METALLICA “St. Anger” (2003)

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metallica_stangerEl complemento en forma de DVD que viene con “St. Anger” refleja con pelos y señales lo que hay en éste: cuatro tipos encerrados en un local de ensayo sacando de lo más profundo de sus vísceras la rabia que llevan dentro. La cabeza a un lado y el corazón encima de la mesa, los artificios están de más en un trabajo que emana de la actitud adolescente de ‘no hay nada que perder’. En ese sentido, el único disco con el que puede compararse es “Kill’em all”. Sucesión continua de jams a base de riffs superpuestos sin responder a orden alguno, ausencia de solos por parte de Hammet, el doble bombo de Ulrich puesto a prueba y Hetfield olvidándose de cantar para vociferar como nunca.

Mejor evitar sobresaltos: ramalazos de los Slayer más cercanos al hardcore en “Frantic”; una camaleónica “St. Anger” que condensa la vena clásica de Metallica, un ritmo (de nuevo) hardcore marcado a golpe de baqueta y algún fragmento rapeado que se dobla James a sí mismo; el punk de las bandas a las que rendían tributo en “Garage days” lo asimilan con “Dirty window”; “Invisible kid”, “Sweet amber” o “The unnamed feeling” seducen con la armonía que rompe la tónica reinante de sota-caballo-rey; y el desconcierto, la modernidad y la transformación dominan “Purify” y “All within my hands”, que por momentos parecen cinco canciones en una.

Una vez consumadas las cenizas de “…And justice for all”, los cuatro jinetes descendieron del olimpo de los dioses para mezclarse con el resto de los mortales. A día de hoy, esos cuatro primeros discos son inalcanzables y, personalmente, sólo puedo equipararlos a la saga Zeppelin. Incluso “Metallica” podría codearse con “Houses of the holy”, pero “Load” y “Reload” estaban a tantos años-luz de “Physical graffitti” que los deseos de Ulrich de seguir los pasos de su ídolo John Bonham se desvanecieron de un plumazo. “St. Anger” tiene todas las papeletas para llevar colgado el calificativo de disco maldito, si bien, acortando los casi setenta y cinco minutos que duran, estos temas que se prestan a una corta descarga sin contemplaciones hubieran mejorado mucho. De cualquier manera, por los riesgos innecesarios que han tomado, Metallica han reconquistado el respeto de un viejo incondicional.

J.A. Puerta

 

Hablar de Metallica y de su “St. Anger” es hablar de aires nuevos y renovados. Sólo con los primeros compases de “Frantic” se nota que los señores Ulrich & Hetfield han querido cortar por lo sano y dar un vuelco 100% al sonido de la banda. Con este cambio de sonido se alejan de todo lo bueno y lo malo que supuso “Load” y “Reload”, discos que para el que subscribe pasaron más que desapercibidos y que habitan en el más fondo de los “apilajes”.

Han logrado un sonido primitivo, sucio y salvaje. Temas como “St. Anger”, “Some Kind Of Monster”, “Sweet Amber” o “My world” no pasarán a la historia por ser de sus canciones más hímnicas o de las más celebradas en sus conciertos, pero tienen un sonido añejo que tira para atrás. Desde los Slayer más Punk a los Motörhead más “guarros”, pasando por los Discharge más sucios, no me cabe la menor duda de que volverán a convencer a antiguos fans de la banda, ávidos de sonidos más potentes y furiosos que los de sus dos discos predecesores.

Está claro que no volverán a hacer discos perfectos (sí, ¡perfectos!) como nuestros amados “Master of Puppets”, “Ride The Lightning” o “Black Album”, pero con este “St. Anger” han logrado que vuelva a tener una confianza en la banda que había perdido completamente y es que últimamente este CD habita en mi equipo más de lo normal…

Javier Sánchez (Javibackyard)

 

Cada vez entiendo menos a estos señores. Vale que un buen día decidieran dejar de componer himnos metálicos (“Load”) para ‘llegar más a la gente’, e incluso que se atrevieran a orquestar unas composiciones que por su naturaleza jamás podrían casar con el estilo de Beethoven, pero esto ya es demasiado. Que rozando la cuarentena se atrevan a inmiscuirse en estilos como el hardcore (por muy fans que sean), algo tan opaco como el peluquín de José Mª Iñigo, o que se rebajen a plagiar a chavales que se cuelgan sus guitarras gracias a ellos me parece un descalabro total.

Con ello no quiero decir que “St. Anger” sea un mal disco, aunque quizá sí que de no llevar ese nombre encima habría pasado al montón de fallidos intentos de grupos noveles en un plis plas. Tampoco quiero decir que mi desencanto no me vaya a permitir cabecear con el susodicho en el bar de turno, pero particularmente esperaba mucho más. Kirk, ¿y esas clases de Satriani? James, ¿a qué vienen esos gallos a estas alturas? De Ulrich y de la concienzudamente desastrosa producción mejor no hablo, porque esto se alargaría demasiado. Hace tiempo nos regalaban los oídos con lo siguiente: “So close no matter how far, couldn’t be much more from the heart, forever trusting who we are, and nothing else matters”. Vale, ¿y ahora qué?

Bubba

 

No hay por dónde cogerlo. Está claro que si este disco lo hubiese sacado cualquier otro grupo que no fuese Metallica esto sería una auténtica basura; pero son Metallica. He leído por ahí que con este disco Metallica vuelve a su lado más salvaje e intenta volver a sus raíces. Pregunto yo ¿dónde? Esto es una sucesión de riffs guarros sin sentido con muchas inserciones más modernas.

El caso es que tan sólo me han entrado las 3 primeras canciones y alguna suelta más; un disco con muchísimos altibajos (más bajos que altos). Quizá sea por la producción o quizá por mis gustos puristas, pero desde luego esto yo no me lo trago.

Agustín Galiana “Aguskill”