Últimamente, lo siento, pero no me gusta lo que veo ni lo que escucho. Aún así me gusta menos lo que no se ve ni se escucha, pero existe. Como decía Sabina hace unos años “¿…quién me vende un poco de autenticidad?”, que necesito revolcarme en ella. La cruda realidad está dejando en el esqueleto a lo que antes era una vaca gorda, también musicalmente hablando, y se les está viendo el plumero a algunos de los nombres más repetidos últimamente en el ámbito del Rock nacional, especialmente el de la zona centro.
Que no, que ejecutar correctamente no es lo único, y en ese sentido el panorama ofrece una enorme mentira que se intenta disimular de todas las formas que las nuevas tecnologías ofrecen. Es difícil encontrar un producto honesto, hecho con ganas, por gente que se lo cree, con el ánimo de plasmar sus inquietudes artísticas y que haya dado un resultado aceptable. Quiero decir con todo junto. Lo normal es que te des de bruces con grupos moviéndose por los distintos caminos que se exploran para satisfacer el ego y, de paso, sacarle provecho económico, aunque sea vendiendo el alma al diablo o haciendo algo que jamás harías por iniciativa propia. Para ser justos, también hay un término medio en el que conviven músicos, aficionados o no, que se lo pasan bien tocando, con gente que aprovecha una buena grabación y no le hace ascos al rendimiento económico, aunque tengan que prodigarse por los saraos de relaciones, llamémoslas mediático-institucionales.
Como decía, entre la flora y fauna que adorna los conciertos, fiestas, garitos y demás encuentros gastronómicos, además de prodigarse por determinados medios, creando un círculo más que vicioso, te puedes encontrar de todo, por ejemplo ex-ídolos que caen para no volver a levantarse; nombres antes intocables, personas o grupos que parecía que meaban colonia o que eran inalcanzables en su olimpo, que escribían letras con las que te identificabas plenamente, o que tocaban música que te ponía el nivel de adrenalina por las nubes y que, de repente, descubres que son más tontos que un cerrojo.
También abundan últimamente los grupos que graban discos con buenas canciones pero con una producción penosa, los que no salen del “quiero y no puedo” y del “yo me lo guiso y yo me lo como”; pues para ti, que te siente bien. Coexisten también híbridas bio-copias cutres hipersaturadas con grupos o (mejor) nombres que, tras años de espera, graban y acto seguido se disuelven; todo mentira, mejor no hubieran vuelto. Ex–miembros con retales de otros que intentan aprovechar el tirón, clásicos que muestran lo patético que puede resultar no medir los tiempos adecuadamente, ensayos acústicos que hacen gracia un rato, transatlánticos que se convierten en barquitos de papel…
Por supuesto, nada de esto sería posible sin la participación de, por un lado, empresas discográficas que hacen negocio con todo esto, e incluso hacen de mamporreros (noble oficio antaño) de peligrosas patronales que se contradicen en función del interlocutor. Mucha promoción, mucha cercanía, Internet, Youtube, infraestructuras y tal, pero con un resultado que deja mucho que desear, sobre todo en grabaciones que sólo aparentan pero que no se sostienen en directo. Y por otro lado la concurrencia de mediocres que se conforman con lo aparente, sin profundizar, influidos por cuestiones extra musicales, de escasa cultura musical y con unas perspectivas que no pasan de la punta de su oreja. La suma de los dos dibuja un panorama estomagante, sinceramente. A veces dan ganas de mandarlo todo al carajo y desaparecer.
Hay mucha cantidad, es cierto, y que donde hay cantidad suele encontrarse calidad, también lo es, pero hay más mentira y apariencia que nunca. Grupos que no son grupos, gente que se lleva a matar pero mantienen la causa viva porque son tiempos difíciles, músicos (¿músicos?) que se adaptan de forma camaleónica pero sin pizca de autenticidad, gente que no ha aprendido ni aprenderá en la vida, incultos con la capacidad de colocar mensajes en lugares sensibles y el consiguiente riesgo para la salud mental… En fin, que hay que rebuscar y aprovechar lo que se encuentra, que lo hay, pero a estas alturas yo me sigo quedando con la gente que, pase el tiempo que pase, mantienen el buen gusto y vuelven con las tripas revueltas para darle una lección a todos los anteriores. Penoso, pero es así. Malos tiempos para todo.
Alvar de Flack
