Este inicio de década que estamos acabando se nos presenta muy suculento. La calidad de los nuevos lanzamientos, tanto a nivel internacional como nacional, es incontestable y un signo de buena salud para el Rock. No es fácil, por lo tanto, destacar en un panorama cada vez más amplio en el que viejas glorias y nuevas promesas se disputan las ventas y el prestigio. Sin embargo, hay un grupo de bandas que tienen cierta ventaja: las que ni son nuevas promesas ni son veteranos, pero que tienen la oportunidad, con cada disco nuevo, de consagrarse. Esto es justamente lo que han hecho estos americanos.
El sonido de The Black Keys puede recordarnos a cosas tan distintas como The Clash, Queens of the Stone Age, White Stripes o los mismísimos Led Zeppelin. Practican un Rock directo, de temas cortos y aparentemente sencillos, pero con unos cuantos ases en la manga. Estos ases pueden ser unos coros soberbios, una guitarra acústica o un giro de 160 grados en medio de una canción. Se dejan entrever sus raíces de Rock de garaje, de Rockabilly o de Punk, pero a la vez hacen gala de una madurez y una elegancia que los coloca en una incómoda plaza, entre el Hard Rock de calidad y el Rock americano de tinte comercial. Claro que, a día de hoy, quizás esta sea la única vía para triunfar haciendo a la vez música digna.
“El Camino” juega con fuego sin quemarse; esta delgada línea entre el Rock, el Punk y el Country que consiguen cruzar con estilo seguramente sea un acierto de su padre adoptivo (musicalmente hablando), Danger Mouse, músico y productor en alza en los tiempos que corren. Pero la mayor parte del mérito, no obstante, recae en el dúo formado por Dan Auerbach (guitarra y voz) y Patrick Carney (batería).
Los temas son bastante homógenos, pero yo destacaría sin pensármelo dos veces “Lonely Boy”, “Little Back Submarines”, “Sister” o “Stop Stop” como los más representativos, y de hecho me extenderé un poco con ellos. En estos, el minimalismo en los medios no es impedimento para hacer un alarde de buen gusto y “savoir faire” envidiables. Ya veréis.
“Lonely Boy”, el tema que abre, tiene todos los números para convertirse en un éxito, dado su gancho y su ritmo. Los coros son excelentes y la guitarra muy efectiva pese a su simplicidad.
“Little Black Submarines” es el mejor tema del disco de largo. Empieza tranquilo, a modo de balada, pero rápidamente entra la distorsión y el desmadre, evocando aquel “II” de los zepelines que, como resulta patente, todavía extiende su influencia en los más jóvenes (y yo que me alegro).
“Sister” se abre con un sencillo riff y una base rítmica de aúpa para desembocar en un estribillo muy “bluesy”. Una delicia.
“Stop Stop” derrocha ingenio por los cuatro costados. Es un tema adulto, trabajado, sencillo a priori pero con un bagaje de influencias que pasan por el Country o el Soul.
En resumen, un disco ideal para pasar una buena tarde de domingo, y un firme candidato a disco del año. No os lo perdáis.
Jaume “Mr. Bison”
