EUROPE “The final countdown” (1986)

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europe_finalcountdownA menudo hablar de este disco significa tener que luchar contra odios forjados a base de pesadez, y contra amores equivocados por obra y gracia del Super Pop y los 40. Joey Tempest protagonizó miles de portadas de carpetas (de esas que tapaban las incipientes glándulas sudoríparas transformadas en tejido mamario…) pero también fue el encargado de dar el banderazo de salida a otra forma de concebir el rock, basada en la imagen y la invasión de listas.

Ni siquiera ahora, dieciocho años después, hay consenso sobre lo que fue y sigue siendo el grupo, sobre la necesidad de este disco y las consecuencias que acarreó su publicación. El tiempo va haciendo justicia, pero todavía el famoso “tinonino” es lo primero que viene a la mente de cualquier neófito (y no tanto) al escuchar el nombre del grupo sueco.

Tras dos discos de heavy metal al estilo clásico como fueron “Europe” (1983) y “Wings of tomorrow” (1984), Epic decidió transformar a un grupo semidesconocido en auténticas rock-stars a base de una agresiva estrategia de marketing que incluyó una transformación estilística y una campaña de promoción descomunal en las emisoras comerciales más importantes de Europa y USA, obviando en parte a los medios especializados y con el soporte, por supuesto, de un single rompedor como fue “The final countdown”.

La canción de marras sonó en todas y cada una de las emisoras y televisiones mundiales, lo que sirvió para ir haciendo caja y recuperando la inversión con creces. Mientras, el LP pasaba desapercibido para los consumidores habituales del ‘usar y tirar’, pero de nuevo la compañía aprovechó el tirón y siguió forrando las paredes con billetes gracias al siguiente single, “Rock the night”, con bastante menos gancho comercial que el primero.

Epic, en vista del ligero descenso en ganancias que supuso el segundo single, tiró de artillería de nuevo y lanzó un tercer single, esta vez con el atractivo irresistible de las baladas puestas de moda un par de años antes por Scorpions. La llamaron “Carrie”, y volvió a destrozar las listas, las ventas y la caja registradora. El resultado final a fecha de hoy arroja un balance de 8 millones largos de discos vendidos en todo el mundo, Nº 1 en listas de 25 países y 70 semanas en los charts americanos.

Sin embargo todo esto es muy cruel con la verdadera valía del grupo. Mucha gente -la mayoría- no supo de la existencia de los suecos hasta ese momento, y creyó que habían terminado sus días tras pasar el efecto “tinonino”. El recuerdo que quedó en las mentes de los más superficiales fueron los rizos y el maquillaje de Joey Tempest y la empalagosa melodía de Mic Michaelli. Trágico balance después de todo para un grupo que bebió de las fuentes de la NWOBHM y que se esforzó en concebir discos tan buenos como “Out of this world” (1988), “Prisoners in paradise” (1990) y por supuesto “The final countdown”, porque aquél, señoras y señores, era un buen disco.

No todo él se limitó a los singles, el resto de temas no solamente no desmerecían sino que, en mi opinión, superaban musicalmente a las elegidas para la gloria. Por ejemplo, “Cherokee” también fue un buen soporte para la venta gracias al video-clip promocional que grabaron entre Almería y Navarra. “Ninja” es un tema antiguo que remozaron para que no desentonara de la homogeneidad restante, y al que dotaron de bastante más melodía que la primitiva. “Danger on the track” tiene una gran dosis de teclas (como toda la mezcla) y de coros que dulcifican el resultado final, pero que ‘mata’ un magistral solo de John Norum.

Sin embargo, lo mejor de todo el disco es el final. A los cuatro temas que cierran el LP yo solo les subiría un poco el nivel de la guitarra, porque por lo demás me parecen una mini-antología del rock melódico. En “Time has come” Tempest demuestra que además de atraer la curiosidad de las nenas también es un gran cantante, y además con la guitarra más sentida de todo el disco. “Heart of stone” va en la misma línea, doblando la voz en todo el estribillo. “On the loose” es la joya del disco, caña con melodía pegadiza. Y cerrando el disco “Love chaser”, que siempre me recordó a los Rainbow de la etapa Joe Lynn Turner.

Es inútil intentar convencer a mucha gente que debajo aquel grupo que se hizo famoso por una melodía repegajosa hay una gran banda de rock. Ellos también tuvieron su momento de crisis posterior con la marcha de John Norum a hacerse las Américas en solitario (y con buena cosecha, por cierto). Pero lo mejor de Europe estaba por venir con los dos últimos discos antes de la separación en 1993, mucha más guitarra y composiciones más maduras que, sin embargo, no llegaron a las cotas de popularidad de “The final countdown”.

Con “Start from the dark” ha regresado la formación que grabó el súper-ventas del 86, pero no se parecen a aquellos en absoluto. También para ellos fue un lastre que llevaron -y llevarán- arrastrando muchos años, pero que con el cambio radical de estilo supongo querrán borrar. Por no haber no hay ni rizos.

Como he dicho antes, para algunos “The final countdown” convirtió en ‘nenazas’ a un grupo netamente heavy, mientras que para otros destapó las esencias de un grupo que estaba sumido en el ostracismo. Es igual, lo mejor es ponerse el disco entero, olvidarse de todo lo que quiso resaltar Epic y disfrutar con su música, que merece mucho la pena.

Alvar de Flack