En lo que a mi respecta, Eldorado y The Jokers tenían varias cosas en común. He comentado para esta web todos los discos de ambos grupos, y nunca había llegado el momento de ver en directo a ninguno de ellos. Por eso, cuando las circunstancias (y su agencia de management) montaron este concierto doble en una sala madrileña, sabía que había llegado el momento de matar 2 pájaros de un tiro.
Hace poco que comenté “Rock ‘n’ Roll is alive”, el segundo disco de la banda, trabajo que están presentando en esta gira. Un disco que me ha gustado bastante más que el primero (“The Big Rock & Roll Show” – 2009) como indico en la crítica que podéis leer en la sección de Discos. El caso es que “Rock ‘n’ Roll is alive” es puro rock and roll genuinamente británico, y por lo tanto su espacio natural es el directo, así que estaba deseando comprobarlo in-situ.
Como ya sabéis, las circunstancias actuales de la música hacen que las salas suelan tener programa doble, haciendo que los conciertos tengan que acabar pronto para dejar espacio a la sesión discoteca, sobre las 12 de la noche. Esta circunstancia hizo que The Jokers, el primero de los grupos en salir a actuar, tuvieran que hacerlo muy pronto, antes de las 9 de la noche, y cuando lo hicieron la sala estuviera aún medio vacía. Esto hizo que el concierto comenzara algo frío, a pesar de los intentos de la banda por calentar el ambiente. Pero, a medida de que la sala se fue llenando (hasta llegar a un casi lleno muy reconfortante), el concierto de The Jokers se fue calentando a la misma velocidad.
El grupo lo componen Wane Parry (voz), Paul Hurst (guitarra), su hermano Simon Hurst (bajo) y el joven Dave Evans (batería), nueva incorporación de la banda para esta gira. Todos demuestran buenas maneras, suficientes para el rock and roll directo y divertido que practican, aunque sin duda la estrella es el guitarrista Paul Hust. Un auténtico torbellino que no paró de moverse y gesticular en todo el concierto.
Con poca gente en la sala, The Jokers se subieron al escenario para comenzar con“Flames in Vegas”, mientras buena parte de la gente que estaba fuera de la sala aplacando su adicción a la nicotina comenzó a entrar en la sala. La creciente audiencia que iba llegando animó a la banda, que aceleró sus sensaciones (y las nuestras) con “Rock ‘n Roll Is Alive”, tema que da título a su segundo y último disco hasta ahora.
Siguieron con “Radio”, uno de los mejores temas de ese disco, y donde el guitarrista Paul Hurst comenzó su show particular, y que ya no dejó hasta el final. Muecas, saltos, poses… salió a comerse el escenario y su energía contagiosa fue uno de los alicientes más destacados del grupo. Al otro lado del escenario, su hermano Simon, enfundado con un gorro de lana que prácticamente le tapaba los ojos, se mostraba más sereno, pero contundente y fundamental en el sonido rocanrolero de la banda, junto a Dave Evans, reciente adquisición de The Jokers y que demostró buenas maneras. Y en el centro, Wane Parry se mostró digno heredero de los legendarios cantantes británicos. Su timbre de voz y forma de cantar me recordaba en ocasiones a Phil Mogg, mostrándose un excelente frontman con buena interactuación con el público.
Siguieron con el rock and roll festivo de “Let It Rock” y “Angel”, corte de clásico hard rock setentero, tras el cual Paul Hurst soltó la guitarra, bajó del escenario y estuvo bailando y abrazando al público, e incluso se subió a una de las barras de bar para desde allí animar al personal, antes de volver al escenario y retomar el concierto.
El concierto era una fiesta, con una buena representación británica entre el público, supongo que siguiendo a la banda en su periplo por España. Uno de los momentos del concierto fue la blusera “Find My Way Home”, un rock-blues cadencioso que creó una atmósfera llena de feeling.
El set de The Jokers iba tocando a su fin, algo recortado por las exigencias de la sala y de la actuación posterior de Eldorado, pero los británicos quisieron despedirse a lo grande: “Night Driver” sonó como un huracán, echando toda la carne en el asador. Como elemento añadido, el bajista Simon Hurst apareció con una careta en este tema, tal y como sale en algunos videoclips de la banda.
Y para despedir, “Silver City”, uno de los temas que más enganchan de su último disco, que utilizaron para hacer cantar al público que, tanto aquellos que ya les conocían como los que les descubrieron esa noche, salieron más que satisfechos de esta buena dosis de rock and roll.
Eran las estrellas de la noche, y eso se notaba en la expectación con que fueron recibidos. Con la sala prácticamente llena (quizás llena del todo, ahora los márgenes del aforo son muy amplios). Claramente se diferenciaban 3 tipos de público diferentes, compartiendo el mismo espacio: Por un lado los incondicionales de Eldorado, aquellos que se saben de memoria todas las canciones y disfrutan de cada momento sabiendo lo que es. Por otro, el grupo de seguidores ingleses que habían ido siguiendo a The Jokers, pero que se quedaron a disfrutar de Eldorado. Y por otro, los que teníamos un conocimiento menos preciso de la banda. Yo estaba entre estos últimos, porque aunque tengo todos sus discos y los he comentado para la web, nunca les había visto en directo, cosa que estaba deseando por los buenos consejos de amigos que sí habían tenido esa oportunidad.
