Como sucede con otros tantos artistas que llevan a sus espaldas tres décadas de actividad, el solo hecho de poder gozar de una colección de temas de nueva factura ya es un motivo de satisfacción. Y Ozzy Osbourne no es ni mucho menos la excepción. Desde “The ultimate sin” el “madman” ha venido anunciando su retirada de la música, sin que ésta se haya llegado a producir jamás (afortunadamente). Por supuesto, poco importa que la última entrega, “Ozzmosis”, date de 1995 y que en los seis años que han transcurrido desde entonces se haya centrado casi en exclusiva en la reunión con sus antiguos compañeros de Black Sabbath y en la organización de los Ozzfest para de nuevo estar en boca de medio mundo.
Aquí tenemos a Ozzy con la base rítmica que lo acompañó en los shows del tour de “Ozzmosis” (en los que los europeos pudimos disfrutar únicamente de la actuación que realizó en la última edición del festival de Donnington, compartiendo la cabeza del cartel con Kiss): “Puffy” Bordin, el excéntrico e inquieto batería de los extintos Faith No More, y Robert Trujillo, bajista de las huestes de Mike Muir en Suicidal Tendencies. Esta pareja se completa con Zakk Wylde a la guitarra, que ha vuelto a la formación reemplazando a quien ocupara su lugar en el anterior trabajo: el eficiente pero escénicamente insulso Joe Holmes. A la vez el más novel de los guitar heroes que han acompañado a Ozzy en su carrera en solitario continuará trabajando con su banda actual, Black Label Society, y prepara un nuevo lanzamiento para comienzos del año que viene. Así, con estos cuatro músicos de muy distinta naturaleza y a las órdenes de Tim Palmer en la producción, que en los últimos tiempos se ha encargado de mezclar álbumes tan dispares como “V” de Live o “All that you can’t leave behind” de U2, se ha desarrollado la grabación de “Down to Earth”.
El single de adelanto del álbum, “Gets me through”, se abre con una introducción a base de piano que rompe en un riff de guitarra muy “noventa”: pesado, denso e hipnotizante hasta la saciedad. Ozzy se desprende de su máscara de tipo cruel y loco con una letra realmente honesta (“I’m not the kind of person you think I am / I’m not the Antichrist nor the iron man”). Por su parte, el solo de Zakk Wylde, al que precede un fragmento épico a lo “Mr. Crowley”, le devuelve el sentido de la armonía a esta pieza tan actual, dándole el toque heavy que todos impacientamos oír por algún lado. “Facing hell” se nos muestra fresca con un comienzo un tanto “Dam that river” (de vuelta con los dichosos Chains, estarás pensando; pues una escucha de las voces superpuestas de “Gets me through” en las estrofas finales y ese sonido sobrecargado de guitarra y bajo que predomina a lo largo del álbum dan más pistas). Ésta transcurre por cauces más rockeros y refresca un tanto la dura apertura de “Down to Earth”. Una constante del disco es que la producción ha puesto mucho énfasis en actualizar el sonido de la banda, dando un paso más allá de lo hecho en “Ozzmosis”, y ello se aprecia en detalles como alguna que otra guitarra sampleada al estilo de los nuevos Priest o lo grave que suena cada instrumento (más lógico en Sabbath que en Ozzy -¿se podría decir que su principal influencia ha sido su banda original?-).
“Dreamer” es un medio tiempo “maduro” dominado por guitarra acústica al uso y con acompañamiento de piano de los que gusta al instante, aunque tenga cierto gusto a versión light de “Goodbye to romance”. “No easy way out” es heavy clásico del repertorio de Ozzy que fácilmente hubiese encajado en un disco como “No more tears” (hasta su bridge tan dramático tiene un parecido con el de la misma canción). Es ésta una de las piezas que más resaltan por combinar con sabiduría cierto tinte melancólico y pausado con pasajes más fuertes y heavies. La misma línea sigue “That I never had”, que posee un ritmo algo animado y alegre, en contraposición con la solemnidad que reproduce la obra. La labor rítmica de Bordin-Trujillo destaca especialmente aquí. Sin embargo, la canción pasa más bien desapercibida y describe la tónica general de este trabajo: piezas que se dejan escuchar y que no desagradan, pero que no se salen de un guión previsible donde apenas aparece el genio de Ozzy y de la magnífica banda que lo respalda más que en destellos espontáneos.
Idéntico caso ocurre con “Junkie”, cuyo riff zigzagueante dice poco y su estribillo ramplón deja todo en una mera intentona, y “Alive”, que pasa sin pena ni gloria por su sencillez y que hace las veces de “Thunder underground” o “My Jekyll doesn’t hide” en este disco (es decir, amenizar sin aportar valor añadido al conjunto).
“Running out of time” es otro medio tiempo con teclados en segundo plano, algo más vivo que “Dreamer”, en el que Ozzy sí logra tocarnos la fibra sensible (y es que le gusta hacer canciones lentas, sólo cabe recordar “Old L.A. tonight” o “See you on the other side” del anterior álbum).
Los cortes finales corren distinta suerte. Por una parte, en “Black illusion” intenta adoptar un estilo más actual que rejuvenezca su metal, pero el resultado resulta soso y de relleno. Por otra, “Can You Hear Them?” pertenece a la escuela del Ozzy clásico (salvando el intervalo temporal y el avance técnico en las grabaciones), apoyado sobre un buen trabajo de guitarras, con deje hardrockero, y creando un estribillo apocalíptico. “You Know”, muy tranquila, tiene un aire folkie de los Zep’ pero con el timbre característico de Ozzy que la hace suya a toda costa. Y es una pena, porque habiendo sido utilizada como outro, nos deja con la miel en los labios. Alargada y desarrollada convenientemente hubiera dado sus frutos ya que apunta por encima del nivel medio del compacto.
Posiblemente estemos ante uno de los trabajos más mediocres de la carrera de Ozzy Osbourne dado que no llena y carece de unos “Perry Mason” o “I just want you” que suban el listón o den mayor presencia al álbum. Catalogar como malo a “Down to Earth” no haría justicia a su contenido, que no desmerece la atención del oyente durante sus cincuenta minutos de duración. El problema reside en que, cuando es comparado con su predecesor (y olvidemos los discos históricos), cae por su propio peso. Además de no incluir ningún single potencial de verdadera envergadura, ni tan siquiera en su media alcanza la calidad de los temas que en aquel eran de segunda fila (por ejemplo, “Tomorrow”, “Ghost behind my eyes” o “Denial”). Por otro lado, y para compensar un poco lo negativo, la característica voz de Ozzy Osbourne se conserva en muy buen estado y es la columna vertebral de los once cortes de “Down to Earth”, dándoles forma y haciendo que no se tornen monótonos y cansinos.
Mejor escúchalo y saca tus propias conclusiones. Por mi parte, me conformo con que este álbum sirva de excusa para que Ozzy salga otra vez a la carretera (crucemos los dedos en Europa) y pueda disfrutar de un puñado de nuevas canciones que, aunque en su mayoría no sean imprescindibles dentro de su discografía, saben mejor que a nada. Tampoco se le puede exigir porque ha dado más de lo que jamás llegáramos a imaginar (si llega a tirar la toalla en los ochenta…)
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J. A. Puerta
