Ya puede decirlo quien quiera, hasta el mismísimo archimandrita de Jerusalén pero yo sigo en mis trece pensando que el verdadero espíritu del Heavy Metal se encuentra depositado en bandas como Corrosion Of Conformity, Monster Magnet, Black Label Society y por supuesto Spiritual Beggars antes que en muchas otras que, sin embargo, gozan de mucha más repercusión y más reconocimiento por parte del público en general y de la prensa en particular. Desde luego, en mi opinión, estas bandas recogen mucho mejor la esencia de gente como Sabbath, Zeppelin o Deep Purple y hasta Maiden o Saxon, por decir dos de la década de los años ochenta, que cualquier otra que pulule por estos mundos de dios y para percatarse de lo que digo no hay nada más que darse un garbeo por discos como este poderoso “Demons” que tenemos ahora entre las orejas. Que no me cuenten trolas de Stoner Rock, Hard Rock Psicodélico ni qué niño muerto, que esto sí es Heavy Metal “del de toa la vida” y además de pata negra.
Spiritual Beggars son -otra más-, una banda procedente de las frías tierras escandinavas que se dio a conocer, aunque por aquel entonces ya tenían publicado más de un disco, cuando tuvieron la suerte de abrir la gira de tanteo (acababa de volver el hijo pródigo) de Iron Maiden. Por aquel entonces presentaban en sociedad el cojonudo “Ad Astra” (2000), al que le seguiría, con cambio de cantante incluido, “On Fire” (2002), otra bomba de destrucción masiva, y ahora, ya les tocaba, vuelven más poderosos que nunca con “Demons” su disco más ochentero, más heavy en el más estricto sentido del término.
Ya no cabe duda de que Michael Amott, guitarrista y líder de la banda (también miembro de Arch Enemy y ex-Carcass) es un pequeño genio, y no hablo de estatura ni envergadura sino del magnifico ramilletes de solos y riffs que nos deja en “Demons”, y el nuevo cantante de nombre tan güisquero como JB, es el colofón perfecto a las composiciones de Spiritual Beggars, capturando con su voz lo mejor de cada casa.
La intro “Inner Strength” da paso a toda una colección de himnos de los que destaco, por resaltar algunas, “Salt In Your Wounds”, un enérgico tema rebosante de riffs y melodía, la cautivadora y mi favorita del disco, “Through The Halls” con una líneas vocales realmente hipnóticas que JB borda de una manera arrolladora. La trepidante “Elusive”, la hiper sabbathica “In My Blood” o “One Man Army”, cualquiera vale para justificar el sobresaliente disco.
La producción exquisita, artesanal, profunda y milimétrica a cargo de Fredrik Nordström (¿de que me suena a mi este tío?), la presentación de lujo, la inclusión de un segundo CD con media hora, absolutamente bestial, de un concierto en Japón en 2003, y sobre todo, la calidad del disco hacen que sea, sin duda y para un servidor, uno de los discos del año y una encarecida recomendación. Un disco vibrante de principio a fin.
Floating… in a dreamlike state, my body´s sleeping, my mind is awake.
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Pedro Salinas “Pears”
