A mí esto no me gusta, vamos a ser claros desde el principio. Creo que los lectores habituales de esta web saben que grupos de este estilo, tipo Mago de Oz y similares, me parecen un pluff que mata de aburrimiento y que tienen poco aprovechable en lo musical. Quizá en lo “festivo” (pónganse bien grandes y en negrita las comillas) sea un tipo de música que pueda utilizarse en momentos de borrachera o, en general, cuando no se la presta mucha atención, pero aún así resulta bastante pobre.
Los intentos de fusionar rock con música tradicional están muy sobados, y salvo honrosas excepciones de grupos que dignifican el género, da la sensación de ser una mera copia unos de otros. Y ojo, que no estoy diciendo que Ars Amandi no sea un grupo que no se lo crea, simplemente me parece que su propuesta es poco atractiva, repetitiva y cansina.
Vayamos por partes, para empezar el título me resulta un tanto absurdo. “¿Desterrado entre sueños?”, hay que hacer un notable ejercicio de abstracción para darle algo de sentido, pero bien, supongamos que la inspiración poética aquel día sugirió que había que darle alguna vuelta de tuerca más de la cuenta. La portada está bien, bastante parecida a otras miles de portadas, pero con la pérdida para siempre del vinilo tampoco es algo que importe demasiado. La mezcla sí parece acertada, al menos suena bien, quizá la voz algo alta, pero supongo que el estilo lo demanda. Las letras… bien, la rima quietud-multitud-verdad-entenderá, por ejemplo, es típica y sirve de muestra de lo que hay, es decir, en general no demasiado curradas.
En cuanto a los temas, en lo positivo hay que destacar al menos tres: “Rejas de acero” es resultón, de estribillo pegadizo y con un buen riff de guitarra, “El bar” es una buena versión de Topo (incluida en “La jaula del silencio”, de 2000) y “Desterrado de tu cuerpo” apesta a Sangre Azul, pero aún así me parece un gran tema, que sería bastante mejor si no hubiesen metido el dichoso pito con el que estropean casi todo. El resto es una especie de tributo a Mago de Oz, y me da igual quien fuera antes si la gallina o el huevo, el caso es que esto tiene poco crédito. Incluso alguno (“La tierra del recuerdo”) podría acercarse algo más a los Ñu de los ‘90, pero es solo un espejismo, no me extraña que Molina se indigne.
Por destacar más cosas diría que hay un buen trabajo de guitarras con el sonido que le gusta (y a mí, que conste) a V.M. Arias, de buenos riffs en general. Pero con todo esto sigo diciendo que es un disco demasiado local, destinado a un tipo muy concreto de público (entre el que no me encuentro) y con poca ambición.
Puede que el grupo en directo sea la pera limonera, pero este disco es cargante y predecible. En cualquier caso, que tengan suerte.
Alvar de Flack
