Envuelto en una lujosa portada, con buenas fotos y profusa información, me he encontrado con un disco lleno de canciones dotadas de buen sonido, incluso con algún pasaje que me ha obligado a retroceder la reproducción para escuchar de nuevo. Y esto es todo lo bueno que puedo decir de él.
Por lo demás, no hay por donde cogerlo. Supongo que a quien le guste ir a los conciertos a dar botes, este grupo y este disco serán de su total agrado. Canciones facilonas, llenas de tópicos, melodías y textos más que previsibles, una voz a la que le queda otro rato más en el horno para terminar de cuajar, melodías infantiles…
La dulzaina y el pito le dan un punto exótico al asunto, sí, pero el resultado de su participación suena más a un intento de captar la atención de la mayoría de seguidores del estilo (encabezado por Mägo de Oz) que a una apuesta seria por rescatar sonidos Folk. Lástima que esto del Rock pseudo-celta esté de moda, para desgracia de los buenos grupos del género.
Aparte de los temas propios, también incluyen una horrorosa versión de “El río” de Fernando Arbex que popularizó Miguel Ríos, y otras con diferentes colaboraciones como la del propio productor, Manolo Arias.
En fin, que esto no da para más. Quien busque estrofa-estribillo-pito-estribillo está de suerte. Emociones fuertes buscadlas por otro sitio.
Alvar de Flack
