Situémonos en plena efervescencia de la NWOBHM. Inglaterra está pasando del post-punk al heavy metal con algunos grupos que escenifican esa transformación y que a la vez sirven de inspiración, como Motorhead o Judas Priest. No hay demasiadas heroínas que dejen poso o que inciten a montar grupos femeninos, más bien se ve al heavy metal como un estilo machista y excesivamente rudo. Sin embargo, Suzi Quatro, Pat Benatar o las Runaways de Joan Jett, Lita Ford y compañía (que ya llevaban lo suyo), se salvan de la quema e influyen decisivamente en las chicas de las islas.
Nacidas hijas del punk británico como Painted Lady, grupo primerizo de Enid Williams (bajo y voz) y Kim McAuliffe (guitarra), reclutaron a Denise Dufort (batería) y a Kelly Jonson (guitarra y voz) para pasar a llamarse Girlschool. Fueron bautizadas como las Motorhead femeninas y apadrinadas por el propio Lemmy. Consiguieron un contrato discográfico con Bronze, en aquellos días también compañía de los propios Motorhead, y grabaron un primer LP titulado “Demolition” en 1980. Al año siguiente grabaron un EP conjunto con Motorhead titulado “St. Valentine’s days massacre” y también ese mismo año su segundo disco entero, este “Hit and run” que nos ocupa.
Recuerdo que cuando salió fue todo un suceso. Todo el mundo metálico miraba a Gran Bretaña esperando a ver con qué nos sorprendían esta vez, y dada la dificultad para conseguir discos (y lo cara que era la importación), poca gente sabía de la existencia de estos cuatro callos. Una tarde que andábamos escuchando lo ‘nuevo’ de AC/DC (“For those about to rock”) en el bar de un amigo, el hermano de éste (y dueño físico del garito) se presentó con el “Hit and run” bajo el brazo, lo puso en el equipo y nos tragamos el “C’mon let’s go” sin pestañear. Increíble.
No eran un dechado de facultades físicas, ya digo, al menos a juzgar por las fotos del encarte del disco, y tampoco eran demasiado hábiles ni me importaba un carajo, sonaban a mis héroes del momento (los más guarros y ruidosos, o sea, Motorhead) y con eso bastaba, además, lo que buscábamos entonces era caña burra y no tecnicismos. “C’mon let’s go”, “Kick it down”, “Victim” y “Watch your step” era justo lo que necesitábamos para rompernos el cuello, pura energía a toda velocidad. “Back to start” era más pausada pero a la vez más heavy, “Hit and run” tenía un estribillo pegadizo ideal para cantar a grito pelao y la versión del “Tush” de ZZ Top sonaba en aquel bar a todas horas.
El impacto del disco fue importante, tanto que fueron cabezas de cartel en el festival de Reading celebrado en agosto de 1981, mitad por lo exótico del grupo (había grupos contemporáneos de chicas, pero de solo pop, como las Belle Stars o las Modettes), mitad por lo bien que cayó el disco. Al final me lo grabaron en una cinta (no tenía posibles) y se convirtió en uno de mis discos favoritos, aunque no ha podido resistir el paso del tiempo. Ahora cuando lo escucho suena rudimentario y desfasado, pero sigue manteniendo intacta la energía tantos años después.
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Alvar de Flack
