En el verano de 1978, a muchos se les heló el corazón cuando se escucharon rumores que venían a decir que Asfalto, la formación que habían grabado unos meses antes uno de los discos históricos de nuestro Rock, se separaban definitivamente. La incorporación o no de cierto músico en la formación de Asfalto hizo que las discrepancias en el seno del grupo fueran tales que se fracturó justo por la mitad, de tal manera que José Luis Jiménez (bajo y voz) y Lele Laína (guitarra y voz) cogieron el portante y se montaron su grupo, para el que, por cierto, reclutaron al músico objeto de la discordia. Aunque podrían haber seguido siendo Asfalto, decidieron ponerse Topo como nombre de guerra, pero esa es otra historia que seguro reseñaremos algún día.
Julio Castejón (guitarra y voz) y Enrique Cajide (batería) se quedaron entonces sin grupo y barajando opciones. En vista de que el universo Asfalto se quedó sin habitantes, decidieron seguir dándole vida fichando a dos músicos como José Ramón Pérez, más conocido como “Guny” (bajo y voz) y a Jorge Walter García Banegas (teclados), procedente de la banda uruguaya Psiglo, a la que también pertenecía Hermes Calabria (batería después con Barón Rojo) y el mítico Rubén Melogno.
Con nueva formación, con el bagaje como grupo de haber grabado un disco pionero en muchos sentidos en la música de este país, y con un estilo distinto que ofrecer, entrado el otoño se fueron a los estudios DJM de Londres a grabar lo que sería su segundo disco en estudio para Chapa Discos, con John Cooper como ingeniero de sonido.
El contenido del disco era muy diferente al primer LP, publicado en marzo de ese mismo año, algo que fue recibido con un cierto escepticismo al principio, sensación que con el paso de las escuchas fue transformándose en sorpresa y posteriormente en admiración.
Julio Castejón tomó el mando vocal, que antes estaba repartido, y también el compositivo junto a Jorge (entre los dos firman todos los temas), aunque hay que decir que una gran parte del disco fue hecho a partir de ideas que ya traía Jorge consigo. De hecho, los teclados se convirtieron en una parte fundamental del nuevo sonido Asfalto y transformaron el aire general del grupo, que tiró claramente hacia el Rock progresivo, con composiciones de mayor duración y desarrollos instrumentales más elaborados, muy en la línea que marcaban los grandes del estilo como Yes, Genesis o Supertramp, pero también intercalando temas más cortos y sencillos, santo y seña del estilo del grupo a lo largo de estos treinta y tantos años de vida.
La parte más sinfónica del disco, temas como “No estás solo”, “Al otro lado” o la instrumental “Expectativa”, ponían al grupo a la altura de los grupos antes mencionados sin ningún tipo de complejos, al menos en las preferencias de los seguidores del estilo, con el aliciente de las letras en castellano y el contenido de las mismas, mientras que los temas más cortos y directos como “Mujer de plástico” o “¿Dónde estáis?” eran fácilmente digeribles por más público.
A estos hay que añadirles los temas con más carga emocional, otra de las características de las composiciones de Asfalto, como “Nadie ha gritado” y uno de los clásicos más claros del grupo, “El viejo”, que combinaba la duración y complejidad de los temas más progresivos, con la inmediatez y capacidad de conectar con la gente de las canciones más directas, además de esa carga sentimental o emocional que comentaba antes.
La grabación se terminó a mediados de octubre y, finalmente, “Al otro lado” fue publicado el 18 de diciembre de 1978 bajo la producción de Vicente “Mariscal” Romero.
Con este segundo LP no sólo consiguieron darle continuidad a uno de los proyectos musicales más interesantes de la historia de nuestro rock, sino que fabricaron un disco con el que obligaron a gente de fuera a empezar a vernos de forma distinta en lo musical. Y si no que se lo pregunten a los afortunados que pudieron ver en aquellos días del otoño de 1978 a Asfalto como el grupo de Rock español que, por primera vez en la historia, tocaba su música en la mítica sala Marquee de Londres, todo un templo del Rock del momento.
Atrás quedó el disco de presentación del grupo con todos sus clásicos y las divergencias en su seno que llevaron a la escisión. El inicio de esta segunda etapa hacía prever un futuro al que no le hacía falta tirar de memoria, puesto que se habían situado en la vanguardia y eran los máximos exponentes de una generación de grupos, entre los que también estaban Bloque, Ñu y otro buen puñado de ellos, que hicieron funcionar la imaginación hasta tal punto de dar forma, sin saberlo, a una de las etapas más creativas de nuestro Rock.
Alvar de Flack
