No es habitual comenzar el comentario de un disco hablando de la presentación, pero la ocasión lo merece. Y es que el “libro-disco”, como lo han llamado, que contiene el último disco de Rosendo es realmente espectacular, al menos la edición limitada que tengo entre mis manos. Tanto portada como contraportada, así como las páginas interiores que contienen las letras de cada canción y unas cuantas fotos, simulan ser un libro antiguo, con una textura en relieve y un diseño que le convierten en el disco más “bonito” que he tenido oportunidad contemplar. Desde luego, un diez para el artista y la Compañía (Dro) por el esfuerzo por ofrecer un producto de tanta calidad.
Musicalmente, “El endémico embustero y el incauto pertinaz” no se sale en demasía de la línea que Rosendo lleva marcada desde hace ya muchos años. Su personal estilo camina en círculos, con pocas variaciones de unos discos a otros. Quizás sea un error esperar otra cosa, a estas alturas. Su asentada base de seguidores le garantiza unas ventas más que aceptables y su capacidad para agradar a rockeros de todo tipo y pelaje sigue más o menos intacta. Personalmente, hace mucho que dejé de intentar entender sus (en la mayoría) intrincadas letras, y tampoco conecto demasiado con su forma de entender el rock, pero eso no quita para concederle el mérito que merece por su longeva trayectoria y la fidelidad a sus principios. En esta ocasión, el objetivo de sus textos es la llamada “clase política”, con un lenguaje que tiene como virtud explorar el castellano más allá del limitado vocabulario utilizado por la mayoría de bandas de rock, aunque como es habitual en Rosendo, muchas veces es difícil hallar una conexión lógica en algunos de sus textos.
Hace tiempo que Rosendo apostó por la continuidad de sus colaboradores, tanto sus compañeros de banda Rafael Vegas (bajo) y Mariano Montero (batería) como el productor Eugenio Muñoz, quienes forman un equipo que lleva más de 10 años dando estabilidad a la banda. Esto se traduce en una trayectoria homogénea que es muy valorada por la gran cantidad de seguidores que tiene el guitarrista de Carabanchel.
El disco, dentro de la línea habitual de Rosendo y sin salir de su estilo característico, es lo suficientemente variado para que no se haga monótono en absoluto, desde sus ya habituales guiños al Reggae (“Una duda razonable”) hasta un sorprendente “Horizontes”, compuesto sobre una letra de su hijo Rodrigo, con un inesperado estilo Hip-Hop y en el que colaboran Antonio Moreno Amador y Juan Manuel Montilla, del grupo de Hip-Hop La Excepción. Y sobre todo, un grandioso blues (“A dónde va el finado”) que se nos antoja como el mejor tema del disco, y en el que Rosendo se explaya como guitarrista, con varios conseguidos solos marca de la casa.
El resto del disco es puro Rosendo. Un buen puñado de temas que no se desvían de lo que se espera de él y que dejarán bien satisfechos a quienes esperan una continuación lógica de su carrera. Cada cual podría destacar alguno sobre los demás, a mi me han gustado “La triste cagalera” y “Colosal colofón”, levemente sobre los demás, ya que a excepción de las mencionadas “Horizontes” y “A donde va el finado”, el nivel del resto de composiciones es muy parejo.
El sonido conseguido es muy bueno, se nota que le han cogido el punto a “El Cortijo del Aire”, un idílico pedazo de la geografía almeriense donde han grabado sus últimos discos. Así mismo, la interpretación instrumental de cada miembro del grupo es intachable, dando una solidez que sólo pueden mostrar músicos expertos como ellos, y es que tanto Rafa Vegas como Mariano Montero rayan a un nivel muy alto, perfecto para la música y el sonido característico de Rosendo.
Después de 17 discos de carrera, Rosendo ya no va a sorprender a nadie. No se le piden ya grandes bombazos, sino discos que no desentonen con su consolidado prestigio. Y desde luego, esta vez lo han conseguido.
Santi Fernández «Shan Tee»
