Los noruegos Dimmu Borgir, tras haber sacado un álbum y algún EP, se terminaron de dar a conocer con este disco publicado en 1997, contando aún con su formación inicial. Apostaron por un estilo propio y acertaron. No demasiado bestia ni demasiado cargante, pero atmosférico y profundo, lleno de profesionalidad y virtuosismo, como toda banda de black metal que se precie.
Comienza el primer tema, “Mourning Palace” con el teclado. Éste adopta un sonido característico y peculiar a lo largo de todo el disco. Adquiere ya, desde el principio, su toque oscuro, siniestro, pero hermoso al mismo tiempo. Bonitos juegos de ride y teclado, guitarra potente y voz desgarradora. Melodías de guitarra y teclado muy pegadizas.
El segundo tema, “spellbound (by the evil)”, es apoteósico. Realmente da sensación de terror, de agobio. Bastantes cambios de ritmo, con partes ambientales más lentas y otras con un doble bombo apabullante. El teclado adopta aquí un aire de lo más sofisticado.
“In deaths embrace” comienza muy potente, pero con una melodía de fondo que te estará sonando en la cabeza todo el día. Un ritmo de batería muy original y, por supuesto, sus constantes cambios de ritmo que te transportan del relax más melancólico a la hiperactividad agresiva, sin olvidar ni por un momento el toque ocultista y siniestro.
Bestialidad absoluta nos invade con “Relinquishment of spirit and flesh”, el siguiente corte. Batería aceleradísima, voz desgarrada, unas veces tirando a grave y otras veces tirando a aguda; guitarra muy potente y el teclado apenas hace melodías, prácticamente todo ambiental. Toda una descarga de rabia y adrenalina donde, disculpen mi atrevimiento, pero la batería no tiene nada que envidiarle a Nicholas (Cradle of filth).
Un poco en la línea de éste van a ser los siguientes temas: “The night masquerade” o “Tormentor of Christian souls”. Parece que le han cogido el gusto a la caña y no la sueltan… aunque hay cambios de ritmo y alguna voz femenina que le da un toque de distinción. Puede que me equivoque, pero hay partes que me suenan muy heavies, heavy muy cañero, pero heavys al fin y al cabo.
La entrada apoteósica del siguiente tema puede que le dé nombre, “Entrance”, canción variadísima donde las haya, parón de voz y teclado, acelerón de batería con teclado melancólico… Buenísima!
Los dos siguientes temas son del estilo y la caña de las anteriores. Son “Master of disharmony” y “Prudences fall”. Y para cerrar el disco, una “balada” preciosa: “Succubus in Rapture”. La historia de este animal que absorbe energía del sexo te encandila; ya no sólo el relato, sino la canción en sí. Con cambios de ritmo pero sin demasiados acelerones, partes ambientales de voz y teclado o teclado sólo con batería (sublime) se mezclan con heavies y emotivas melodías de guitarra.
Desde luego fue un buen empuje para la banda y, vistos sus comienzos, no me extraña que ahora estén donde están.
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Clara González Lobo (Kiky)
