Octavo trabajo en estudio de los de Halifax. Tal y como se puedo entrever en al adelanto del álbum que realizaron en el LA 2 de Londres en diciembre, la tónica general está marcada por un regreso al sonido de “One second”. “Believe In nothing” contiene igualmente partes techno, o más bien influenciadas por este estilo, tomadas del anterior y polémico “Host” y nos devuelve las guitarras que tanto añorábamos los fans del quinteto, haciéndonos disfrutar de los punteos de Mackintosh y la base siempre sólida de Aedy. Incluso la estructura del disco es similar a la de “One Second”, comenzando con los platos fuertes para luego acabar con piezas tranquilas y sosegadas muy al uso del aquel sexto trabajo.
“I Am Nothing” es el primer tema y no encuentro mejor manera de definirlo que recalcar su vocación de himno y de imprescindible a partir de ahora en los conciertos del grupo. Tiene la melodía tan característica de PL y el estribillo es sencillamente apoteósico. “Mouth” posee un punteo que se repite hasta la saciedad y que deja claro que Mackintosh ha vuelto por sus fueros. “Fader” comienza de una forma un tanto extraña, una especie de medio tiempo rockero, que luego va evolucionando hacia unas maneras más poppies muy interesantes y originales. “Look At Me Now” tiene un riff pegadizo que desemboca en un estribillo sencillo y que recuerda a otras canciones como “Blood Of Another”. “Something Real” es también otro clásico potencial , parece sacada de “Host” pero incorporando una base guitarrera magnífica y donde la voz de Holmes se ve menos retocada y más fiel a como suena en directo.
La novedad viene de la mano de “Divided”, la cual incluye unos detalles orquestales que no desentonan con los que aparecen en el último “Selma Songs” de Björk. El ritmo de “Sell It To The World”, un autoplagio de los temas de “Icon”, es un guiño a aquella obra maestra aunque, todo sea dicho, sin llegar a aquellas cotas de calidad. A partir de ahí y hasta “World Pretending”, que cierra este “Believe In Nothing”, la banda se relaja completamente y ofrece su faceta más tranquila, finalizando el disco con temas que, si bien bajan el listón general respecto al resto del trabajo, no desentonan y son buenos.
Como afirmaba Nick Holmes, quizá la evolución realizada en “Host” fue demasiado radical y habían perdido algo el norte como banda de rock. “Believe In Nothing” es en cierta manera la vuelta de PL a la arena metálica y a los mejores momentos del grupo pues éste es uno de esos álbumes que con cada nueva escucha te convence y agrada más. Y es que lo que viene a confirmar esta octava entrega es que PL siguen siendo reyes en su estilo.
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J. Alfonso Puerta
