ASFALTO “Mas que una intención” (1983)

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asfalto_masqueunaintencionFuera del sello Chapa (con el que había registrado cuatro álbumes, uno de ellos doble), Asfalto empezaba los años ochenta con una decisión fundamental: crear su propia marca discográfica. Ya no tenían confianza en las discográficas establecidas, de modo que ahora aplicarían el “yo me lo guiso, yo me lo como”. Era un paso valiente en el terreno de la infraestructura.

En el plano musical se reservaban una gran sorpresa. El grupo tendría un “frontman”, como se dice en el argot anglosajón. El líder Julio Castejón cedía protagonismo en aras de una renovación de Asfalto. El nuevo miembro era Miguel Oñate, un vocalista con excelente imagen y un registro y puesta en escena que rápidamente le hicieron ser conocido como “el Coverdale nacional”.

El resto del equipo no varió: Guny estaba al bajo, Jorge G. Banegas en los teclados y Enrique Cajide a la batería. El quinteto se entregó a una grabación que supervisaba Castejón. El Asfalto de 1983 sonaba mucho más fresco y, sobre todo, más duro. A veces se le había achacado a la banda madrileña una cierta suavidad de maneras, en especial en “Déjalo así”, publicado dos años antes.

“Más que una intención” es, ya de por sí, un título premonitorio, de anticipo de intenciones e ilusiones. Canciones como “La batalla” o la final “Tenías razón” destacan por su fortaleza. “Joven ruso” es puro deseo de romper con la guerra fría que todavía atravesaba el mundo por aquel entonces. “El hijo de Lindbergh” expresa el lado más sentimental de Castejón. Y “La paz es verde” se destaca por encima de todas y todavía hoy es uno de los emblemas en directo. “Tiempo gris” es una balada preciosa de Banegas, quien se erige como gran triunfador del disco a nivel compositivo (Jorge escribe o participa en siete de los nueve temas, incluido el también resaltable “Richi”).

Por el lado vocal, Oñate ofrece unas intervenciones admirables. Ponía a Asfalto en otra categoría, sin desmerecer en absoluto al brillante pasado que el grupo se había ganado a pulso antes de la entrada de Miguel. Por su parte, Castejón se lucía al entregar el tema-título, una preciosidad que ha superado el test del tiempo. Faltaba por mencionar la inicial “Concierto fatal”, otra tonada de Banegas que servía muy bien para abrir boca.

¿Y después? Asfalto, con esta magnifica formación, ofreció otro álbum de campanillas (“Cronophobia”) y nos deslumbró con unos directos inolvidables hasta 1985. Nunca se sabe qué pasó exactamente, pero el caso es que Miguel Oñate decidió apearse en marcha para dedicarse a una carrera solista algo perezosa: si no fuera porque se le puede encontrar fácilmente interpretando para unos pocos con su magnífica voz. A Asfalto le dio tiempo a reinventarse varias veces (incluida la reunión del cuarteto clásico en 1994), y hoy por hoy, con el equipo rejuvenecido y Castejón al frente, es capaz de protagonizar conciertos sublimes como los de este verano de 2008.

Pedro Giner