien del todo. Richie Faulkner era el más activo de todos, supongo que por la mezcla de juventud y ganas de agradar y aprovechar la oportunidad de su vida para hacerse un nombre a nivel mundial. Y aunque a veces sobreactuó, la verdad es que nos dejó buenas sensaciones tanto por guitarrista como por showman.

Una gran pantalla posterior iba mostrándonos imágenes alusivas a los temas que iban sonando, la mayoría de las veces la portada del disco que las contenía, y Rob Halford nos hablaba de las circunstancias en las que se grabaron esos discos. Y en pantalla, portada de “Sin After Sin” para tocar… “Starbreaker”, un tema especial para nosotros que me hizo acordarme de un bandío de Almería al que echaba en falta.

Tipton y Faulkner se unen en el frente del escenario para comenzar juntos un de los grandes clásicos de Judas Priest, y que iba a servir como la primera gran prueba de fuego para la voz de Rob Halford: “Victim Of Changes” nos iba a dar la medida de su estado, tema exigente donde los haya. Y Halford lo lidió de forma sobresaliente, yo no me lo podía creer. Y la banda, contundente y precisa como en sus mejores tiempos. Tipton seguía moviéndose lo justito, pero musicalmente iba sobrado. El montaje escénico, ya impresionante de por sí, se engalana con un juego de láseres que inundan el pabellón, y unos cañones de humo que le dan aún más vistosidad.

Buceando en lo más profundo de sus orígenes, rescataron “Never Satisfied” de aquel Rocka Rolla” editado hace ya 38 años, que se dice pronto.

Un pipa (siempre he preferido esa palabra a roadie) colocó una guitarra acústica en el centro del escenario para que Richie Faulkner comenzara la bonita “Diamonds & Rust”, la imprescindible versión de Joan Báez que es más conocida que la original. Después de tocar la mitad en su lento estilo original, la segunda mitad llegó en formato Judas Priest, es decir, combinando la energía metálica con el feeling de este tema.

Como en cada tema, Halford desaparece de escena para volver ahora disfrazado de monje medieval, con una gran capucha que me recuerda al viejo del disco “Led Zeppelin IV”. Pero no, es Nostradamus, o lo pretende ser, para recrear el personaje principal de “Prophecy”, el siguiente tema en sonar, adornado también por unas enormes cruces que salen de los altavoces, que estaban adornados con unas grandes cadenas, amén de unas grandes llamaradas que surgen de diversos puntos del escenario.

En un evidente interés por repasar todos los discos de su extensa discografía, sonó “Night Crawler” y una increíble “Turbo Lover”, que sonó como un cañón (quién tildaba al disco “Turbo” como blando?), adornada con un bonito juego de láseres de colores, tras la que pudimos disfrutar de una preciosa “Beyond The Realms Of Death”, de lo mejor del concierto.

Tipton y Faulkner se vuelven a quedar solos en el escenario, cuentan “one, two, three…” y suenan el riff a dos guitarras de “The Sentinel”. ¡Eh, que estoy aquí! Los cabrones no me la dedicaron. Ni me miraron siquiera. Pero aún así la disfruté como un enano, a pesar de que Rob Halford tuvo algunos problemas con los agudos más extremos.

El concierto siguió con “Blood Red Skies” y la otra gran versión que no puede faltar:“The Green Manalishi (With The Two Pronged Crown)”, que todo el mundo sabe que es de Fleetwood Mac aunque nadie recuerde haber escuchado nunca la versión original.

Tras el enésimo cambio de vestuario, y aprovechando la imagen de la portada de “British Steel” que estaba en la pantalla posterior, Rob Halford nos habló de la necesidad de mantenernos fuertes en estos tiempos y de la fortaleza del mensaje de este tema que, a pesar de sus años, está de actualidad. Y para ello debíamos cantarla. Levantando el pie de micro hasta el tope y apuntándolo hacia el público, “Breaking The Law” sonó en modo karaoke, cantada por completo por el público sin intervención alguna de Rob Halford. No hizo falta, todo el público cantó los estribillos en perfecto inglés y las estrofas en perfecto wachi-wachi, suficientes para dejarnos una sensación inolvidable.

Tras darnos las gracias, la banda abandonó el escenario dejando solo a Scott Travis, que estuvo pletórico toda la noche, quien hizo un pequeño solo de batería que no tardó en convertirse en la introducción de “Painkiller”, con la banda disparada y con Halford evitando desgarrarse en el final del tema. Y es que más vale decir aquí corrió que aquí murió.

Una pequeña despedida de las de mentira, y pronto sonó pregrabado “The Hellion” para dar la bienvenida de vuelta al grupo para “Electric Eye”, marcando la recta final del concierto.

Como siempre, Rob Halford desapareció por un lateral, pero esa vez no volvería andando. El sonido atronador de una moto y una humareda de mil demonios anunciaba la entrada al escenario de Halford en su Harley. Y con su gorra, por su puesto. Y sin bajarse de la moto nos cantó “Hell Bent For Leather”, como mandan los cánones.

Dejando la moto en medio del escenario, Halford salió y volvió con una gran bandera española, que enseñó y besó a modo de reconocimiento al público hispano. Y con ella en la mano nos regaló una vibrante “You’ve Got Another Thing Comin’”, que terminó con un solo de Richie Faulkner, a modo de tarjeta de visita y de prueba de su integración en la banda.

A su término, la banda se despide de todos frente al escenario. Falta Halford, fuera de escena, supongo que recuperando el resuello. Y Scott Travis nos animó para reclamarle, no puede haber una despedida sin él. Y el propio Travis, mostrando unos galones ya ganados después de tantos años en la banda, nos preguntó si queríamos un último tema. Por supuesto, la respuesta fue afirmativa. Ya en su batería, cogió un micrófono, nos agradeció nuestro apoyo, soltó unas buenas palabras sobre España en general y Madrid en particular, y arrancó el fin de fiesta con “Living After Midnight”, con todo el recinto bailando y botando, a pesar del cansancio de tantas horas de concierto, y con todos los efectos pirotécnicos (láser de colores, llamaradas, cañones de humo…) compitiendo entre sí.

Dos horas y media después de su inicio, Judas Priest decían adiós, quien sabe si definitivamente, y mientras se encendían las luces y sonaba el “We Are The Champions” de Queen, todos los presentes comentábamos que este broche había sido realmente de oro, en uno de los mejores conciertos que hemos visto a Judas Priest en los últimos años.

Muchos años han pasado desde la primera vez que vi a Judas Priest sobre un escenario. En aquel entonces yo era un pipiolo que estrenaba mayoría de edad y Judas Priest eran unas grandes estrellas que presentaban su reciente disco “Defenders of the Faith” en el vetusto pabellón del Real Madrid. Han pasado 28 años de aquello y aquí estamos, ellos y yo, despidiéndonos quizás para siempre. Ellos han sido, y seguirán siendo, parte de mi vida, y por ello les estaré siempre agradecido.

“…Tempt not the blade, all fear The Sentinel”

Texto: Shan Tee

Fotos: Leticia Reyes