El Sello Big Bang Music editaba el segundo álbum de los gaditanos Aracner y con él el quinteto se mete de lleno en la composición de temas más elaborados y progresivos como ya se podía dejar entrever en parte de su primer disco, “Aracner” (Desobediencia Records, 2004).
En mayo de 1999 nacían bajo el nombre de Avathar, siendo sus fundadores los guitarristas Roger Carrera y Manuel Ragel. Era principio del año 2000 cuando el sexteto grababa una demo de dos temas (“Azazel” y “Sólo una vida más”) en los estudios “La Nave” (Cádiz). Comienza a haber bajas en la formación, entrando en diciembre de 2000 el actual baterista Antonio Pérez “Nykly”, sustituyendo a Javier. Sin encontrar sustituto para el vocalista Fariñas graban varios temas en marzo de 2001 para una futura maqueta. Después de esa grabación Sergio reemplaza a Rubén a las teclas y Fernando Sánchez Botaro (ex–Sphinx) lo hace por David al bajo. Pasa poco tiempo y encuentran como vocalista a Luis Rodríguez, consiguiendo entrar a grabar la maqueta, que durante meses habían estado preparando, en noviembre de 2001, pero con problemas con Sergio, que no puede concluir su parte, echándoles una mano a las teclas el vocalista Manuel Rodríguez (Sphinx), propietario de los estudios “La Nave” donde se encontraban registrando la maqueta “Reino de la oscuridad”. Debido a la coincidencia de nombre con un grupo de Madrid (aunque éstos llamados Avatar, sin h), toman la decisión de optar por el actual nombre, Aracner. El último en entrar en la banda fue el teclista Javier Marín, en diciembre de 2002.
Ahora como quinteto, tras la marcha del guitarra Manuel Ragel (aunque apareciendo su nombre en la parte compositiva de algunas canciones), el grupo ha entrado con más fuerza en el mundo del Heavy Metal Progresivo. Siguen construyendo temas extensos pero más trabajados, con diversos cambios de ritmo y donde demuestran sus virtudes instrumentales. Empleando Luís distintos registros vocales, cantando normal, melódico, agudo (no convenciéndome del todo cuando lo hace en esas tesituras)… incluso gutural.
Si el primer disco se abría y concluía con sonido de lluvia, en este segundo trabajo lo primero que se escucha es un latido de corazón… y acaba con un corazón apagándose y el pitido final de la máquina. “Asesinando la verdad” y “Al final del umbral” son los dos primeros cortes, donde escuchamos un trabajado Heavy Metal Progresivo, estando el grupo a un buen nivel, aunque lo mejor está aún por llegar. “Sólo una vida más” comienza como una balada, para alternar después rabia metalera y calma. Me ha gustado bastante el Heavy Metal, con su colchón de teclas, y de aires Maiden, que despliegan en “Nunca se rompe el camino”. Casi del mismo corte que “Sólo una vida más” tenemos la siguiente, “Mírame”, incluyendo algo de cabalgada Power Metal. Pero donde rizan el rizo y donde escuchamos a la banda en todo su esplendor Progresivo es con la composición conceptual “Demencia” integrada por cinco canciones que alcanzan en total algo más de los veintiocho minutos de duración: “Demencia”, “No sé quien soy” (sonando a Dream Theater la parte instrumental) y la última, “Descanse en paz”, superan la mayoría de temas anteriores, estando entre medias “Dime por qué”, una corta balada, sólo con voz y teclas, donde se nos ponen los pelos de punta con el dramatismo de Luís; y la pieza instrumental “Recuerdos”, deleitándose a gusto los cuatro músicos.
Un disco que satisfará los oídos de la gente que le guste el Heavy Metal Progresivo o gente que se canse del sota, caballo y rey, o clones y clones de grupos, aunque creo que difícil va a ser para la banda hacerse un hueco en el panorama hispano por el hermetismo que hay, y más para bandas que no hacen coplas fáciles que se quedan a la primera. Esperemos que ante las adversidades se crezcan, y más tras el comunicado del cantante Luis Rodríguez, que a finales de junio de este 2007 se hacía oficial su marcha.
Starbreaker
