Si hay un grupo que entiende que un concierto es más que música en directo, ese es Black Rock. Su sentido del espectáculo, de saber que un show debe contener más elementos que enriquezcan y complementen la música, hace que cada da uno de sus conciertos tenga un atractivo del que carecen otros grupos.
La banda de la bella Bárbara Black presentaba en Madrid su segundo disco, “Just my Kiss Rocks”, que acababa de ver la luz en esa misma semana. Y lo hacía en la céntrica sala We Rock. Fui al concierto con expectación, tanto por comprobar in situ el estado de forma de la banda como por saber qué nos habrían preparado para la ocasión.
La primera sorpresa la tuvimos antes de acceder a la sala. A la hora prevista de inicio (21:30 h.), las puertas de la sala permanecían cerradas, y el público que había acudido al concierto (muy numeroso, algo meritorio al ser jueves) esperaba pacientemente en la cola y en los bares adyacentes a la sala. Cuando estábamos empezando a sentir las molestias del frío y del retraso en la apertura, de repente se empezaron a escuchar los motores de varias Harley Davidson que subían por la calle. Para quien no conozca la zona, la sala We Rock está ubicada en pleno corazón de Madrid, zona muy concurrida por turistas, gente que va de compras o de paso por algunas de las calles más neurálgicas de la capital del reino. Pues bien, esas Harleys paralizaron el tráfico con el estruendo de sus motores, llevando a la grupa a los músicos de Black Rock, entre la algarabía de los asistentes al concierto y alguna protesta de quienes se encontraron con la calle cortada. Los músicos bajaron de las motos, se abrieron las puertas de la sala y entraron en ella, seguidos de la Peña Motera que les había apoyado y, después, del público que iba a asistir al concierto.

Una vez dentro, me acoplé en el espacio reservado para los fotógrafos, donde vería los primeros 3 temas del concierto, para luego buscar acomodo más atrás y huir del excesivo volumen que tuvieron que soportar en las primeras filas. Tras un tiempo prudencial de espera, la música que puso el DJ de la sala y que amenazaba con destrozarnos los tímpanos cesó y Vicente “Mariskal” Romero subió al escenario para presentar el evento.
En torno a las 22:30 la banda entró al escenario, comenzando por Pol DQ, el carismático batería argentino que forma parte de Black Rock desde poco después de editarse el primer disco. Pol subió a su batería ataviado con un enorme penacho de plumas Sioux que mantuvo puesto en los primeros temas. Tras él, los dos nuevos miembros de Black Rock: El guitarrista David Villarreal y el bajista apodado “Scorpion”. Además, 3 coristas (dos masculinos y una chica), se situaron en un lateral del escenario para apoyar vocalmente todo el concierto. Comienza la Intro y con los primeros acordes de “Rock’n Roll Riders” entra Bárbara Black en escena, todo un impacto visual, vestida muy sexy y con gorra y gafas oscuras. La banda suena como un cañón con este tema, incluido en el nuevo disco que estaban presentando. Un tema festivo en el que desde el principio se ve el potencial de Black Rock, tanto visual como sonoro, con la potente voz de Bárbara liderando la banda.
Le siguieron “Sexy Metal Woman”, también del nuevo disco, y “Carne palpitante”, primer recuerdo a su primer trabajo. Dos temas contundentes que muestran la fuerza de esta formación. A Pol ya le conocíamos y es uno de los baterías más contundentes del panorama nacional. Los nuevos componentes cumplieron con solvencia: David Villarreal es un buen guitarrista que cumple perfectamente con su labor, y “Scorpion” es un bajista básico y contundente, pilar fundamentar junto a Pol en el sonido potente del grupo. Pero, sin duda, la estrella es Bárbara Black. Con su agresiva imagen sexy se lleva todas las miradas, pero eso no esconde su talento como cantante. De voz poderosa, tanto por potencia como por entonación, Bárbara se encuentra entre las voces de referencia en nuestro país.
En este momento del concierto tuvimos que desalojar el foso de fotógrafos, ya que se iba a grabar en directo un video-clip del siguiente tema, “Fighters”, y para ello los cámaras necesitaban ese espacio. Deseando estamos ver el resultado de la grabación, ya que al menos in situ sonó a la perfección.
