La expresión que reza “las apariencias engañan” no puede ser más cierta. Cuando le arranqué el disco a Bubba, tenía cierta desconfianza: un nombre horroroso para un grupo, un título más cómico que otra cosa y unos locos disfrazados de magos en la portada. Mirando el dibujo tan hippy de ésta detenidamente me quedé pensativo: esa barba, las greñas, ese “relleno”, la pose con las manos hacia arriba… Se parece al cantante-bajista de Spiritual Beggars. Miré los créditos…era él. The Mushroom River Band es la banda en la que ha militado Spice desde 1996, cuando se formó. A la vez que promocionaba “Ad astra” por toda Europa en el año 2000 (Spiritual Beggars abrieron para Iron Maiden y Entombed en las fechas españolas), su banda principal, ésta que nos ocupa, publicaba su primer larga duración: “Music for the world beyond”. Ahora ve la luz su segundo trabajo, una declaración de intenciones que define el carácter de estos suecos.
Los treinta y cinco minutos de “Simsalabim” nos dejan diez canciones de por medio que no bajan la guardia ni un instante. Un redoble y el tema que da título al álbum entra a destajo descargando la primera ráfaga de rock’n’roll enfurecido. Slice compagina estrofas descarnadas death y “normales”, mientras Saso (bajista), Chris Rockström (batería) y Andres Linusson (guitarrista) fabrican unos ritmos endiablados de distorsión heavy y ejecución rockera que no exigen florituras de ningún tipo.
“Bugs” imprime un toque setentero al disco. Igual pasa con “Make it happen”, fuertemente influenciada por los Hellacopters fanáticos de los primeros Kiss. “Change it” y “My vote is blank” también tienen algo que ver con sus compatriotas en la forma de entender las pegadizas estrofas que Slice canta en todos los registros que puede. Cabe destacar lo cuidada que está la melodía en la segunda, de fragmentos bien diferenciados (uno de ritmo impetuoso y otro reposado), y el solo sencillo pero espléndido que se marca Linusson.
La mala leche que desprende “Tree of no hope” tiene mucho de punk, aunque en ella predomine el rock que practica la banda. “Time-laps” presenta guitarras pesadas (el riff podría haber sido de Queens of the Stone Age) y esquemas repetitivos muy stoner, aunque sus tres minutos de duración se hacen algo cansinos. Más pegadiza resulta “Proud of being cool”, el tema más largo del álbum y donde en cuatros minutos y medio el cuarteto sueco evidencia que busca mil variantes dentro de su estilo para no anquilosarse. Para acabar el trabajo, “The big sick machine” y “Run, run, run” nos meten la última ración de heavy-rock en el cuerpo. Si dejas pasar el último corte, oirás unos ronquidos abominables (vaya bonus escondido).
Posiblemente The Mushroom River Band no se conviertan en la nueva sensación del rock escandinavo, pero la buena música que encierra “Simsalabim” es una bomba de oxígeno para los oídos. No puedo más que alegrarme por haber descubierto la nueva andadura de Slice (de pura casualidad, si no, ni me habría enterado de su existencia). Aquí hay personalidad y calidad. Dicho queda.
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J. A. Puerta
