Este es el disco que tuvo la culpa de que mi interés por el rock progresivo pasara de cero a infinito. No podía creerme que tres tíos, sin guitarra, pudieran hacer una música tan emocionante y a la vez difícil de digerir, pero yo era un tierno infante con orejas cual esponjas, y además no tenía el apilaje de discos que tengo ahora, así es que se machacaba el mismo una y otra vez. Solo había dos posibilidades: o entraba o… entraba.
Keith Emerson, teclista de un grupo llamado The Nice, coincidió en un concierto con unos King Crimson en horas bajas, donde conoció a su bajista y cantante, Greg Lake. Pensaron que podían colaborar juntos en algún proyecto y, tras la salida de Lake de King Crimson, se pusieron a buscar batería. Tras muchas audiciones, finalmente se decantaron por un tal Carl Palmer, colaborador de varios grupos como The Crazy World of Arthur Brown o Atomic Rooster.
Su primer LP, “Emerson, Lake & Palmer” (1970) fue un inesperado éxito de ventas gracias al single “Lucky man”. Su segundo disco, “Tarkus” (1971), mucho más trabajado, es una obra de arte, una auténtica lección de rock jazzístico-progresivo. Lo siguiente fue un disco en directo titulado “Pictures at an exhibition” (1972) bastante más tranquilo y menos denso. Pero fue con “Trilogy” cuando alcanzaron la madurez y reconocimiento mundiales.
El tema acústico “From the begginning” consiguió meter al grupo en las listas de ventas, algo prácticamente imposible para este tipo de música. Había también canciones como “The sheriff”, con un Greg Lake que se está que se sale con las voces. Pero el corte más reconocible es la versión de Aaron Copeland titulada “Hoedown”, con frecuencia banda sonora de programas radiofónicos y televisivos de los setenta (Estudio Estadio y similares). Por cierto, un buenísimo tema instrumental con una exhibición de Keith Emerson de caerse de culo.
El disco estaba orientado hacia los consumidores de rock sin cuadricular, con música tan etérea como las dos partes de “The endless enigma” o la propia “Trilogy”, improvisación, psicodelia, sinfonismo… Incluso había cancha al hard rock en “Living sin”. Sin embargo consiguió sonar en todos los garitos de luz tenue de esos de entrar, flipar en colorines e irte a casa a dormirla.
Todavía sigue siendo un referente tanto para los amantes del Hammond y del rock imaginativo, como para los nuevos grupos progresivos. Imposible partirlo, es una obra entera y así debe sonar, con la única interrupción de darle la vuelta al plástico. Atemporal.
[youtube]http://youtu.be/iFCniNYZoFg[/youtube]
Alvar de Flack
