QUEENSRYCHE “Live Evolution” (2001)

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queensryche_liveevolutionOtro directo (y van ya este año…). En fin, que la resurrección discográfica de bandas clásicas de los ochenta que Sanctuary ha planeado a través de Metal-Is pasa por editar discos en vivo. El turno es ahora de Queensrÿche, un grupo apartado del mainstream después de tocar techo con “Empire” y dejar para el recuerdo un clásico del heavy metal, “Operation Mindcrime”, álbum conceptual por 1excelencia que abrió las puertas a mucho de lo que hoy llamamos metal progresivo. “Live evolution” fue concebido durante los pasados 27 y 28 de julio en el Moore Theater de su ciudad natal, Seattle. Consta de dos compactos y el contenido de estos dos shows se divide en cuatro bloques, ordenados cronológicamente según las distintas etapas vividas por la formación.

El primer CD recoge la primera época de la banda, orientada al heavy metal, sobre todo en sus comienzos a través de su EP de debut y “The warning” de 1984. Empiezan el concierto con “NM 156” y la que abría “Rage for order” allá por 1986, “Walk in the shadows”. Frenan un poco el ritmo con “Roads to madness” y “The lady wore black”, majestuosa esta última con Tate descubriendo su voz excepcional. “Take hold of the flame” contiene las mejores virtudes de los ´Rÿche durante sus primeros y mejores años: la potencia del heavy que rompía por entonces, unida a un estilo pulcro y lleno de clase que aún perdura en su música. “Queen of the Reich” continua sonando al trallazo de buen metal que todos recordamos. La calma regresa con “London”, otra tranquila pero realmente conmovedora. Los primeros retazos progresivos del grupo se destapan en “Screaming in digital” (cierta devoción profesan por Rush, ¿el punto de encuentro con los Theater? danos pistas, Alvar).

La segunda suite viene a reproducir casi entero “Operation Mindcrime”. Sin duda es en esta parte donde la banda tiene mayor soltura y se permite algunas salidas (pequeñas) de guión. El público cobra protagonismo y responde entusiasmado a cada pieza de esta obra maestra (no es para menos). Están las que tienen que estar: “Revolution calling”, “I don’t believe in love”, “Spreading the disease”, “Eyes of the stranger”… excepto la que daba nombre al disco y un “The needle lies” que no hubiera sobrado, podemos gozar de los desarrollos de “Suite sister Mary” o “The mission” y de las anteriores. Poco que decir, todo está excelentemente tocado así que sólo cabe perder los sentidos y volver al mundo real cuando finalice el primer compacto.

Llegados a este extremo, se constata una calidad de sonido bastante por debajo de lo esperado. El grupo se percibe distante, como si nos encontráramos en una zona alejada del escenario, y la voz de Geoff Tate es reducida por el resto de instrumentos en números como “NM 156” o “Walk in the shadows”, restándoles garra. Este factor negativo se ve compensando por el nivel de los músicos, que ejecutan con una fidelidad impresionante las canciones. La máquina de los ´Rÿche funciona a las mil maravillas, aún careciendo de un elemento imprescindible como Chris DeGarmo, guitarrista y autor junto a Tate de casi todos los temas del grupo hasta 1997. Kelly Gray, su sucesor, se ha integrado bien como pareja de Michael Wilton a las seis cuerdas, aunque nunca llene el hueco dejado por DeGarmo. Por su parte, Geoff Tate sobresale una vez más por su voz, una de las mejores que ha dado el heavy metal: poderosa, cristalina y de registros agudos limpios (poco que ver con lo que se ve ahora).

El segundo compacto realiza una incursión por la fase más reciente de la banda. La cima comercial que supuso “Empire” dejó otro puñado de clásicos para la posteridad y prueba de ello son los cuatro incluidos en estos conciertos: “Empire”, “Silent lucidity”, “Another rainy night” y “Jet city woman”. Todos los ingredientes de Queensrÿche permanecen inalterados en estas canciones, si bien se decantan cada vez más por el sonido hard que se lleva en tierras americanas y se alejan de sus inicios heavies más propios de la new wave británica. Se han quedado fuera “Best I can” y “Della Brown” (inolvidable la interpretación que hicieron de ésta en el unplugged de la MTV) pero debían recordar su disco de 1994, “Promised land” en esta tercera suite y no ceñirse al pasado glorioso. En este punto de su discografía el grupo deja de existir para los medios y para muchos de sus seguidores de antaño. Cuatro años les llevó tomar nuevos derroteros ante la invasión grunge y la conversión de su propia ciudad en cuna de un movimiento que los excluía. De ahí que nadie se hiciera eco de la actualidad del quinteto. Su estilo se asentó, haciéndose maduro y sosegado, al menos en mayor medida que anteriormente. “Promised land” profundizaba en el lado más progresivo de los ´Rÿche, con piezas muy trabajadas que se acompañaban de unos textos brillantes y comprometidos: problemas intergeneracionales, la marginación de los discapacitados psíquicos, en resumen, su visión de la sociedad actual que siempre les ha gustado mostrar aunque desde otro punto de vista menos político. “I am I” y “Damaged” son las escogidas para abrir este segundo CD de “Live evolution” y son quizá las más representativas de ese álbum, aunque también las más duras que tenía. Poco bagaje para tanta elaboración ya que por el camino se quedan “Out of mind”, “Bridge”, “One more time” o “Someone else?”.

La cuarta suite está monopolizada por “Q2K”; lógico si tenemos en cuenta que es el tour con el que han rodado durante el último año. Sin embargo, es una lástima que “Hear in the now frontier”, el trabajo que publicaran en 1997, quede reducido a un solo corte. “Hit the black”, junto a “Falling down” de “Q2K”, asimila influencias del rock noventa y en directo les ha quedado francamente bien. Pero es la excepción dentro de un álbum variado y melódico que nada retiene de los clichés metálicos del comienzo. La experiencia se nota y los “Get a life”, “Cuckoo’s nest”, “Some people fly” o “Sign of the times” quedan abocados al olvido. Volviendo a “Q2K”, interpretan cinco temas que se salvan de este álbum irregular en términos generales. Sus versiones en vivo superan las de estudio y tanto “Falling down” como “Liquid sky” y “The right side of my mind” brillan con luz propia.

“Live evolution”, como álbum en directo, se queda corto por su frialdad, ya que el quinteto no deja espacio a la naturalidad o la improvisación y el público apenas aparece en las más de dos horas de duración, y el sonido, inferior al de cualquier otra grabación en vivo oficial. Por otro lado, la presentación es muy pobre, limitándose a algunas fotos borrosas de baja calidad y unos créditos breves. En la balanza a su favor hay que decir que la banda interpreta los temas de forma impecable y que éstos han sido seleccionados con total acierto. Lo que conseguirá “Live evolution” es ofrecer un directo completo a los fans de la banda, que con el reeditado en formato independiente “Live crime” no tenían más que los temas de “Operation Mindcrime” como repertorio, y obligar a los que perdieron los pasos del quinteto en 1990 a indagar en los archivos y actualizarse un poco (que se lo pregunten a uno). Vale la pena pero no registra la grandeza de un directo histórico, más bien un conjunto de temas de altísimo calibre ejecutados con maestría y dispuestos en un orden excesivamente calculado. Un poco menos de ensayo y un sonido a las alturas del grupo hubieran bastado para que fuera su “live” definitivo porque Queensrÿche merecen algo más que esto.

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J. A. Puerta