Steve Vai se ha sacado de la manga un recopilatorio que contrasta con los “Best of” y “Greatest hits” a los que estamos habituados. En un alarde de originalidad, se ha dedicado a reservar intencionadamente el séptimo lugar de cada uno de sus discos a composiciones que, según él, están inspiradas en su naturaleza más mística e intuitiva, dejando aparcadas las demostraciones de virtuosismo que tanto gustan a estos maestros de la guitarra. El background de este genio de las seis cuerdas es extraordinario; tiene en su haber multitud de trabajos firmados junto a Frank Zappa, formó parte de la banda de David Lee Roth en sus primeros pasos tras la marcha de Van Halen, pasó fugazmente por las filas de Whitesnake y Alcatrazz y ha colaborado con gente como Alice Cooper, Joe Jackson o su colega Al Di Meola.
Lo que se esconde bajo este trabajo de nombre estrambótico y portada fantástica es un puñado de buenos temas con todo el sentimiento que un músico de la talla de Steve Vai es capaz de imprimir a cada una de sus notas. Sin despreciar ninguno de los cortes que conforman “The 7th song”, sobresale con claridad “For the love of God”, extraído de su obra maestra “Passion and warfare” (y es que el solo que se marca Mr. Vai en la parte intermedia de esta canción no es de este planeta). Tampoco dejaré de mencionar la fabulosa “Hand on heart”, perteneciente a un gran disco, “Fire garden”, que pasó completamente desapercibido, “Windows to the soul” de su último “The ultra zone” o “Touching tongues”, la excepción instrumental del álbum que el polifacético Devin Townsend grabó como cantante junto a Vai, “Sex & religion”, y al que puedes oír entonando unas breves estrofas. Como salvedad a los temas de sus discos en solitario, aparece “Christmas time is here”, la contribución de Steve al primer volumen del recopilatorio navideño “Merry Axemas”, en el que aparecieron otros grandes de la guitarra como Joe Satriani o Ted Nugent. El incentivo para sus fans, quienes al fin y al cabo conocen el contenido de este álbum de antemano, son tres canciones nuevas en la misma onda melódica y que gustarán por igual a cualquier seguidor de este “guitar-hero”: la deliciosamente extensa “Melissa’s garden”, “The wall of light”, en la que genera una atmósfera de puro encantamiento, y “Boston rain melody”, que cierra el compacto evocando ligeramente a “The riddle”.
El handicap de un experimento como este es el verse obligado a dejar fuera de la lista una serie de canciones emblemáticas como “Liberty”, “I would love to”, “Dyin’ day”, “The crying machine” o “There’s a fire in the house”, que son tan sólo algunas de las que me vienen a la mente en este momento. A pesar de esta circunstancia, el hecho de tener en un solo trabajo una colección de excelentes piezas melódicas de un artista como el que nos ocupa es un lujo para nuestros oídos. “The 7th song” es la mejor banda sonora con la que puedas acompañar una de esas lluviosas tardes de otoño.
J. A. Puerta