El concierto siguió con “En mi cama”, uno de los temas más conocidos de Black Rock al ser el single de su primer disco, al que acompañó un video-clip bastante popular en youtube y las redes sociales. Tanto este tema como todos los pertenecientes a “Todo al negro”, sonaron mucho más cañeros y contundentes que en el disco, tanto por la mayor fuerza del directo como por la aportación de los nuevos músicos.
Sin embargo, “Funeral” ya no me gustó tanto. Un tema que en disco es de mis preferidos de su álbum debut, pero que esa noche quedó un tanto deslucido. Los teclados programados nunca me han gustado, pero en este caso además estorbaron el sonido del grupo en el tema, en lo que parecía una competición entre la música enlatada y la real. De él sólo salvé un pequeño solo de bajo de “Scorpion” y la poderosa voz de Bárbara en un estribillo en el que se luce sobremanera.
Vuelta al nuevo disco con “10 Seconds To K.O.”, para el cual se prepararon unos guantes de boxeo sobre el pie de micro, apareciendo Bárbara con un batín de púgil, en clara alusión de la temática de la canción. Y es que, como he dicho al principio, Black Rock siempre se ha preocupado de que el show visual sea importante y complementario a la música. A parte de ello, el tema sonó cañero y festivo, algo común a los cortes del nuevo disco.
Tres fueron las versiones que la banda incluyó en el concierto, la primera de ellas, un sorprendente “Daddy, Brother, Lover, Little Boy” (Mr. Big) lleno de fuerza, disfrutado por igual arriba y abajo del escenario.
Vuelta a los temas propios con “Fugitivo” y “No Healer”, sin en el menor síntoma de fatiga en la voz de Bárbara, que además no paró de moverse en todo el concierto y de reclamar la participación del personal, algo que también hizo el bajista “Scorpion”, que contaba con su pequeña legión de fans en una ubicación cercana a la mía. Estos temas dieron paso a un pasaje instrumental liderado por el guitarrista David Villarreal, que demostró muy buenas maneras.
Aquí llegó el momento de la segunda versión de la noche, un cover que Black Rock hace de manera habitual: “I Wanna Be Somebody” (W.A.S.P.), que como siempre es muy bien recibida por el público. Tras él, Bárbara presentó al que sería el único invitado en el concierto de esta noche, el excelente guitarrista Manuel Seoane (Burning Kingdom), quien se subiría al escenario para colaborar en “Hungry Soul”, demostrando como siempre su virtuosismo.
Tras despedir a Seoane, el concierto afrontaba su última parte, comenzando por la cañera “Esclavo del Rock”, teniendo que solventar unos problemas con los cables que les descentraron en el inicio. El tema se alargó para hacer las pertinentes presentaciones de los miembros de la banda y, al llegar a Pol DQ, el resto de la banda abandonó temporalmente el escenario para que Pol hiciera un solo de batería, bastante técnico y contundente que no se hizo demasiado largo, volviendo la banda al escenario para retomar el tema, tras el cual se despidieron del concierto, a falta de los respectivos bises.
Tras el pertinente reclamo por parte del público (sin demasiado entusiasmo, que eso de irse a la primera hace tiempo que ya no cuela), la banda volvió con la festiva “You Got A Light?” y poner el punto final con la tercera versión de la noche, aquel “Blood Pollution” que la banda ficticia Steel Dragon incluyó en la película “Rock Star”. Para aumentar la sensación festiva, Bárbara apareció con dos grandes pistolas de agua con las que estuvo enchufando a las primeras filas (y más atrás, dada la potencia del “armamento”). De repente, un corte parcial de la corriente dejó sin electricidad a los amplis de guitarra y bajo en mitad de la canción. Bárbara aprovechó este impasse para dar las gracias a sus técnicos, agencia de Management, etc. por el concierto. Tras unos minutos, la energía volvió y la banda comenzó de nuevo el tema, para finalizar como es debido el concierto.
La noche me dejó muy buenas sensaciones. Hace tiempo que pienso que hay demasiados grupos que en sus conciertos no muestran más que una simple sucesión de canciones, y que es necesario ofrecer algo más, un show completo tanto en lo musical como en lo visual. Black Rock entiende eso mejor que nadie, y por eso sus conciertos son siempre algo especial. En este caso, la presentación de su nuevo disco, “Just My Kiss Rocks”, evidenció que estamos ante un grupo con mucho futuro (y presente) por delante.
Texto y fotos: Shan Tee
