La esperada continuación de “Slipknot” por fin llega a nuestras manos. “Iowa”, el estado natal de los miembros de la banda, fue grabado en los Studio City de Los Ángeles. La producción ha recaído en el gurú del metal 90, Ross Robinson (Sepultura, Soulfly, Korn, Amen, etc.), quien ha contado con la ayuda de la banda (concretamente del batería Joey Jordison). Los nueve hombres enmascarados han cambiado su atuendo rojo por otro oscuro con la cabra de la portada en el pecho, una imagen más conveniente para las nuevas directrices de su música, más contundente en lo referente a composición y sonido que su homónimo. Con “Iowa” han querido desmarcarse de cualquier guiño a la comercialidad, de ahí que no se hayan conformado con rubricar una obra repleta de números sucedáneos de “Wait and bleed”, lo cual hubiera sido el camino fácil a las ventas y la popularidad. Aquí sólo encontrarás metal apabullante no apto para oídos delicados o momentos de serenidad.
Cuando puse el compacto por primera vez, me dejé engañar por la tranquilidad de la intro, pero nada más lejos. “People=Shit” comienza como un cañonazo de brutal death americano de batería ultrarrápida, voz de ultratumba y ritmo endiablado. Baja un poco la caña (por suerte, porque vaya tela para abrir boca) y se vuelve más machacona. Me puedo imaginar a la gente gritando el estribillo en directo: un éxito asegurado. El estilo de Slipknot se sustenta sobre unos referentes claros que ellos llevan al límite. “Disasterpiece”, por ejemplo, coge su parte de Fear Factory, aunque añadiéndole un apoyo de percusión a la batería que ya quisiera Raymond Herrera para sí, y de Soulfly, sumándole a todo esto un estribillo que roza el grindcore (y es que Corey Taylor se vuelve loco gritando). En esa misma línea de los Factory siguen “Everything ends” (otra que será pieza obligada en los conciertos de esta gira y que le da un aire a “Spit it out” por ese ritmo trepidante), “The heretic anthem” y “New abortion”, eso sí, agregando una pizca de death metal (esta vez Corey se ensaña con un repertorio de gruñidos guturales) que endurece más si cabe el resultado final. “Metabolic” y “Skin ticket” nos traen a la memoria a los Sepultura de la época Max Cavalera por esos ritmos machacones de thrash con algún toque death que se suceden incansables, pero con el caos que provoca tanto instrumento metiendo baza (y es que son nueve músicos, que se dice pronto). La extensa “Iowa” es similar, aunque con scratch de por medio. El scratch también es protagonista en “My plague”, algo que han reducido a pasajes muy puntuales (a diferencia de “Slipknot”, donde cobraba mayor relevancia). Esa mezcla de hiphop y acordes pesados bien podría pertenecer a los Korn de “Follow the leader”. La oscura “The shape” posee un gran trabajo de guitarras, las cuales guían las “parrafadas” rapeadas de Corey hasta regresar a la caña habitual en el estribillo. Al igual que hicieran en “Slipknot” con “Tattered and torn” y “Only one”, han vuelto a regrabar “Gently” de su primer disco, “Mate, feed, kill, repeat” (Ismist, 1997), un tema lento con inicio a cargo de guitarra acústica que luego desemboca en ritmos muy heavies.
En otra onda, nos encontramos con “Left behind”, que une la potencia de la música a una voz desdoblada según el fragmento (clara o grave), dándole un toque a lo Misery Loves Co. Es muy pegadiza, la más accesible del disco, y podría convertirse en la “Wait and bleed” o “Purity” de “Iowa”. Por su parte, “I am hated” es un híbrido entre Korn y las paranoias aquellas con las que se descolgaban Faith No More de vez en cuando: cambios de ritmo constantes y diversidad de voces (esos gritos parecen los de Patton en “Cuckoo for caca”).
Slipknot han firmado una declaración de intenciones con este “Iowa”, configurando un trabajo de metal extremo intachable. Este puñado de temas hecho a la medida de sus shows promete un próximo tour realmente impactante. En cuanto a si supera a “Slipknot”, personalmente opino que se han quedado algo por debajo. “Iowa” tiene momentos brillantes como “People=Shit”, “Disasterpiece”, “Left behind” o “Everything ends”; sin embargo, en su conjunto se me antoja menos completo que su anterior lanzamiento. Desde luego, fuerza le sobra a este álbum y debería colocar al grupo en una tesitura más cercana a la de unos Fear Factory, Korn, Sepultura o Slayer (en términos de los tiempos que corren, claro) que a la de Limp Bizkit o Papa Roach. Pese a esto, les encuentro aún faltos de la sustancia necesaria para llegar al nivel de las bandas que he citado antes. Mal no lo están haciendo, pero si la tan laureada revelación del metal del nuevo milenio desea superar el fenómeno de “Slipknot” y alcanzar el eslabón de “major” que sus antecesores poseen por méritos propios, tienen mucho trabajo por delante. El tiempo nos dirá…
J. A. Puerta
