AUDIOSLAVE “Audioslave” (2002)

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audioslave_audioslaveCuantos meses hemos esperado para escuchar esto… Por fin podemos decir que el nuevo proyecto de Chris Cornell y los miembros de Rage Against the Machine es una realidad. No es para menos. Dos de los pesos pesados de la pasada década unen sus esfuerzos de cara a afrontar el nuevo milenio.

La situación en la que se encontraban ambas partes antes de iniciar esta andadura era similar. Soundgarden decidieron que era hora de zanjar una carrera ascendente que con cada paso marcaba un nuevo techo a superar. Como los grandes, abandonaron en la cumbre y dieron muerte orgánica a la banda con una dignidad de la que podrían aprender otros. El fin de RATM no fue tal hasta que Morello, Commerford y Wilk, de mutuo acuerdo con Cornell, optaron por emprender un proyecto totalmente nuevo. Carecía de sentido buscar recambio para un Zack De La Rocha que imprimía la personalidad y el carácter reivindicativo del grupo. Pero las proclamas políticas se habían quedado desfasadas y la evolución musical se limitaba a las genialidades de Morello. Pese al éxito de “The battle of Los Angeles” y la gira apoteósica consiguiente, estos factores desgastaron mucho al cuarteto y el replanteamiento de su continuidad fue la opción más prudente y lógica. Así, nació Audioslave.

Creo que puedo generalizar al decir que intentar imaginarse lo que podía salir de este encuentro era toda una incógnita. Cómo fusionar dos concepciones del rock tan diferentes, un cantante de corte clásico y letras simbólicas con unos músicos que construían la base sobre la que rapear consignas revolucionarias. Era la pregunta del millón. Pues bien, a pesar de que en la práctica los más allegados al legado RATM echen pestes de este proyecto o los acérrimos seguidores de Soundgarden queden estupefactos ante la dirección filosósico-religiosa que han tomado los escritos de Cornell, la fórmula funciona pero que muy bien.

Cochise” no se hace mucho de rogar. Lo primero que se advierte es el tamiz rasgado que adopta la garganta de Cornell. Cual Robert Plant, dibuja unas líneas vocales sobre el riff de Tom Morello que me hace pensar que estoy ante el “Whole lotta love” de la “década cero”. “Show me how to live” confirma el buen comienzo: más de lo mismo, rock clásico revisado a fondo, redefinido con los criterios que esta superbanda impone y con Chris Cornell entregado en cuerpo y alma al papel que se le presupone. Éste sí es él. La voz de los noventa para no pocos precisamente ya nos tiene a sus pies al cántico existencial de ‘you gave me life / now show me how to live’.

Seguro que la inclusión de una cantidad ingente de medios tiempos muy sui generis dejará boquiabierto a más de uno. ¿La base rítmica de Rage Against The Machine siguiéndole el juego a los líricos números intimistas del ex – Soundgarden? Basta con echarse al oído “What you are” y “Shadow on the sun” para corroborarlo. Y decir que “I am the highway” o “Like a stone” cuadran dentro de las latitudes en las que se encuentra el último álbum de los Peppers no parece un disparate a tenor del producto obtenido. Más muestras de sosiego… La bluesera “Getaway car” y “Last remaining light” dan por clausurado “Audioslave” emulando las coordenadas que trazaron las composiciones de “Euphoria morning”, el primer trabajo de Cornell en solitario: calidad por los cuatro costados, el vocalista literalmente volando con los tonos, elegancia en exceso y distante del rock explosivo que inicia este álbum. La nota discordante la pone una “Bring’em back alive” retorcida y cruda, pero sin tanto encanto como el resto del repertorio.

Por su parte, Morello cumple con las expectativas y no decepcionará a quien le creyera incompatible con el antiguo compañero de Kim Thayil. Su tendencia a experimentar es parte fundamental de canciones como “Light my way” (con unos efectos que traen a la mente “Great big white world ” de Manson), “Hypnotize” (que parece guardar a Moby en la recámara) o “Gasoline”. El primer minuto de “Set it off” sirven de demostración de cómo usar pedales de mil formas distintas, pero luego se transforma en un clásico que David Coverdale podría mostrar orgulloso en su historial. Es curioso que, con un vocalista de una naturaleza absolutamente opuesta a la de De La Rocha, los riffs incendiarios del guitarrista suenen tan legítimamente rockeros. No ocurre lo mismo con los solos, por supuesto, que siguen innovadores y bizarros en manos de este pionero. “Exploder” ejemplifica esta fusión, uniendo conservadurismo y modernidad a partes iguales.

¿El veredicto? Se puede afirmar que Cornell vuelve a pisar el terreno que le es natural: el del rock vitalista y lleno de matices. Por su parte, Morello & Co. han recuperado la frescura que iban perdiendo poco a poco bajo las directrices que marcaba RATM. Por tanto, no pueden más que congratularse por el trabajo realizado y, sobre todo, por una primera mitad del álbum sublime. Honestamente, no esperaba que este experimento llegase a tan buen puerto. Pero debo reconocer el error. Aquí no hay lugar para escepticismos ni suspicacias.

J.A. Puerta