Decepcionante era el adjetivo más repetido, “esto no es Asfalto” decíamos muchos, “¡Vaya título más oportuno!” decían otros… bueno, se dijeron muchas cosas de este disco, y casi ninguna buena. Lo que quedó más que claro es que, independientemente de si te gustó este disco o no, fue el momento en el que tocaron fondo, tanto compositivamente como en popularidad y ventas, incluso con algún presunto daño a la imagen del grupo como efecto colateral.
La “Rockorquesta”, o lo que es lo mismo, Asfalto haciendo versiones, se planteó el futuro con la que, para algunos, tendría que haber sido la segunda y definitiva formación del grupo tras la publicación del primer LP: Julio Castejón (guitarra y voz), José Luis Jiménez (bajo y voz), Lele Laína (guitarra y voz) y Terry Barrios (batería y voz), es decir, los primeros Asfalto con Terry o, si lo prefieres, tres cuartos de Topo con Julio. El tiempo ha demostrado que esta formación hubiera sido un error de haberse materializado en el momento en el que la mitad del grupo se fue a montar Topo, porque nos habríamos perdido todo lo que vino después con cada grupo por separado pero, sobre todo, por lo que hubieran podido hacer juntos, si es que “Sólo por dinero” sirve como triste botón de muestra.
Más que un disco de Rock podría servir perfectamente para el hilo musical del dentista. Así de divertido. Temas sosos de los que es difícil destacar alguno por encima del resto, si acaso “El lado oscuro de la calle” que canta Terry, “Lo que el viento no se llevó” por mantenerse en el actual repertorio y “Niños de Beirut” en el que se incluyen voces infantiles. También hay una buena versión de un tema de Wayne Larson Thomson titulado “The Letter” (“La carta”) y algunas letras aprovechables en “Somos libres” y “Un día de estos”, pero en general es un disco triste en todos los sentidos.
La parte vocal se la repartieron entre los cuatro, y en lo musical no hay mucho que destacar. En la grabación colaboraron Lorenzo Azcona (Saxo), Paco Palacios (del grupo de Miguel Ríos o Joaquín Sabina, entre otros) metiendo algunas guitarras y Miguel Ángel Collado (Santa, Ñu, Rosa Negra, etc.) grabando los arreglos de teclados que, por cierto, y en mi opinión personal, son los culpables de que este disco haya envejecido tan mal.
Ni siquiera la batería de Terry, un músico con el swing propio de los baterías zurdos (y esta es otra opinión personal), demostró todo su poderío en el disco, que terminó ahogada y con un sonido inmerecido que la diluyó entre tanta dulzura. Pero lo que terminó de rematar el desconcierto fue el vídeo-clip de “Maldito gato” que se grabó para promocionar el disco. Malo de solemnidad. Se le puede echar un vistazo en YouTube, por si alguien tiene curiosidad.
Se grabó durante el otoño de 1989 y se mezcló y publicó en la primavera de 1990 sin demasiada confianza (Ellos mismos admiten que en el invierno intermedio se les quedó “helada la moral”).
La crítica profesional fue especialmente dura, como también fue demoledora la opinión de sus más fieles seguidores, entre los que me encuentro. El paso de los años y las escuchas ha conseguido que se obvie esa etapa como mal menor, pero en su momento fue muy decepcionante, como decía al principio. Tampoco pasará a la historia como uno de sus mejores discos, pero al menos sirvió como acicate para no repetir los mismos esquemas en “El planeta de los locos”, que publicaron cuatro años más tarde.
Alvar de Flack
