El esperado directo de despedida de los madrileños es ya una realidad. Finalmente, de las dos noches de descarga en la sala Caracol del pasado mes de enero, la segunda se ha llevado el gato al agua. El formato escogido para dejar registrada la histórica cita ha sido el de un compacto sencillo. Decisión ésta acertada si se tiene en cuenta que los únicos descartes del concierto son la versión de “Children of the sea” de Black Sabbath y “En el corredor de la muerte”, restando una duración asimilable para un solo plástico que favorece el precio de adquisición y nuestros bolsillos.
Dieciséis temas conforman el segundo trabajo en vivo de Muro, incluyendo la intro “XXI”. No entraré a repasar los detalles de la actuación ya que éstos los encontrareis en las crónicas de ambos shows, publicadas en multitud de lugares (éste incluido). Por lo tanto, echaremos un vistazo a otras cuestiones más puntillosas.
En primer lugar, el continente viene presentado en digi-pack, del cual destaca una infinidad de fotos: del cuarteto tocando, de los invitados que acompañaron a Muro y del público que abarrotó la sala aquel fin de semana. Los créditos se han reducido al mínimo espacio y no hay mucho más: austero, aunque con lo imprescindible.
En segundo lugar, en el apartado técnico, por llamarlo de alguna forma, caben señalar más cosas. El sonido de la grabación es muy limpio y está pulido en todos los aspectos. Desde la primera nota de “Corazón de metal” hasta la última de “Mirada asesina” se puede apreciar con toda nitidez las evoluciones de Silver, Julito, Manolo Arias e Iván. De éstos, quizá sea Silver quien se lleve la palma: sale en tromba desde el principio y, además de poner con su registro el extra de poderío que tienen las canciones en vivo, se alza como líder del grupo levantando a la gente y lanzando proclamas metaleras. Es tal el despojo de maquillaje en estudio que determinados fragmentos reproducen los vacíos lógicos causados por la presencia de una sola guitarra y que en el disco oímos convenientemente retocados.
Por otra parte, tanta transparencia en mesa tiene un handicap: los coros “bramidos” tan característicos de Muro están a un volumen bajísimo (véanse “Juicio final”, “España va bien”, “Maldición de Kcor” o “Aquí huele a muerto”), al igual que el público (“Sólo en la oscuridad” y “Mirada asesina” son las pruebas más patentes). Las gargantas de las personas que arroparon el evento, cantando cada estribillo y entregadas a más no poder, apenas se asoman. Exceptuando el comienzo, donde sí se escucha perfectamente el cántico que ha propiciado el título del trabajo, esa interacción banda-público que de hecho se dio no puede intuirse en este documento sonoro y no hace justicia a lo que sucedió.
El adiós de “Este muro no se cae” formará parte de las memorias de aquellos que estuvimos allí, de los que hubieran querido estar pero no pudieron y, en general, de cualquier devoto de la banda. Para el resto de mortales, “Acero y sangre” seguirá siendo el disco en directo.
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J. A. Puerta
