A medida que el tiempo pasa y la edad avanza, la cadencia entre discos se va haciendo también mayor, como si el reposo le sentara bien a cada obra de los grupos clásicos. Ozzy Osbourne, AC/DC… medio lustro largo entre disco y disco de estudio, unas veces por componer de forma más relejada, otras por estirar hasta el límite la productividad del disco anterior y la gira consiguiente, y estoy seguro que en otros muchos casos por pura holgazanería.
Rush tiene, además, el añadido de los indeseados imprevistos fruto de la mala suerte y de la vida misma, superados por el esfuerzo y las ganas de seguir incluso después de llevar treintaytantos años dando la matraca, con sus (con este) 18 discos en estudio, 5 en directo, otros tantos recopilatorios y uno más de versiones.
“Snakes & Arrows” es más Rush que “Vapor Trails”, si es que cabe esa afirmación. No es ni tan tan áspero ni tan austero ni tan triste como aquel. Es más complicado, con arreglos más intrincados y de más rica instrumentación, aunque olvídate de los teclados de su etapa ochentera y de los ritmos imposibles. Como decía antes, es más reposado, lo cual no quiere decir que haya tregua alguna, sino que está más meditado, que la experimentación es menos de eso porque trabaja sobre seguro, está todo mucho más calculado, lo que se traduce en una producción impecable y un resultado final a la altura de los buenos momentos en la historia del grupo.
“Far Cry” podría ser una continuación de “Vapor Trails” y está llamada a no faltar en sus conciertos futuros, “Armor And Sword” tiene un cierto regusto a Led Zeppelin con armónicos de la guitarra de Alex marca de la casa, la pegadiza “Workin’ Them Angels” es el nexo con los Rush clásicos, la semiacústica “The Larger Bowl” entra a la primera, en “Spindrift” arrastran la melodía sobre una progresión de acordes invertidos y la instrumental “The Main Monkey Business” cerraría esta primera parte con algunas voces pero sin letra, uno de los mejores cortes del disco.
De los siete temas que restan habría que resaltar el alma de blues de “The Way The Wind Blows”, otro nuevo guiño a los Zeppelin del “III” en “Hope”, el epicismo de “Faithless”, la alternativa “Bravest Face”, “Good News First” con ese toque a lo Marillion en las guitarras de la parte central, la impresionante instrumental “Malignant Narcissism” y “We Hold On” como broche final a un disco de sobresaliente.
Tampoco hace falta exagerar ni llenar la reseña de adjetivos grandilocuentes. A estas alturas todo el mundo sabe de lo que son capaces, así es que se podría resumir este disco como el momento de creatividad más inspirado desde que cerraron la etapa de los ochenta con el directo “A Show Of Hands” (1989).
Tremendo.
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Alvar de Flack
