Dos tramos de gira, una locura de conciertos dados que abarca desde el 8 de junio de 2001 hasta el 25 de agosto de 2002 y decenas de países visitados. Judas Priest se han recorrido muchos kilómetros de carretera para apoyar “Demolition” y “Live in London” no es más que el testigo de este tour de force. Grabado en el londinense Brixton Academy el 19 de noviembre de 2001, condensa más de dos horas de música en vivo, a las que se añaden tres minutos y medio con selecciones diversas del DVD editado del mismo show como aliciente de compra.
La presentación es correcta: un texto de introducción sin más y algunas fotos de los integrantes de la formación completan el continente; lo mejor es la funda plateada que envuelve el doble compacto. En el apartado de sonido y ejecución, la grabación se me antoja sencillamente aplastante y de una calidad incontestable. Casi te puedes sentir transportado al mismo lugar del evento, con “Ripper” lanzando puñetazos al aire mientras pasea orgulloso su figura corpulenta.
Entremos sin más demora a despedazar este “Live”, cuarto en la carrera de los británicos con más años de experiencia en el universo metálico. Veinticinco temas conforman ambos discos, habiendo espacio tanto para clásicos como para alguna licencia a la nueva hornada de temas de la época Owens.
De los históricos, cabe destacar aquellos temas en los que “Ripper” se crece en la interpretación, añadiendo registros altos allí donde no los había y dando razones de peso para argumentar que en las circunstancias actuales su mentor no alcanzaría tal nivel en compañía de sus antiguos colegas. “Metal Gods”, “Victim of changes” o “The Ripper” dan fe de tal condición. Igualmente, la agresividad extra que aporta el frontman en las canciones más contundentes aprovechando la poderosa garganta que lo avala, se materializa en “Grinder” y las dos piezas de “Jugulator” escogidas para la ocasión.
“Ripper” mantiene el tipo con gran dignidad y se muestra respetuoso y fiel a las versiones originales (“The sentinel” y “Beyond the realms of death”, por ejemplo). No obstante, otras no pueden desligarse de la personalidad vocal chulesca y arrogante de Halford, sin la cual apenas son concebibles. “Heading out to the highway”, “A touch of evil”, “Running wild” o “Turbo lover” carecen de un algo subjetivo que no se plasma a través de una simple garganta poderosa.
Pese a no resistir comparación alguna con los viejos himnos de la banda, “Blood stained” y “Burn in hell” son tremendamente efectivas a la hora de calentar a la concurrencia con las piezas más explícitamente duras que jamás hayan firmado el dúo Tipton-Downing. “One on one” va directa a la yugular, transparente y por ello propicia para el directo. La que mejor ha quedado, en mi opinión, ha sido “Feed on me”, cuya adaptación en vivo me ha reconciliado con el tema. “Hell is home” también suma puntos en vivo, aunque no termine de convencerme del todo.
Algunos números son idénticos a los que el grupo gastó en “’98 Live meltdown”, como la dimensión acústica que adopta “Diamonds and rust”, la comunión público-banda en “Green manalishi” o la parte imprescindible del set: “Breaking the law”, “Painkiller”, “Living after midnight”, “Electric eye”, “Hell bent for leather” y “You’ve got another thing coming”. Las sorpresas que deparan al oyente se centran en pistas que hace tiempo habían desaparecido del repertorio habitual: “Turbo lover”, “Desert plains” y “United”. A nadie le amarga un dulce y menos de la talla de éstos.
La publicación de dos dobles álbumes en directo en giras consecutivas confirman el buen estado de salud del que goza Judas Priest o, al menos, de la confianza que la banda ha depositado en su joven cantante. A su favor hay que declarar que presenta un legado de clásicos junto a alguna de las nuevas incorporaciones que nunca falla en una voz excepcional como la de Owens y que se trata de un trabajo completo y bien equilibrado en cuanto a repertorio, mejor que su predecesor en tanto que recoge una sola actuación. En su contra, destacaría que, dado el antecedente cercano de “Live meltdown”, puede parecer en cierta manera conservador y poco arriesgado, siendo una jugada fácil con la que apagar la sed de los fans. Al tener en cuenta la distancia temporal y la diferencia de etapas de los míticos “Unleashed in the East” y “Priest…live!”, esta sensación se acrecienta enormemente.
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J. A. Puerta