Arropados por los aplausos del público, subieron al escenario los habituales Jesús Trujillo (voz y teclados), César Sánchez (bajo) y Andrés Duende (guitarra), acompañados por la nueva incorporación del grupo: Christian Giardino (batería), hijo del gran Walter Giardino (guitarrista de Rata Blanca). Con bastante calma, comenzaros de forma suave con una intro instrumental que fue in crescendo hasta desembocar en “Mr. Saturno”.
Las sonrisas de los músicos indicaban que todo iba sobre ruedas. Eldorado es una banda rodada, con amplia experiencia en los escenarios de todo el mundo, y esa experiencia internacional les da unas tablas que les han convertido en un grupo maduro que funciona como un reloj. Siguieron con “Juegos de Medianoche”, uno de los pocos temas del concierto cantados en castellano, ya que la mayoría del set fue cantado en inglés, ahondando en el concepto internacional que ya tiene Eldorado.
La única duda previa al concierto podría haber sido el grado de integración de Christian Giardino, el nuevo batería. Y puedo decir que cumplió con nota. Si bien tuvo algunos momentos de duda en los primeros temas, en cuanto se relajó demostró que es un gran instrumentista, y que está muy bien adaptado al siempre difícil cometido de tocar en un grupo como Eldorado, muy dado a extender los temas en directo, en largas improvisaciones de los que siempre salió bien parado.
Siguieron con “Like A Lost Child”, al que dieron un plus de emoción e intensidad, lleno de feeling, algo que también se podría aplicar a “Falling Falling”, más lento pero igual de intenso, del que Jesús Trujillo comentó que había un videoclip de este tema pululando por internet.
Y tras dos temas más lentos, apretaron el acelerador con “Maybe Forever”, con un gran trabajo de toda la banda, sobre todo la guitarra de Andrés Duende, muy inspirado toda la noche y la voz de Jesús Trujillo, excelente en este tema vocalmente bastante exigible, sin desdeñar la contundencia de la base rítmica, con César Sánchez y Christian Giardino perfectamente acoplados.
La primera versión de la noche que haría Eldorado fue “Helter Skelter”, el clásico de The Beatles al que Eldorado imprime aún más fuerza. El tema, como tantos otros, fue alargado en una larga improvisación que llegó hasta los 10 minutos, con ese espíritu setentero que desprende Eldorado. Tras él, Jesús Trujillo volvió a sus teclados para introducirnos en “Atlántico”, otra de sus joyas llenas de sentimiento, también muy extendida. Y es que, como dijo César Sánchez en un momento del concierto, “los temas de Eldorado nunca se sabe cuanto duran”.
De ahí pasaron al hard rock pesado de “Another Bright Sunday”, uno de los temas más heavies de su set, tras el cual la banda abandonó el escenario para dejar sólo a Jesús Trujillo, quien con una guitarra acústica nos ofreció la bonita “Blue Jay Wings”, una preciosa balada acústica cantada con pasión y acompañada por sus fieles seguidores que se encontraban entre el público.
Este bonito paréntesis permitió recobrar el fuelle para afrontar el resto del concierto. Con la banda al completo de nuevo sobre las tablas, una intro enérgica de Christian Giardino retomaba la acción con “Reactor”, un cañonazo que nos puso a todos las pilas de nuevo, sensación que no decaería el resto de la noche.
“Space Mambo” mantuvo el alto nivel, con la banda desatada y el público completamente entregado, a la que siguió “Kassandra”, otro tema lleno de feeling, con Jesús Trujillo en estado de gracia, enfilando la recta final del concierto con “Paranormal Circus”, uno de los momentos de la noche por su intensidad y su sentimiento. Para no olvidar.
Para ir terminando, nos ofrecieron la segunda y última versión de la noche, recordando su gusto por Grand Funk Railroad, versionando la versión de “Inside Looking Out” que los propios Gran Funk hicieron en su día del tema original de The Animals, para después poner punto y final con “La casa de las 7 Chimeneas”, cerrando 2 horas inmensas de hard rock sin fisuras.
Debo reconocer que salí extasiado del concierto. Todos los buenos augurios que tenía con respecto al directo de Eldorado fueron cumplidos, e incluso superados. Hay que estar en uno de ellos para conocer lo que ofrecen estos chicos. Y si te gusta el rock setentero, con sus improvisaciones, temas extendidos y actitud de la época, podrás disfrutar de unas canciones que ya de por si son buenas, en su mejor elemento: sobre un escenario.
No te lo pierdas. Yo repetiré en cuanto pueda.
Texto y fotos: Shan Tee


