FOREIGNER “4” (1980)

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foreigner_4Situémonos: A finales de la década de los 70 el funk y la música bailable hacían de vela que alumbraba el camino de las ventas de discos, especialmente en EE.UU. y otros países donde el rock no estaba excesivamente arraigado, caso de España. Un ejemplo claro podría ser la transformación de los Coz más rockeros en los horteras que grabaron “Más sexy”, o Topo con su “Pret-a-porter”, dos bodrios que son casos claros de cómo aquí no se pudo aguantar el tirón de los sonidos más comerciales (Esos magnates de las compañías… ¡Visionarios, que sois unos visionarios!), y se cayó en las arenas movedizas de la pasta.

En otros lugares del globo, como Inglaterra, la ola punk daba sus últimos estertores, y se asentaba lo que ya entonces se denominaba NWOBHM con la publicación de discos como “Wheels of steel” de Saxon, “Hit and run” de Girlschool y los estrenos de Iron Maiden (“Iron Maiden”) o Def Leppard (“On through the night”). Los ya consolidados editaban obras maestras como “Ace of spades” (Motorhead), “British steel” (Judas Priest) o “Chinatown” (Thin Lizzy). Y fuera de las Islas, AC/DC publicaba su “Back in black” y REO Speedwagon (más cercanos a Foreigner) se hacían de oro con “Hi-Infidelity”, por poner solo unos ejemplos de la mucha y buena producción rockera de la época.

El caso es que hubo quien sí supo absorber las tendencias funk y adaptarlas a las características del grupo, sin perder por ello ni las raíces rockeras, ni, por consiguiente, el público de siempre. Este es el caso de FOREIGNER y el disco que nos ocupa. ¿Y por qué digo esto?, pues por varias razones:

En primer lugar, el invento de introducir elementos claramente populistas les dio tan buen resultado que el disco se convirtió en producto de consumo con cifras de ventas millonarias. Y lo que es mejor, fue asumido por sus fans más duros de forma absolutamente natural. O lo que es lo mismo, no fue una chapuza, sino que se mantuvieron en el alambre con arte, como si fuera lo más normal del mundo.

En segundo lugar, e hilando con lo anterior, sus seguidores más duros encontraron en este disco, aparte de los brochazos horteras, muchas y buenas guitarras y una producción de lujo. Evidentemente, el mago de todo esto no podía ser otro que Robert John “Mutt” Lange, quien acababa de rematar uno de los discos más impresionantes de la historia del rock, como fue el ya citado “Back in black”.

Y en tercer lugar y más importante, la colección de canciones que se incluyen en el disco es de quitarse el sombrero. Destripemos el disco pues:

1.- “Night life”: Mick Jones (guitarra) y Lou Gramm (voz) se salen. Buenos arreglos de teclas que no rebajan ni una miaja la caña del tema. Muy hard.

2.- “Juke box hero”: Lou Gramm dando unos agudos que en cualquier momento parezca que se vayan a romper. Los coros suenan a los Uriah Heep posteriores (del “Equator” por ejemplo), y los guitarrazos de Jones también ayudan a mover la cabeza, con un solo bastante agresivo.

3.- “Break it up”: Lo dicho anteriormente, canción de cabecera de los Heep de mediados de los 80. Melodía pegadiza, como en todo el disco, en este caso arropada por unas teclas que crearon escuela.

4.- “Waiting for a girl like you”: Clásico entre las baladas. Típico ritmo ochentero de películas americanas de segunda división, con Rick Willis (bajo) y Dennis Elliott (batería) mandando en la canción. La versatilidad de la voz de Lou Gramm queda también patente.

5.- “Luanne”: Rock and roll de estribillo pegadizo, de guitarra inofensiva y arreglos que no dañan los delicados oídos de los que se acercaban a curiosear. Fundamental para comprender la historia y evolución del AOR.

6.- “Urgent”: La canción. O sea, la que les hinchó los bolsillos. Un clásico. La más blandita del disco, que sonó en las discotecas hasta decir basta. Teclas constantes (de la mano del gran Thomas Dolby), sin guitarra, con un sonido de batería ideal para ser el rey de la pista, voz genial y solo de saxo a cargo de Junior Walker, inhabitual en grupos que decían practicar rock duro. Pese a sonar totalmente funky-hortera, personalmente me sigue poniendo los pelos como escarpias.

7.- “I’m gonna win”: Contraste total con la anterior. Esto es hard rock en estado puro purísimo. ¿La mejor del disco?, puede ser.

8.- “Woman in black”: Si antes he citado a los Uriah Heep posteriores, esta canción inspiró más de una de los Bad Company de le época Mick Ralphs (pegadle una escucha a, por ejemplo, el “Dangerous age” del 88). Buenísima.

9.- “Girl on the moon”: Otro clásico. Medio tiempo mil veces versionado, con Mick Ralphs haciendo un trabajo de guitarra muy simple, pero increíblemente efectivo, con una slide sobre un arpegio limpio que quita er sentío.

10.- “Don’t let go”: Quizá la que tiene los arreglos más funk, más típicos de la horterez reinante en la época, y que a quien lo escuche por primera vez puedan chocarle algo más, pero inmerso en el sonido global del disco. Hard rock jugando al despiste.

Como en otras producciones de la época, especialmente de discos de grupos del estilo, caso de Journey, Loverboy o Styx, el sonido es nítido, más centrado en limitar cada instrumento que en borrar las fronteras que separan los territorios de cada uno. Esto le restaba contundencia, pero agregaba dosis de claridad dejando al descubierto la calidad instrumental.

Reconozco que la primera vez que escuché “Urgent”, dada mi conflictiva edad, y que fue una época en la que el heavy metal procedente de U.K. nos asombraba a diario con el descubrimiento de un grupo nuevo, me causó más bien indiferencia. Es más, sabiendo que Foreigner eran capaces de hacer cosas más duras, incluso me extrañó al principio. Sin embargo, la tozudez (y buen gusto) del dueño del garito de costumbre nos hizo sucumbir ante la evidencia, clavando el disco entero una y otra vez nada más vernos entrar por la puerta.

Ahora, con el tiempo, es de los discos que me atrevo a recomendar sin miedo.

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Alvar de Flack