Me siento a escuchar el nuevo trabajo de Toto mientras intento hacer su reseña, pero la verdad es que no sé qué decir. Cada vez que escucho alguna nueva creación de este grupo me quedo sin palabras. Lo mismo me pasa con Rush y con otros que están ya fuera de categoría, como el Tourmalet. Entiendo, por lo tanto, que no puedo ser demasiado objetivo y lo reconozco. Sin embargo no quiero deshacerme en halagos porque me siento ridículo, así es que colocaré los justos y necesarios. También creo que sobra recordar lo buenos músicos que son, o la merecida reputación de uno de los grupos más profesionales de la escena rock mundial. A estas alturas, hasta quienes no consumen su música reconocen que Toto son una banda que cuida todo lo que hace.
Música imposible de encuadrar en un estilo, mezcla de rock más duro que nunca con elementos progresivos, de jazz, funk, melódicos, pop y algún estilo más que se añade porque sí, porque son Músicos, porque se empapan de todas las corrientes para escurrirse luego en cada uno de sus discos, de sus canciones, de sus partos…
Canciones compuestas con mimo y ejecutadas con maestría, y me está saliendo una cosa bastante cursi, ya, pero es lo que sugiere. Sí, también sé que a veces se tira de clichés y que éstos ni siquiera son leídos con respeto, pero suelo medir mucho lo que digo y cómo lo digo, así es que toca decir que el mimo y la maestría se les supone, como el valor en la mili, pero es que además lo demuestran a cada segundo del disco.
Lo de dentro es “Falling in between” (contraste), “Dying on my feet” (feeling), “Bottom of your soul” (Toto clásico), “King of the world” (AOR para FMs), “Hooked” (la puedes escuchar cien veces y en cada una hay algo nuevo), “Simple life” (acústica y tranquila), “Let it go” (funk + melodía), “Taint your love” (buf!, tremenda), “Spiritual man” (tranquilita), “No end in sight” (hard rock puro), y “Reeferman” (bonus-track instrumental de jazz-experimental, si es que existe eso). Todo Toto. Punto.
Bobby Kimball, Steve Lukather, David Paich, Greg Phillinganes, Mike Porcaro y Simon Phillips (ahí es ná).
¿Lo mejor de su carrera? Probablemente sí. Espectacular.
Alvar de Flack
