ZARPA “Las puertas del tiempo” (2012)

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zarpa_laspuertasdeltiempoHoy en día es más o menos habitual encontrarse con discos con producciones atronadoras. El problema es que no son precisamente pocos los que carecen de verdadero contenido que los sostenga. Afortunadamente, el trabajo que nos ocupa hoy no es de ese tipo; más bien al contrario. “Las puertas del tiempo” cuenta con una buena colección de temas a los que una producción mediocre no acaba de hacer justicia. La parte más sangrante se la llevan las guitarras, que están pésimamente ecualizadas; algo que resalta especialmente cuando ese instrumento se queda sólo (como el inicio de algunos temas).También hay cierta sensación de falta de “aire” en momentos en los que se juntan todos los instrumentos + arreglos + voces + coros, etc. En esos casos, aparte de perderse algunos detalles y arreglos, la sensación de “pelota sonora” se acrecienta. Definitivamente se echa en falta más trabajo de ecualizador y quizás menos de compresor; que para subir el volumen ya tenemos el potenciómetro del equipo.

El otro hándicap de este disco es su duración. En más de una hora de música es imposible que no haya algún tema “de relleno”, y este disco no es la excepción.

Dicho esto; al margen de ese par de detalles que al menos a mí me han parecido negativos, “Las puertas del tiempo” cuenta con algunos de los mejores temas de Heavy metal ochentero que he escuchado en mucho tiempo, y por supuesto, ya hace años que Zarpa se meriendan a la mayoría de las bandas españolas del género, incluyendo a las más “grandes”. 

El trabajo comienza con “Rescátame”: directamente un temazo al que el único “pero” que le pondría es que no me gusta el tratamiento que se le ha dado a las voces en algunos coros. Por lo demás es una elección excelente para abrir un disco.

“Karthago”, tema dedicado al sello con el que la banda edita sus discos desde el 2004, es aún mejor que la pista que le precede. No hay ni una sola nota entre todos sus arreglos, riffs, solos, estrofas y estribillos que no me haya gustado. Simplemente bestial.

En “Esto es Heavy metal” nos encontramos la “típica” canción dirigida a quienes piensan que el Heavy metal es, aparte de un género musical, una forma de vida. Instrumentalmente está muy trabajada, pero el mensaje que desprende su letra no va conmigo.

“Demonios en tu cabeza” es más “modernilla” de inicio, con cierto aire a los Judas Priest de los últimos años. Incluso los solos de este tema me han recordado horrores a los de Tipton y Downing. Me ha llamado mucho la atención el cambio introducido tras esos solos; simplemente sublime.

“Las puertas del tiempo” cuenta con un buen inicio, con cierta épica, pero es un tema que se me acaba haciendo pesado.

En “Trovador / Trovador eléctrico” nos encontramos con una parte principal preciosista con acústicas, teclas y laúdes, en plan bardo, y otra hacia la mitad de la canción donde volvemos a las guitarras eléctricas. Cuenta con un estribillo bastante resultón.

Con “Prisioneros de un mundo letal” volvemos a la caña. Es otro buen corte con buenas armonizaciones, algún riff más modernillo, estrofas con arreglos de guitarras limpias y un buen estribillo. Los solos de este tema no me han parecido demasiado inspirados.

Las estrofas de “Vuela libre el dragón” me han recordado al tema “El pobre” de Barón Rojo. Anécdotas aparte, estamos ante una canción simplemente correcta. Su estribillo no me ha acabado de gustar del todo.

La pista número 9: “El duende se fue” es un homenaje a Ronnie James Dio. Me duele decirlo por lo que supongo que debería representar, pero no me ha gustado nada.

Y llega el momento de la balada del disco; en este caso con la colaboración al piano de Annika Argerick (StoneLake, Veritate, ex-Cult Disciples), quien firma como autor junto a Vicente Feijóo. “En soledad” es un temazo que gana enteros con cada escucha.

Con las dos pistas siguientes: “No hagas la guerra” y “Mensajeros del sol” el interés decae bastante (al menos el mío).

“Chicas del metal” no acaba de arreglar el bajón. Es un tema muy cañero y directo, pero tiene una letra que, al menos a mí, me ha dado cierta vergüenza ajena.

Y llegamos al final. “Yo soy el poder y la ley” hace recuperar el buen sabor de boca. Es un medio tiempo con una atmósfera cojonuda, una buena letra y unos coros muy bien metidos. Sin duda una buena elección para cerrar un trabajo que de haber contado con una producción más trabajada y algunos minutos menos, rozaría el sobresaliente.

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J. Galiana