Hace algunos años, concretamente en 2007, comentábamos en esta misma web el primer disco de Peatón Crusoe, “Rock náufrago”. En dicho comentario incluíamos la frase “Hay momentos en los que creo que son unos genios, y otros en los que parecen simples como un botijo.” en relación a la sorprendente forma de entender la música de este grupo. Pues bien, esa frase les hizo gracia a los chicos de Peatón Crusoe y la han recuperado para llamar así tanto a su segundo trabajo como a uno de los temas que en él se incluyen.
Está claro que no estamos ante un grupo habitual. “Más simple que un botijo” sigue siendo tan heterodoxo como aquel “Rock náufrago”. La base instrumental y, sobre todo, la línea vocal, se mueven en una dirección siempre inesperada, a veces brillante y habitualmente desconcertante, que exige paciencia y amplitud de miras para poder disfrutar de estos temas. Quizás por eso mis preferencias están con temas más acordes a una línea de armonía tradicional como “Sin prisas” o “Vendaval”, demostrando que también pueden componer buenos temas sin tantos giros insospechados. En el resto, la sorpresa y en muchos casos la extrañeza de unos giros desconcertantes toman el mando e incluso producen cierto grado de agotamiento mental, a fuerza de intentar seguir el diseño de estas canciones complicadas de por si.
La rareza del grupo se extiende también a la presentación del disco: En la portada figura únicamente un tradicional botijo sobre fondo negro, acompañado de caracteres extraños. Para leer el nombre del grupo y del disco tenemos que recurrir al lateral de la caja, ya que en la parte trasera sólo tenemos los nombres de los temas, acompañados de otra foto del ya conocido botijo. En el austero libreto anterior podemos leer las letras de los temas, pero no aparece por ningún sitio la formación que ha grabado este trabajo, teniendo que recurrir a su web oficial para ver las fotos de los componentes. Y ni siquiera ahí aparecen sus nombres, por lo que quien no esté familiarizado con la escena rockera madrileña no identificará en ellos a José M. Martínez (guitarra), Casta (guitarra), Micky (bajo), Luis Frutos (voz) y Mozart (batería).
José M. Martínez perteneció a Antigua y tanto Casta como Micky formaron parte de Punto de Mira en el pasado, y los tres evidencian las buenas maneras que les han acompañado siempre y que ya mostraron en el primer disco. Luis Frutos y Mozart no participaron en aquel “Rock náufrago” de 2007, pero se unieron a la banda hace ya bastante tiempo. De hecho, esta misma formación pudimos verla en directo ya en el año 2010, en un concierto que está reseñado en esta misma web. Es de destacar la labor de Luis, con una buena voz que tiene que lidiar con las poco habituales líneas vocales que le corresponden.
Al igual que en su primer disco, Peatón Crusoe ha incluido una adaptación de un aria clásica, haciendo de ello un signo de distinción. Si en aquella ocasión fue “Largo Al Factotum”, aria perteneciente a la ópera “El Barbero de Sevilla”, en este disco tenemos la conocida “Funiculí Funiculá”, famosa canción napolitana incluida por Richard Strauss en su sinfonía “Aus Italien”. Una curiosidad que ya es santo y seña del grupo, y que esperamos que vayan repitiendo en futuros trabajos.
La manida frase “un disco que no dejará a nadie indiferente” se muestra especialmente adecuado para Peatón Crusoe. Ciertamente, sorpresa y desconcierto son los adjetivos que me vienen a la mente con más fuerza, pero lo cierto es que en un tiempo donde la falta de originalidad de los grupos es demasiado frecuente, la propuesta de Peatón Crusoe es un soplo de aire fresco. Quedémonos con eso.
Santi Fernández «Shan Tee»
